EL MOTÍN DE TOPO CHICO EN EL QUE MURIERON 49 RECLUSOS DEJA EN EVIDENCIA EL DESCONTROL DE LAS CÁRCELES EN MÉXICO
PUBLICARON LAS IDENTIDADES DE 40 DE LOS MUERTOS PERO 9 NO HABÍAN SIDO IDENTIFICADOS, 5 POR ESTAR CALCINADOS Y 4 PORQUE NADIE SABE QUIÉNES SON
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El horror ha vuelto a México. Un salvaje motín en la cárcel estatal de Topo Chico, en Monterrey, ha golpeado en la frente a un país que vivía días de miel y rosas ante la llegada del Papa.

La madrugada del jueves 11, dos facciones relacionadas con Los Zetas que se disputaban el control de la prisión según la versión oficial, se enfrentaron con palos, piedras, botellas, varillas y remedos de puñales. 

La revuelta, la mayor en los últimos 25 años, tuvo como detonante el asesinato de un líder carcelario a manos de sus adversarios. Su muerte derivó en un cruento ajuste de cuentas. El caos y la sangre se adueñaron de la cárcel. La sangre llamó a la sangre. Un vendaval de venganza se apoderó del penal. Ante la absoluta inoperancia de las fuerzas estatales, la reyerta devino en una matanza. Los internos prendieron fuego a la bodega de víveres y se enfrentaron cuerpo a cuerpo. Bastaron las cuchilladas. La cárcel, al menos en dos áreas, quedó en manos de los amotinados.

La reyerta, que duró entre dos y tres horas, se saldó con la muerte de 49  12 internos heridos. Jaime Rodríguez, El Bronco, el gobernador de Nuevo León, dijo que las autoridades encontraron cadáveres golpeados con saña, linchados, cinco de ellos calcinados en un incendio avivado con colchones. Tenían ante los ojos el motín carcelario más sangriento de la historia de México.

La prisión de Topo Chico recrea en miniatura la guerra de los carteles de la droga que puso en jaque a Monterrey. En 2010 y 2011, la que hasta entonces era reconocida como la ciudad más industrial del país, sede de pujantes multinacionales, comenzó a sufrir los estragos del crimen: asesinatos y bloqueos de carretera.

Si aquello no era una guerra entre las organizaciones criminales predominantes, Los Zetas y el cartel del Golfo, se le parecía bastante. Monterrey pasó de registrar 828 homicidios en 2010 a más de 2.000 al año siguiente. La autoridad ha recuperado ahora una parte importante de la capital de Nuevo León —es difícil precisar hasta qué grado— pero los despojos de ese conflicto se han trasladado a las cárceles.

Despues de la matanza la autoridad trataba de reorganizar la vieja prisión, abierta en 1947. En los años 80 mataron a su director durante una revuelta y en 2011 unos sicarios entraron para ejecutar a un interno. 

En la puerta se colgó la lista con las identidades de 40 de los muertos. Nueve cuerpos no habían sido identificados, cinco por estar calcinados y cuatro porque nadie sabe quiénes son. La dirección de la cárcel tenía registrados 3.900 reclusos, pero nadie puede asegurar cuál es la cifra real.

Este nuevo motín, el mayor desde hace al menos 20 años, vuelve a poner a México ante el espejo de sus cárceles. Con una población reclusa de cerca de 250.000 internos, el hacinamiento y la violencia son moneda común. Pero el mayor problema procede del despiadado dominio que ejercen los cárteles sobre las prisiones, hasta el punto de que muchas penitenciarias se rigen a voluntad de las organizaciones criminales. Controlan las visitas, las drogas y los alimentos. Prestan el dinero y en caso de que no haya retorno, ejercen la violencia sin contemplaciones. 

Los intentos presidenciales para recuperar este control han sido constantes, pero casi nadie en México cree que hayan tenido éxito. La fuga de El Chapo, por un increíble túnel de 1.500 metros, demostró este mismo año la enorme debilidad del sistema. La huida se registró en la cárcel de máxima seguridad de El Altiplano. Bajo control federal y supuestamente sometida a continuas medidas de contravigilancia, este centro era considerado el más seguro del país. Pero nada pudo contra el poder corruptor del líder del cártel de Sinaloa. Le bastó con levantar el piso de la ducha y huir sin que se activaran las alarmas hasta horas después. Tras la humillante salida, la cúpula del sistema penitenciario mexicano fue descabezada.

Para El Bronco, que sorprendió a México al ganar como independiente las elecciones en el segundo Estado más rico del país, el motín se ha convertido en una prueba de fuego. El penal depende de su administración. Y su discurso antinarco, que le valió el espaldarazo de los ciudadanos, tendrá que demostrar su verdadero alcance.?

 

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Michel Leidermann
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par Michel Leidermann
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