MUJER APARECIÓ EN SU PROPIO FUNERAL Y SORPRENDIÓ AL MARIDO QUE HABÍA MANDADO MATARLA
EL HOMBRE CONTRATÓ A ASESINOS QUE NO CUMPLIERON CON LO PAUTADO
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Hace un año, un grupo de sicarios de Burundi (África) fue contratado por un hombre para que mataran a su esposa. Pero el asesinato no ocurrió como estaba planteado, y ella lo sorprendió en lo que era su propio funeral. Ahora el increíble caso tuvo repercusión en el mundo entero.

Sucedió el 22 de febrero de 2015. Noela Rukundo vive en Melbourne, Australia, pero tuvo que regresar a su África natal porque había fallecido su madrastra. Estaba muy triste y estresada. 

Al regresar sola a la habitación de un hotel en la capital Bujumbura, la mujer recibió una llamada de Kalala, sugiriéndole que saliera a tomar aire fresco. Así lo hizo, pero tan pronto salió de la habitación se vio frente al cañón de una pistola. Un hombre le vendó los ojos, la metió en se encontró en una situación peligrosa. “Abrí la puerta y vi a un hombre que venía hacia mí. Luego me puso una pistola encima y me dijo: ‘No grites. Si empezás a gritar, te disparo’. El hombre la llevó hasta un auto que estaba esperando. Ella se sentó entre dos sujetos, ambos armados. Le cubrieron la cara y el vehículo se puso en marcha por 30 o 40 minutos y luego la metieron dentro de un lugar y la ataron a una silla. Entonces le preguntaron: “¿Qué le hiciste a este hombre? ¿Por qué nos pidió que te matemos?” Y ella lanzó: “¿Qué hombre?”. Le respondieron: “¡Tu marido!” La mujer aseguró que su esposo no podía matarla y los acusó de mentirosos.

“Eres muy estúpida... Voy a llamar a quien nos pagó para matarte”, le dijo el jefe de la banda. Agarró el teléfono y comentó a quien estaba del otro lado: “Ya la tenemos”. Entonces puso el teléfono en altavoz para que ella escuchara la conversación. “Matala”, soltó su marido. Entonces, los delincuentes le describieron al hombre dónde iban a tirar el cuerpo. En ese momento, Noela se desmayó.

Cuando se recuperó creía que nada podría salvarla. Pero uno de los sicarios la miró y le dijo: “No vamos a matarte. Nosotros no matamos a mujeres ni a niños”. Ademasle explicaron que no iban a matarla porque conocían a su hermano. El marido había pagado un depósito, pero no la cuenta completa. Entonces volvieron a llamarlo y le pidieron otros 3.400 dólares australianos para concretar el trabajo. Después de pasar dos días en cautiverio, Noela fue liberada y tres días después pudo volver a Australia.

Y llegó el día del funeral. Noela fue hasta su casa, donde entraba y salían personas que iban a darle el pésame a su marido, quien había dicho que su esposa había muerto trágicamente en un accidente. 

Noela se quedó frente a la casa, cuando el hombre salía para acompañar a un grupo de personas. “¡Sorpresa! ¡Todavía estoy viva!” le dijo su mujer poniéndole una mano en el hombro. El hombre a quien estaban dirigidas estas palabras no podía darles crédito. Dio un brinco, gritó horrorizado y se llevó las manos a la cabeza:“¿Son mis ojos? ¿Es un fantasma?”, atinó a preguntar. 

“Lo siento por todo”, se justificó el hombre, Balenga Kalala. Pero muy poco valió su disculpa. Rukundo había llamado a la policía, que terminó por arrestarlo.?

 

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Michel Leidermann
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par Michel Leidermann
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