SACERDOTES JESUITAS VENDIERON SUS ESCLAVOS PARA FINANCIAR UNIVERSIDAD
SOBRESALE POR SU GRAN ESCALA LA VENTA ORGANIZADA EN 1838 POR LOS JESUITAS, QUIENES FUNDARON Y ADMINISTRABAN LA UNIVERSIDAD DE GEORGETOWN
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Más de una docena de universidades —incluyendo Brown, Columbia, Harvard y la Universidad de Virginia— han reconocido públicamente sus nexos con la trata de esclavos. Sin embargo, la venta organizada en 1838 por los jesuitas, quienes fundaron y administraban la universidad de Georgetown, sobresale por su gran escala, explican los historiadores.

En Georgetown (Washington D.C.), la esclavitud y la colegiatura estaban atadas de manera indisoluble. La universidad dependía de plantaciones jesuitas ubicadas en Maryland para ayudar a financiar su funcionamiento. A menudo algunos feligreses prósperos donaban esclavos. Así, la gran venta de 1838 —valuada en unos 3.3 millones en dólares de ahora— fue organizada por dos ex rectores de Georgetown, ambos sacerdotes jesuitas.

Parte de ese dinero sirvió para saldar las deudas de la universidad, la cual se encontraba en apuros económicos.

El cargamento humano era subido a barcos en un muelle atestado en la 

Capital de la nación, con destino a las plantaciones del Sur. Algunos esclavos imploraban que los liberaran. Sin embargo ese día de otoño de 1838, nadie fue liberado. Su pánico y desesperación quedaron prácticamente en el olvido por más de un siglo. 

Sin embargo esta no era una venta de esclavos ordinaria. Los esclavos afroamericanos pertenecían a los más prominentes sacerdotes jesuitas. Los vendían, junto con muchos otros, para ayudar a garantizar el futuro de la innovadora institución católica de educación superior de la época, conocida hoy como la Universidad de Georgetown.

Ahora, con protestas raciales agitando los campus universitarios, una rara combinación de profesores, estudiantes, ex alumnos y genealogistas de Georgetown está tratando de descubrir lo qué le sucedió a esos 272 seres humanos y dar un sentimiento de urgencia a los esfuerzos de la administración. 

“La universidad misma debe su existencia a esta historia”, comentó Adam Rothman, y miembro de un grupo de trabajo de la universidad que está estudiando formas de que la institución reconozca y trate de enmendar sus raíces atadas a la trata de esclavos.

Los esclavizados eran abuelas y abuelos, carpinteros y herreros, mujeres embarazadas y padres ansiosos, niños y bebés, llenos de miedo, desconcertados y desesperanzados mientras veían a sus familias y comunidades fragmentadas por la venta de 1838.

En noviembre, la universidad aceptó quitar los nombres del reverendo Thomas F. Mulledy y el reverendo William McSherry —los rectores involucrados en la venta— a dos edificios del campus.

Un ex alumno, Richard J. Cellini en menos de dos semanas, creo una organización sin fines de lucro —el Proyecto Conmemorativo de Georgetown— contratado ocho genealogistas, y recaudado más de $10 mil de otros ex alumnos para financiar su investigación.

Lo que ha surgido de su investigación, y la de otros estudiosos, es una vislumbre de un mundo aislado dominado por sacerdotes que exigían a sus esclavos asistir a misa para lograr su salvación, pero que también azotaban y vendían a algunos de ellos. Los registros describen fugas, condiciones ínfimas en las plantaciones y la voz angustiada de algunos jesuitas por su participación en un sistema de esclavitud.

“Un microcosmos de la historia completa de la esclavitud en Estados Unidos”, expresó el doctor Rothman.?

 

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