Cartas del lector.
Little Rock, 7 de junio, 2006 (vía correo electrónico)

Estimado señor Leidermann:
El castellano, ¿un idioma ilegal? Excelente artículo (publicado en EL LATINO el día 9 de Junio). Gracias por compartirlo.
Pero, yo plantearía a manera de diálogo y reflexión, ¿cuál es la actitud de las sociedades latinoamericanas? ¿Existe en algunos países de la América nuestra algunos que ostenten un idioma oficial? ¿Cuál sería la reacción de los mexicanos en México si algún gringo o inglés se atreviera a interpretar el Himno Nacional en otro idioma?
Me identifico plenamente con el artículo y comparto el criterio de que lo que motivó la enmienda del idioma en el Congreso fueron disfrazados sentimientos xenofóbicos. Pero, ¿y nosotros qué? ¿Estamos vacunados de esa enfermedad?
Creo que no. Puse a los mexicanos sólo como ejemplo, en parte porque soy mexicano, pero creo que el nacionalismo, que a veces degenera en racismo, es peculiaridad de todos. El nacionalismo en sí mismo no está mal. Es bueno sentir amor por el terruño donde uno nació. El problema surge cuando tal sentimiento degenera en desprecio a las demás naciones o razas. Aunque los hispanos nos quejamos del racismo y la discriminación que sufrimos del blanco, no estamos libres del mismo pecado.
Pongo algunos ejemplos:
La antipatía que existe entre chilenos y argentinos. Aunque los argentinos ganaron fama de arrogantes ahora los chilenos se sienten más gracias a su economía. (Escuché a un chileno hacer un comentario con ese contenido).
La enemistad entre hondureños y salvadoreños. Gracias al fútbol o por culpa de él.
El menosprecio de los peruanos hacia los bolivianos no obstante que muchos de ellos comparten más de un idioma.
¿Y qué decir de colombianos, venezolanos y cubanos?
Recuerdo los letreros en España que decían: “Castilla sin Mancha” en protesta por la anexión forzada por el gobierno de la provincia de la Mancha a la de Castilla.
Esto me lleva a repensar los límites del nacionalismo. Hay gente que quiere países más pequeños. Aquí caben los etarras y los nacionalistas texanos. No olvido la experiencia que tuve un día que entré a México y el oficial de migración mexicana me preguntó dónde vivía. Le dije que en Reynosa, que era “norteño”. El oficial me respondió. Entonces no eres norteño, yo sí soy norteño, soy de Hermosillo, Sonora. A lo que respondí bueno, tú tampoco eres norteño. Usando tu criterio sólo son norteños los de Juárez y Tijuana, que son los que están más al norte. Obviamente, aquella no era una charla muy amable. Aunque, como ya dije, comparto el punto de vista de Restrepo, me parece que faltó punzar en nuestro propio racismo. Gracias señor Leiderman por artículos de buena calidad en “El Latino”.
Con aprecio,
David Gómez.
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