MÉXICO PODRIA DESPLEGAR TROPAS A LO LARGO DE SU PROPIA FRONTERA COMO LO HIZO PARA EL PROGRAMA BRACERO EN 1954
UN ANÁLISIS DEL CATO INSTITUTE DICE QUE EL “MURO” DE TRUMP SERÍA POSIBLE SI SE ADOPTA UN AMPLIO PROGRAMA DE TRABAJADORES TEMPORALES QUE OBLIGUEN AL GOBIERNO MEXICANO A CONTROLAR EL PASO DE MIGRANTES
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Un análisis del Cato Institute dice que si Donald Trump es electo presidente, podría lograr que México levante un muro fronterizo, aunque fuera sólo virtual –con presencia de soldados que evite el cruce desordenado de migrantes–, si Estados Unidos adopta un amplio programa de trabajadores legales como lo hizo el presidente estadounidense Dwight David Eisenhower, entre 1953 y 1961, 

Si Estados Unidos otorga una cantidad significativa de permisos temporales para trabajadores migrantes, entonces podría ganar fuerza la negociación diplomática para que México mismo pague por controlar su lado de la frontera, señala el Cato Institute.

Trump ha generado un amplio sentimiento antimexicano en Estados Unidos desde el inicio de su campaña. Ha llamado a los migrantes de México “violadores, drogadictos, traficantes”. De acuerdo con una encuesta del periódico The Economist, el rechazo es amplio en México donde más de 50% de la población rechaza al Gobierno de Estados Unidos. Entre 2009 y 2014, cerca de un millón de mexicanos dejó Estados Unidos y regresó a su país, de acuerdo con el Pew Hispanic Center.

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La afirmación de Trump de que va a construir un muro en la frontera y obligar a México a pagar por ello, ha provocado burlas en el sentido de que no es factible, o de que tal vez la idea es desequilibrada. Sin embargo hay que recordar que en  1954, el presidente Eisenhower hizo que el Gobierno mexicano desplegara tropas a lo largo de la frontera para detener a los mexicanos que buscaban entrar a los Estados Unidos. Si bien México no construyó una, pagó por ello.

Después de meses de negociaciones entre los dos países sobre los términos del programa Bracero de visas temporales, Estados Unidos indicó el 15 de enero de 1954 que a los migrantes que ingresaron se les otorgaría de inmediato un contrato de trabajo, y un empleo. Indignado por este intento de de no incluirlo en las decisiones, el Gobierno mexicano desplegó 5,000 soldados a lo largo de la frontera para amenazar, detener y disuadir a los migrantes que intentaban entrar en los Estados Unidos.

En realidad Estados Unidos abrió la frontera el 22 de enero, y sobrevino el caos. Cientos de inmigrantes esperanzados corrieron y cruzaron las barreras hacia los agentes de la Patrulla Fronteriza mientras que los soldados mexicanos trataban de pararalos a menudo por la camisa, y se lanzaron contra los hombres con sus puños y portando armas de fuego, en un vano intento de contener la avalancha.

El programa Bracero existió desde 1942 como un proyecto binacional; México no se involucró en el control y entonces, para mediados de la década de 1950, cerca de dos millones de mexicanos trabajaba en Estados Unidos.

Si un futuro presidente Trump aprueba un programa de visas de trabajo temporal a gran escala que permita una buena cantidad de trabajadores invitados temporales mexicanos al año, y legaliza la mayoría de los inmigrantes no autorizados en los Estados Unidos, podría ganar la influencia diplomática para impulsar México a construir un muro, (virtual u otro) o por lo desplegar tropas en la frontera.

El pasado 9 de marzo, el Trump fue más duro cuando dijo que estaría dispuesto a ir a la guerra con México si el país no paga por el muro fronterizo. Trump fue cuestionado por periodistas sobre qué medidas tomaría para obligar a México a pagar los $8-10 mil millones que según sus cálculos constará construir los 3.200 kilómetros.

Pero de acuerdo con el Cato Institute, no es necesaria esa guerra si Estados Unidos recurre a la lección de Eisenhower, que el mismo Trump suele citar.

Durante el segundo mandato del Presidente George W. Bush, el Congreso autorizó $1.200 millones para construir varias millas de cerca doble, pero el gobierno afrontó un sinfín de obstáculos. Propietarios privados que rechazaban las ofertas de compra de terreno a demás de inquietudes ambientales y demandas judiciales.

Ahora hay 1.046 kilómetros de cerca en la frontera, lo que incluye un valla de acero de 4 metros de altura en muchas zonas urbanas, diseñada para detener o reducir el número de personas que cruzan, así como barreras para vehículos, postes de acero más cortos llenos de cemento y plantados en el suelo. Construir eso ya fue un desafío, y un nuevo muro más alto como el que quiere Trump, afrontaría sin duda la misma oposición, si no más.

Un acuerdo de fronteras de 1970 regula la construcción de estructuras a lo largo de los ríos Colorado y Bravo en la frontera mexicana. El acuerdo binacional indica que las estructuras no pueden perturbar el flujo de los ríos que pasan por Texas y por 38 kilómetros en Arizona y definen la frontera entre ambos países, según la Comisión Internacional de Fronteras y Agua, una agencia conjunta estadounidense y mexicana que administra el tratado.

Trump dijo que su muro no tendría que cubrir toda de la frontera, pero aunque se excluyan los tramos bloqueados por accidentes geográficos, sigue habiendo graves problemas. En algunos lugares, las obligaciones del tratado y las zonas de inundación designadas en el río pretenderían levantar el muro bien entrado en el territorio estadounidense, lo que sería incómodo si el gobierno mexicano paga y supervisa el proyecto.

En zonas donde la frontera es tierra seca en New Mexico, la mayoría de Arizona y California, habría que construir estructuras para que el muro no obstruya rutas de paso naturales ni provoque inundaciones, lo que puede ser complicado y caro. Y en las sensibles dunas de arena del sur de California, por ejemplo, habría que instalar una “cerca flotante” que permitiera el movimiento natural de las dunas.

Además de crear una especie de tierra de nadie entre el muro y la frontera real, un gobierno o el otro, tendría que comprar grandes extensiones de propiedad privada, así como tierras de al menos una tribu indígena con territorio a ambos lados de la frontera en el sur de Arizona.

Pero todo dependerá de lo que pase en las elecciones de noviembre y si un republicano es electo presidente (Trump o Cruz) o bien la demócrata Clinton.?

 

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