UN “DREAMER” EN ARKANSAS: LA EXPERIENCIA DE HABER SIDO UN ESTUDIANTE INDOCUMENTADO 
Rafael García Arciga: Asistente Senior del Director de Admisiones de la Universidad de Arkansas Fayetteville
Por Michel Leidermann
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Rafael Arciga García se graduó de la Universidad de Arkansas en 2010, a pesar de haberse matriculado como un estudiante indocumentado. Rafael perseveró contra obstáculos casi insuperables por ser indocumentado: legalmente no podía conducir o comprar un coche o conseguir un trabajo. No era elegible para becas estatales o federales. Y porque no tenía residencia legal, la deportación era una amenaza constante y muy real.

Rafael - ahora es un residente legal y un líder de los esfuerzos de UAF para el reclutamiento de estudiantes latinos - es un testimonio viviente de que los frutos de una educación superior, aunque no fácilmente accesibles, son también alcanzables para los estudiantes indocumentados en Arkansas.

 

EL CRUCE

A los 14 años, el año 2000, Rafael dejó su hogar en Ario de Rosales en el estado de Michoacán. Su familia había preparado para Rafael poder ser contrabandeado a través de la frontera para reunirse con su madre que trabajaba para una empresa de pollos en Green Forest, Arkansas, a unos 2.500 kilómetros de distancia de México. Ella le había contado historias de sus propios 7 días cruzando la frontera, de comer comida enlatada en el desierto y beber de los charcos, para poder sobrevivir.

Rafael y otro niño dos años más joven que él, viajaron con un coyote y un chofer que era un ciudadano de los EE.UU. “Al ser el mayor, yo quería demostrar que estaba bien”, dijo García, recordando la experiencia. “Pero dentro de mí, yo pensaba que era una aventura”. Se detuvieron en un puente en la frontera con Texas, y el chofer disminuyó la velocidad y se detuvo. “Está bien, salgan. ¡Fuera!“, recordó Rafael que el coyote les ordenó. Los dos muchachos bajaron del coche mientras el coyote y el conductor cruzaban el puesto fronterizo sin problemas.

Siguiendo las instrucciones del coyote, los dos muchachos se arrastraron a través de una pasarela paralela a la carretera, pegados a la pared de hormigón para mantenerse fuera de vista. Cruzaron sin ser vistos, saltaron por un lado del puente y pasaron a través de un agujero en la valla fronteriza hacia los Estados Unidos. Pero no estaban a salvo todavía.

Empezaron a correr ante el temor de la patrulla fronteriza. Mientras corrían a través de un campo de caña de azúcar, las hojas cortantes, y pegajosas los golpeaban cortándoles los brazos. Cuando el más joven empezó a quedarse atrás, Rafael lo esperó “Vamos, no te quedes atrás”, le dijo. “No queremos que te suceda algo” Puso al más joven en frente de él, y juntos lucharon atravesando los campos de caña. Finalmente, agotados y cubiertos de cortes, llegaron a una carretera adonde el conductor les estaba esperando.

Se dirigieron a Hidalgo, Texas, y desde allí, Rafael siguió hasta Arkansas, donde se reunió con su madre y comenzó su vida como un inmigrante indocumentado.

 

 LA VIDA SIN PAPELES

Después de llegar a Arkansas, su madre lo inscribió en la Green Forest High School, a pesar de que casi no hablaba inglés. Con el apoyo de varios profesores, Rafael avanzó bien en la escuela. La universidad, sin embargo, le parecía inalcanzable.

Sin embargo, un reclutador de la Universidad de Arkansas en Fayetteville (UAF), visitó la escuela y se reunió con él y sus profesores, animándole a que aplicara a después de graduarse. En ese momento, los estudiantes indocumentados tenían derecho a asistir a la universidad sin un número de Seguro Social y podían pagar la matrícula estatal (como si fuera un residente legal de Arkansas). En la actualidad empero, los estudiantes indocumentados deben pagar la matrícula como no residente de Arkansas que es casi el doble de cara.

Rafael tomó el examen ACT, y su puntaje combinado con su alto promedio de da calificaciones de la secundaria,  lo calificó para ser admitido en la UAF. En 2004, fue el primer graduado latino salido de la escuela de Green Forest High School, en convertirse en un Razorback.

Pero estudiar en UAF no cambió sus dificultades por ser indocumentado. Todavía no tenía un número de Seguro Social, ni licencia de conducir y todos los días tenía que caminar 20 minutos - con sol o lluvia - desde la habitación que su madre le alquilaba, sólo para llegar al autobús que lo llevaba hasta UAF. Y todavía podría ser deportado en cualquier momento.

La ley del DREAM Act no había sido aprobada por el Congreso en Washington DC. La ley altamente politizada, trataba de ofrecer una vía rápida para la residencia legal a los jóvenes inmigrantes indocumentados si asistían a la universidad o servían en el ejército.

Para Rafael la derrota del DREAM Act significaba que incluso si se graduaba de la universidad, podría tomar una década o más para poder convertirse en un residente legal. 

Un día caluroso durante la primavera de 2005, Rafael llegó a su cuarto sudoroso y agotado mentalmente, y se encerró en su habitación. Por dos días no salió para nada. Estaba tirado en la cama, eso era todo. “Mi depresión me puso tan mal, que yo quería darme por vencido,” apuntó.

