Mexicanos compran millones en centros comerciales del sur de Estados Unidos
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Hidalgo County, al extremo sur de Texas, es uno de los condados más pobres de Estados Unidos. La mitad de las familias vive en la pobreza. Los vendedores ambulantes pregonan películas piratas y tacos caseros desde la parte trasera de sus camionetas mientras los perros callejeros merodean los matorrales que bordean las carreteras.
Pero en Hidalgo también está uno de los centros comerciales más exitosos de EUA: La Plaza Mall en la ciudad de McAllen, Texas,que pertenece a Simon Properties Inc., la mayor operadora de centros comerciales del país. El centro comercial tiene tiendas de ropa de alto nivel como Abercrombie & Fitch y Banana Republic joyerías de lujo como Swarovski y Helzberg Diamonds.
La Plaza genera ventas mensuales superiores a US$4,800 el metro cuadrado, mientras que el promedio de los centros comerciales estadounidenses es de US$3,900 por metro cuadrado.
El próximo año, Simon abrirá un centro comercial de casi 60,000 metros cuadrados a medio kilómetro de distancia. Y en la cercana localidad de Mercedes, abrirá en noviembre el Rio Grande Valley Premium Outlets, un centro de unos 38,000 metros cuadrados que costó US$68 millones.
¿La razón de tanto trajín comercial? La avalancha de compradores mexicanos, tanto ricos como pobres, que inunda la zona, convirtiéndola en el paseo comercial favorito de la clase consumidora del norte de México. Según las autoridades fronterizas, casi 40 millones de visitantes cruzan de México a Texas todos los años. El banco central en Dallas calcula que estos visitantes gastan unos US$3,000 millones en los condados fronterizos, casi el doble que hace 10 años. En la última década, las ventas minoristas en McAllen, que tiene 135,000 habitantes, crecieron casi un 75%, muy por encima del promedio estadounidense de 40%.
El flujo de dinero mexicano que llega al sur de Texas ha transformado esta región pobre y fronteriza en uno de los más atractivos mercados para los grandes minoristas. Las grandes cadenas han sufrido el impacto del descenso de las ventas y una menor participación de mercado en los acaudalados suburbios estadounidenses, pero el consumidor mexicano renueva la esperanza.
Cuarenta de los 100 principales minoristas de EUA se han instalado recientemente en McAllen.
Cuando el año pasado Guess Inc. inauguró Marciano, su nueva boutique, la compañía escogió tres ciudades para poner a prueba su nueva oferta: Los Ángeles, Toronto y McAllen.
J.C. Penney dice que tres cuartos de sus clientes en la tienda de McAllen son de México, y el año pasado la cadena permitió que sus clientes del sur accedieran a su tarjeta de crédito. La tienda también ofrece servicios bilingües.
Tras la entrada en vigencia del Tratado de Libre Comercio de América del Norte en 1994, que bajó drásticamente los aranceles de los productos estadounidenses en México, mucha gente creyó que la industria minorista en la región fronteriza iba a desaparecer.
La lógica era que los mexicanos no tendrían incentivos para realizar un largo viaje hacia Estados Unidos para adquirir productos que podrían conseguir más baratos en su propio país. Mientras que algunos minoristas estadounidenses como Wal-Mart, Home Depot y Office Depot han penetrado fuertemente el mercado mexicano, otros han descubierto que instalarse en McAllen les permite atraer a los mismos consumidores mexicanos de clase media y media alta al ofrecer una mayor variedad de productos.
La Cámara de Comercio de McAllen también ha promocionado la ciudad como un destino comercial. En los últimos 12 años ha gastado más de US$1.8 millones en el norte de México con esos fines.
Según la empresa dueña de La Plaza, el consumidor mexicano promedio gasta casi el doble en ese centro comercial que el consumidor promedio estadounidense.
El estacionamiento en La Plaza Mall, a unos 20 kilómetros de la frontera, se desborda temprano. Una mezcla de carcachas destartaladas y camionetas todo terreno de lujo con chapas mexicanas se peleaba por los espacios libres. Los mexicanos compran ropa, accesorios y electrónicos que, o son más baratos en EUA dada la reciente apreciación del peso, o no están disponibles en México.
Incluso durante los bajones económicos, los mexicanos han comprado en McAllen. El apogeo actual, sin embargo, no se parece a nada que los residentes locales recuerden. Tiendas que habían estado cerradas por años ahora albergan emporios del perfume y prósperas joyerías. El aeropuerto internacional, que queda frente a La Plaza Mall, ofrece ahora vuelos diarios entre McAllen y Ciudad de México.
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