EL FINAL DE LAS CONTRASEÑAS POR SU FALTA DE FIABILIDAD
LOS ATAQUES CIBERNÉTICOS CONVIERTEN EN OBSOLETOS LOS SISTEMAS DE SEGURIDAD EN LA RED ABRIENDO
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Con saqueos masivos de datos como el de Sony, el mayor ciberataque padecido por una empresa, o el que sufrió Apple hace unos meses, cuando decenas de fotos privadas de actrices de Hollywood fueron robadas y difundidas por todos los rincones de la red mundial, hablar de Internet y seguridad se ha convertido casi en una contradicción en los términos. 

La mayoría de los expertos considera que el actual sistema de contraseñas que rige la red ha caducado por lo incómodo que resulta para los usuarios y, como queda cada vez más claro, por su falta de fiabilidad. El futuro se encuentra en los sistemas de doble autenticación y en la biometría. 

Mientras tanto los expertos aconsejan generar contraseñas más complejas para, en la medida de lo posible, entorpecer el trabajo de los ladrones de datos.

En reportaje el The New York Times, aconseja “no mandes un mail, no subas una foto a la nube, no mandes un mensaje de texto, al menos si tienes cualquier esperanza de que siga siendo privado”. El problema está en que cada vez colocamos más datos y más importantes en la Internet, ya sean bancarios, profesionales o personales, y cada vez están más expuestos. 

Un estudio de la empresa Fortinet, especializada en sistemas de seguridad, asegura que cada usuario maneja como mínimo 25 sitios con contraseñas, aunque sólo se utilizan 6,5 claves diferentes de media, lo que debilita todavía más la protección. 

Entonces ¿cuál es el futuro? Los expertos determinan que existen tres factores de autenticación, que se definen por algo que sabemos, algo que tenemos y algo que somos. Algo que sabemos sería la contraseña tradicional, algo que tenemos serían las tarjetas de coordenadas o las aplicaciones para generarlas que actualmente utilizan casi todos los bancos, que exigen una doble autenticación antes de realizar cualquier operación importante, y algo que somos sería la biometría, la autenticación a través de la voz, la huella dactilar o el iris.

La clave no está sólo en incorporar sistemas de seguridad muy sofisticados utilizando los sensores de los que disponen los teléfonos para captar la voz, la imagen o las huellas dactilares,  sino en la forma de almacenar la información. Un avance fundamental es que las compañías no almacenen las contraseñas, que sólo las tenga el cliente –es lo que se denomina contraseñas cerradas y abiertas–. De esta forma, aunque sufra un ataque, los daños serían mucho más reducidos que ahora.

El problema es que la biometría todavía plantea muchos desafíos: es más fácil utilizarla en un teléfono que una página web y debe ser incorporada de manera generalizada por la industria, desde los comercios hasta los bancos o las empresas que manejan información en la web.

De momento lo más seguro parece el uso de la autenticación de dos factores, donde además de una contraseña se utiliza alguna medida biométrica o algo que el cliente posee como una calculadora, el teléfono móvil. Esto hace que el compromiso de una contraseña cause menos daño y, aunque no es tampoco un sistema totalmente fiable, ofrece mucha mejor seguridad.?

 

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par Michel Leidermann
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