EL PRIMER PRESIDENTE LATINO
Por Michel Leidermann

La comunidad latina todavía tiene que demostrar toda su fuerza política

Puede que con cerca de 60 millones de personas, sea ya la primera minoría del país, la que más rápido crece y, con una media de 27 años, también la más joven, lo que tiene un enorme potencial de votos en los próximos años y décadas. Pero si toda esa potencia demográfica no se traslada a fuerza política, de poco sirve.

Hasta 27 millones de latinos podrán potencialmente votar en las elecciones presidenciales de 2016  (Ahora hay 13.1 millones inscritos), según el Pew Hispanic Center. La clave está en ese “potencialmente”, porque no todos los que pueden votar, lo hacen. Aunque los expertos destacan los comicios de 2012 como un hito en la participación latina, esta comunidad, aunque representa el 17% de la población total, solo constituyó el 10% de votantes.

La presencia latina en el panorama político de EE UU no es de despreciar. Tenemos una juez en la Corte Suprema, Sonia Sotomayor, así como con tres senadores —dos de ellos, Ted Cruz y Marco Rubio, candidatos republicanos a la presidencia—, 28 miembros de la Cámara de Representantes y varios miembros del gabinete del presidente Barack Obama. 

A ellos hay que añadir unos 6.000 funcionarios federales y estatales en todo el país, incluidos gobernadores y alcaldes. Y el número de latinos en puestos influyentes y con poder, sigue creciendo. Pero el verdadero potencial político de los latinos depende de cuánto se logre movilizarlos y evitar un alto grado de absentismo electoral: 1) para inscribirse como elector y, 2) votar en noviembre de 2016.

La frase con la que hace más de una década se lleva anunciando el inminente avenir del poder latino, que reza “el primer presidente latino ya ha nacido”, hace tiempo que quedó obsoleta. En la carrera por la Casa Blanca en 2016 ya hay dos latinos, Cruz y Rubio, y un tercero al que le gusta alardear de lazos latinos por la vía matrimonial, Jeb Bush. La pregunta es cuán verdaderamente latinos son esos candidatos republicanos. 

Es necesario que los latinos electos no solo lo sean de nombre, que no solo vengan a la comunidad a hablarnos en español y a comer tacos con nosotros, sino que vengan a escucharnos, a entendernos y a hacer algo por nosotros específicamente.

Lo que de verdad necesitamos es un presidente que, a pesar de ser presidente, también sea latino. Como Obama que no es un presidente sólo para los negros, es un presidente para todos los estadounidenses. El que un presidente sea mujer, afroamericano o latino, sólo tiene que ser relevante por sus meritos y no su color o etnicidad.

Es “cuestión de tiempo” que llegue a la presidencia un latino. Lo que no puede esperar, es la movilización electoral latina.

Lo que nos espera es un futuro mejor, siempre y cuando participemos. Y el potencial está ahí.

Vemos cómo cada año la participación latina ha ido creciendo, la prueba fue en 2012, donde el voto latino fue clave en la reelección de Obama. En 2016 es más que probable que los latinos sean quienes determinen quién va a la Casa Blanca. Siempre y cuando muchos deben antes dar el paso de hacerse ciudadanos y después inscribirse como electores. 

El congresista demócrata Luis Gutiérrez, empezó su propia campaña. “¡5,4 millones de latinos elegibles para la ciudadanía y deben hacerlo acudir en masa a las urnas el año que viene!”, tuiteó al comienzo del Mes de la Hispanidad.?

 

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