HISTORIA Y FRONTERA
Por Michel Leidermann
El Presidente Bush planea colocar 6,000 agentes fronterizos adicionales, pero que harán poca diferencia a menos que los legisladores recuerden la lección aprendida hace medio siglo, la última vez que se podría decir que la frontera estuvo controlada.
En los años 50, los agentes federales fueron abrumados por oleadas de campesinos mexicanos que cruzaban ilegalmente. El número de inmigrantes detenidos sobrepasó medio millón en 1951 y cerca de 900.000 en 1953. Un nivel comparable a la situación actual.
En aquel entonces menos de 2.000 agentes patrullaban las fronteras, menos de un quinto de los 11,000 de hoy. Pero en el plazo de dos años, el flujo de inmigrantes ilegales declinó según el informe anual oficial de 1955 sobre inmigración.
Y permaneció controlada por el resto de la década. El número de inmigrantes detenidos al cruzar siguió cayendo hasta sólo 45.000 en 1959. Una baja de 95% en 6 años.
Aunque los agentes federales intensificaron sus esfuerzos, efectuando barridas en granjas y ranchos, los funcionarios de inmigración aprendieron que una aplicación estricta de los controles en la frontera, no era suficiente.
Los funcionarios igualmente alentaron a los granjeros y rancheros a contratar legalmente a trabajadores temporales mexicanos, a los que llamaron “braceros”. A medida que nuevas reglas hicieron más fácil el emplear braceros, el número de estos trabajadores legales se duplicó hasta 400.000, al mismo tiempo que caía bruscamente la inmigración ilegal.
El trabajo de los agentes se simplificó no sólo porque había pocos mexicanos para detener, sino también porque había más ayuda de parte de los patrones americanos.
Una vez que los granjeros y los rancheros podían conseguir legalmente a los trabajadores que necesitaban, estuvieron más dispuestos a cooperar con los agentes que perseguían a los ilegales.
Desafortunadamente, el Congreso Americano comenzó a cerrar esa puerta. El programa bracero se volvió polémico, en parte porque los sindicatos americanos se opusieron a la competencia laboral y en parte debido a las preocupaciones de que se explotaba a los mexicanos.
Algunas de las quejas eran legítimas, pero la respuesta del Congreso no mejoró la situación de los inmigrantes. Terminaron con menos derechos porque siguieron trabajando ilegalmente después de que el programa del bracero fuera reducido en 1960 y eliminado cuatro años más tarde.
Como el número de trabajadores legales mexicanos cayó durante los años 60, el número de inmigrantes ilegales volvió a dispararse, y continuó aumentando después de que en 1968 se establecieran nuevas restricciones a los otros tipos de visas disponibles para mexicanos.
La frontera ha estado fuera de control desde entonces, pero ahora el Congreso ignora la táctica que funcionó en los años 50.
La aplicación estricta solamente de la ley ahora, no dará resultados a menos que se permita que más gente llegue legalmente y satisfaga las necesidades laborales para el desarrollo económico de América.
Hoy Bush y el Senado están intentando adaptar esa lección, ampliando el número de inmigrantes legales, y de trabajadores temporales. Estos trabajadores visitantes tendrían más derechos que los braceros, razón por la cual las reformas son apoyadas por los sindicatos de trabajadores del campo y por otros sindicatos.
Pero los Representantes se están oponiendo. Dicen que no ampliarán las oportunidades legales hasta que se “asegure” primero la frontera, lo que nunca sucederá si triunfa su oposición al aumento de inmigrantes legales. No hay ninguna duda sobre esto. La historia nos enseñó esta lección.
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