LOS AFRO-MEXICANOS HAN SIDO LOS OLIVDADOS DE LA HISTORIA MEXICANA
MÁS DE UN MILLÓN DE PERSONAS SON DESCENDIENTES DE ESCLAVOS TRAÍDOS A MÉXICO DESDE ÁFRICA
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Más de un millón de personas en México son descendientes de esclavos traídos de África y se identifican como “negros”, “morenos” o “afromexicanos” aún  cuando no tengan apariencia negroide.

Pero son poco conocidos más allá del estado de Oaxaca, en el sur del país, una situación que los líderes de la comunidad quieren cambiar radicalmente.

Mexicanos de raza negra han vivido en la región de Costa Chica, en la costa Pacífica de Oaxaca, desde que sus ancestros fueron llevados como esclavos desde África, en el siglo XVI.

Ganaderos coloniales españoles frecuentemente los utilizaban como capataces, para que se hicieran cargo de los trabajadores indígenas que no estaban acostumbrados a animales del tamaño de las vacas o los caballos.

Sin embargo, por fuera de la región de Costa Chica, hay poca consciencia de su existencia.

Un censo en 2015 indicó que la población negra era de 1,4 millones, o 1,2% de la población mexicana. En el mismo estado de Oaxaca son apenas 5% del total.

En comparación, los pueblos indígenas constituyen casi 10% de la población en México, según el censo de 2010.

La apariencia física de aquellos que se identifican como mexicanos negros varía considerablemente. Algunos son difíciles de diferenciar de los indígenas mexicanos. Buena parte de su identidad está basada en dónde viven.  Pero también se comparte una cultura común.

Por ejemplo, hay un estilo de música característica llamada “la chilena”, introducida a Costa Chica en el siglo XIX por marineros chilenos que pasaban camino a la quimera de oro en California, que ha sido adaptada por músicos negros. Le han agregado instrumentos afromexicanos como la quijada, un maxilar seco de burro con dientes que repiquetean.

También está “el bote”, un tambor de fricción, que tiene un palo adherido a la membrana que se frota para producir una especie de bramido. Estos sonidos son parte central de la vida musical de los afromexicanos.

También hay bailes que se remontan a los días de las haciendas coloniales, incluyendo la Danza de los Diablos, que se ejecuta alrededor del Día de los Muertos, a finales de octubre y comienzos de noviembre. Los bailarines tienen máscaras de diablo y son conducidos por un personaje áspero conocido como Pancho, el capataz de la hacienda. Se pavonea por el lugar con un látigo, mientras su voluptuosa esposa “blanca” –interpretada por un hombre negro- coquetea descaradamente con los “diablos” y hasta con el público.

En los pueblos de Costa Chica, hasta los niños de edad preescolar aprenden los pasos del baile y se les inculca el orgullo en su herencia africana.

Pero hay frustración en la región por la falta de consciencia que hay en México sobre los afromexicanos y porque aún no han sido reconocidos oficialmente como una minoría por el gobierno.

Según Humberto Herbert Silva Silva, el director de la Oficina para Asuntos Afromexicanos en Oaxaca, se debe a que los afromexicanos hablan español, como la mayoría de los mexicanos y no tienen su propia lengua. “Cuando solicitamos reconocimiento como minoría, salen con excusas o nos dicen que no tenemos una lengua autóctona. El lenguaje es el verdadero criterio”, dice. “Estamos siendo discriminados”.

Si los afromexicanos fueran clasificados como minoría, recibirían fondos adicionales para la promoción de su cultura y para programas de salud pública.

También es importante para ellos que la existencia de los afromexicanos será reconocida por el Estado mexicano.

Los esfuerzos de los activistas ha dado algunos resultados.

En el censo interino de 2015, los encuestados tuvieron por primera vez la opción de identificarse como negros, aunque ese no sea el término que todos los afromexicanos usan. Muchos de ellos se llaman a sí mismos “morenos” o utilizan otro término local para describirse.

Pero algunos afroamexicanos están impacientes de que no se les dé mayor reconocimiento y dicen que la comunidad negra está considerando incluso seguir la ruta del levantamiento indígena zapatista en Chiapas, en los años 90. 

 

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Michel Leidermann
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par Michel Leidermann
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