Su habitación era sencilla, una cama, mesita de noche, escritorio y un televisor. Pero en la pared junto a su cama tenía una bandera roja de los Razorback. Estaba orgulloso de ser uno de los “hogs”, pero ahora tenía dudas. “¿Por qué estoy haciendo esto?” pensaba. “No necesito pasar por todo este trabajo yendo a la universidad, para completar algo que aún es un futuro es incierto”.

En otra pared en su habitación, Rafael tenía una pancarta con la cara de John Lennon y la famosa canción Imagine del cantante: “puedes decir que soy un soñador pero no soy el único. Espero que algún día te unas a nosotros y el mundo vivirá unido”. El sueño de García se estaba convirtiendo en una pesadilla, una experiencia que es común entre los estudiantes indocumentados.

 

COMPARTIENDIO UNA PASIÓN RENOVADA

El hambre, finalmente llevó a Rafael a salir de su cuarto - el hambre y la comprensión de que no podía darse por vencido. Una educación universitaria era también el sueño de su madre. Como madre soltera, ella ahorró durante años para pagar su matrícula.

“Yo sabía que quería ser algo, ser alguien”, señaló Rafael. “Pero lo más importante, no fue decepcionar a ninguna de esas personas que creyeron en mí y confiaron en mí y me dieron su apoyo”.

Pero después de su tercer semestre en UAF, el dinero para la matrícula y los fondos de su beca privada se agotaron y se vio obligado a tomar un respiro de la universidad. Afortunadamente durante ese semestre libre, su solicitud para una “Green Card” (residencia permanente) fue aprobada, y entonces pudo conseguir un trabajo y ahorrar el dinero suficiente para volver a UAF en el otoño de 2006.

Se reincorporó a la familia de los Razorbacks con una pasión renovada. Ahora no tenia que explicarle a la gente por qué no podía trabajar. “Fue un alivio. A partir de entonces, supe que podía triunfar”.

Rafael se convirtió en un visible defensor del DREAM Act y un activista a favor de los estudiantes indocumentados. Se convirtió en el presidente del concilio LULAC (Liga de Ciudadanos Latinoamericanos Unidos) del campus UAD y miembro fundador de la Fraternidad Latina Phi Iota Alpha y de la Sociedad de ex alumnos latinos. Ha participado en manifestaciones públicas en el noroeste de Arkansas y Little Rock, y hablado con legisladores estatales y en Washington, DC sobre el DREAM Act.

En 2010, se graduó con una licenciatura en Relaciones Internacionales. Finalmente, los años de lucha habían valido la pena. Y su madre: “Ella estaba súper feliz, muy feliz”, dijo Rafael. “Ella lloró. Todo fue por ella. Ella fue la que hizo el primer sacrificio”

Sólo una década antes de graduarse de UAF, Rafael vivia en México y podia decir la hora en inglés, pero eso era el máximo de sus conocimientos de inglés. En la actualidad se desempeña como Asistente Senior y Consejero de Admisiones para la División de Diversidad en UAF y es una parte integral de los esfuerzos para reclutar y retener a estudiantes latinos, incluyendo a los estudiantes indocumentados de las escuelas del área.

“No muchos de ustedes pueden estar en la posición que yo estaba”, dice Rafael a los estudiantes que lo escuchan. “Pero queremos hacerles saber (en UAF) que es posible triunfar. Nosotros creemos en ustedes”.

 

“UNA NACIÓN DE INMIGRANTES”

Arkansas tiene alrededor de 225.000 personas de origen latino, y sólo en los condados Washington y Benton en el noroeste de Arkansas, unas 70.000 personas - más del 15% de la población en los dos condados - son latinos. No se sabe exactamente cuántos inmigrantes indocumentados hay o cómo estas cifras podrían cambiar si todos los inmigrantes indocumentados se incluyeran en el Censo poblacional.

La fuerte población latina del noroeste de Arkansas se refleja igualemnete en la UAF, donde 1.666 estudiantes eran latinos y 33 docentes eran de origen latino en 2014. Estos números no incluyen a los estudiantes de posgrado, a estudiantes que declararon ser de dos o más  razas  y también a algunos profesores latinoamericanos con visa no clasificados en los registros de UAF como hispanos. A ellos se suman alrededor de 100 empleados de origen latino (http://oir.uark.edu/students/enrollment_race.html).

En 2008 una opinión de la oficina del entonces procurador general de Arkansas y futuro gobernador Mike Beebe, prohibió a todas las universidades estatales de Arkansas permitir la matrícula estatal a estudiantes indocumentados, incluso si se graduaron de escuelas secundarias dentro de Arkansas, una medida que duplicó con creces los costos de matrícula de los estudiantes indocumentados.

“Somos una nación de inmigrantes”, dijo el Rector de UAF, G. David Gearhart, en una entrevista reciente. “Como educador, siento que tengo que defender a los estudiantes - que todo lo que realmente quieren hacer es obtener una educación. Y yo no voy a negar a nadie la capacidad de hacerlo, independientemente de quienes sean”.

Ahora UAF está haciendo más esfuerzos para reclutar y retener a los estudiantes latinos, dijo Luis Fernando Restrepo, Vicerrector Adjunto de Diversidad y Comunidad, profesor de Literaturas y Culturas Latinoamericanas y director de La Oficina Latina.

Rafael está ayudando a Restrepo a continuar la misión de “promover la excelencia académica latina, proporcionar igualdad de oportunidades de educación superior, y crear una comunidad universitaria inclusiva y diversa”.

Ha escrito editoriales en diarios y cartas a los políticos y ha testificado ante legisladores estatales sobre la materia. 

¡SI SE PUEDE!

 

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