ESTADOS UNIDOS Y LA ADORACIÓN POR LAS ARMAS
Por Michel Leidermann

Entre las atroces justificaciones que los abogados de Dylann Roof —el joven blanco de 21 años que el miércoles 17 mató a nueve negros en una iglesia de Charleston (Carolina del Sur) invocan sobre la matanza, puede, incluir  racismo, problemas personales y mentales... Todas más o menos debatibles excepto un dato claro: el joven estaba armado.

Cada vez que hay una tragedia como la de Charleston, el cual está siendo investigado como un delito de odio, los grupos de presión contrarios a los controles sobre las armas invocan  la Segunda Enmienda de la Constitución de EE UU, que consagra el derecho de los ciudadanos a tener armas. 

Pero habrá un momento en el que esa sociedad dirá basta, como hizo con otras realidades no menos arraigadas en las costumbres y reflejadas en las leyes estadounidenses. No es tolerable que cada día unas 300 personas mueran en EE UU en diversos sucesos que implican armas, desde actos de violencia hasta suicidios y accidentes; es abrumador que cada año sean 100.000 las víctimas.

La caza deportiva, la cultura, la seguridad personal... todo es compatible con controles serios; la mitad de los estadounidenses cree que las leyes deberían ser más duras y el 65%. Quizá la decisión de señalar lo ocurrido como un acto de terrorismo contribuya a que la sociedad pueda tener una conversación seria sobre las armas, y a que el Congreso reanude los intentos de una supervisión más estricta. 

La testigo y sobreviviente señaló que el sospechoso dijo que él estaba allí “para matar a las personas negras”. Bajo cualquier criterio razonable, esto es terrorismo, el cual generalmente se define como un acto de violencia contra civiles por parte de individuos u organizaciones con propósitos políticos.

Existe algo particularmente impactante dentro de una sociedad multirracial, multiétnica y multirreligiosa en cuanto a asesinar personas simplemente por ser quienes son. Eso es cierto ya sea que se trate de afroamericanos en Charleston que asisten a un grupo de estudio bíblico o espectadores en el maratón de Boston. Estos ataques son actos planificados para aterrorizar y así es como debemos referirnos a ellos.

La violencia yihadista sigue dominando las noticias y la atención de los legisladores. Algo de esto es bastante comprensible. Después de todo, en el 11-S, al Qaeda mató casi a 3.000 personas.

Sin embargo, como asunto de seguridad pública, realmente no existe diferencia entre el terrorismo que supuestamente se ha cometido en nombre de Alá y la matanza que se ha cometido por otros fines políticos, tales como las creencias racistas contra los afroamericanos que parecen ser las que motivaron el ataque en Charleston.

De hecho, los funestos actos de terrorismo perpetrados por racistas y extremistas antigubernamentales han sido más comunes en Estados Unidos que los funestos actos del terrorismo yihadista desde el 11-S. Los  racistas de extrema derecha y los militantes antigubernamentales han matado a 48, si incluimos a las nueve personas que murieron en el ataque perpetrado en Charleston. 

Además, desde el 11-S, ninguna de las aproximadamente 290 personas acusadas o condenadas en Estados Unidos por algún acto de terrorismo yihadista ha adquirido o utilizado armas químicas o biológicas, mientras que 13 personas motivadas por la ideología de extrema derecha, una persona motivada por la ideología de extrema izquierda y dos con creencias idiosincrásicas, o sus precursores, utilizaron o adquirieron tales armas.

TEXTO DE LA SEGUNDA ENMIENDA

Siendo necesaria una milicia bien ordenada para la seguridad de un Estado libre, el derecho del Pueblo a poseer y portar armas, no será infringido.

 

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