EL CRIMEN DE UN NIÑO A MANOS DE OTROS MENORES SACUDE MÉXICO
EN LA ÚLTIMA DÉCADA HAN MUERTO POR HOMICIDIO EN MÉXICO, 10.876 MENORES
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La infancia puede ser un juego o un infierno. En la colonia Laderas de San Guillermo, el pasado jueves 14, fue las dos cosas. Ahí, muy cerca de los muros de la prisión de Chihuahua, el pequeño Christopher Raymundo Márquez Mora de 6 años, fue arrastrado a una pesadilla de la que México aún no ha despertado. 

Dos primos y tres amigos, de 11 a 15 años, le tomaron de la mano para “jugar a secuestradores” y acabaron matándole tras una larga e indescriptible tortura. En un país donde a la muerte se le erigen altares, este crimen ha desbordado diques y, con su componente infantil, ha expuesto a muchos ciudadanos ante el drama de la ultraviolencia. 

En el estado norteño de Chihuahua, una de cuyas grandes urbes, Ciudad Juárez, fue durante años la mayor tumba del planeta, registra después de Guerrero la tasa de homicidios de menores más alta de México: 38 por cada 100.000 habitantes. 

En este aberrante contexto, la muerte del pequeño Christopher, conocido como El Negrito, podría haber pasado inadvertida, pero el pretendido juego que le acompañó puso el dedo en la llaga: niños emulando secuestradores y, a juzgar por las declaraciones de la policía, yendo mucho más lejos que ellos. 

La procuraduría revela que, antes de llevarse a Christopher, los menores habían capturado y matado con saña a un perro callejero. Luego, comandados por un chico de 15 años, partieron en busca de otra presa. Eran las 10 de la mañana y el pequeño, como tantas otras veces, jugaba en la calle. Fue entonces cuando se topó con la pandilla. Le pidieron que les acompañase a juntar leña. El niño les siguió. No eran desconocidos, sino sus primos, sus vecinos en ese arrabal de miseria y polvo. Al llegar a un arroyo cercano, lejos de las miradas de los adultos, le propusieron el juego del secuestro. Y tras atarle de pies y manos, con un palo le asfixiaron hasta hacerle perder la conciencia. Acto seguido, vinieron los varazos, las pedradas, la navaja. Le quitaron los ojos, le partieron el labio, le rebanaron el cachete y le dieron hasta 27 puñaladas en la espalda. El cadáver fue arrastrado hasta un agujero que cubrieron con tierra y maleza. Encima colocaron al perro muerto.

Una madre se acercó a los agentes y declaró que su hijo le había contado lo sucedido. Los menores fueron aprehendidos. Dos muchachos de 15 años se enfrentan ahora a una posible pena de 10 años; las dos chicas de 13 y el chico de 11 son inimputables. 

Las exequias del pequeño Christopher se celebraron el domingo 17 en la funeraria la Luz Nueva, de Chihuahua. Abatida por el dolor y la rabia, la madre exigió justicia y que nadie creyese que aquella barbarie fue un mero juego. “Mi hijo no era un perro”, clamó. 

En la última década han muerto por homicidio en México, 10.876 menores. Christopher es desde el jueves 14, uno de ellos.

 

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Michel Leidermann
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par Michel Leidermann
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