Hace un año en Arkadelphia…
Por Michel Leidermann
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ARKADELPHIA, Arkansas . – Los agentes de la inmigración llegaron a la planta de pollos Petit Jean momentos antes del descanso para el desayuno a las 7:30 AM del 25 de julio del 2005, armados y vestidos con uniformes de color caqui.
Los agentes fueron derecho a la sala de procesamiento, adonde más de 100 trabajadores mexicanos en delantales, ya cortaban los pollos, gritando en español que nadie se moviera. Los trabajadores comenzaron a llorar. Algunos hicieron llamadas desesperadas por celular, alertando a sus parientes para que cuidaran a sus niños que pronto serían dejados sólos. El gerente de la planta miraba como a 119 trabajadores – la mitad de su equipo del turno de día – se les colocaban esposas plásticas y eran llevados a un centro de detención, desde el cual la mayoría sería deportado a México.
Los funcionarios de la Migra dijeron que estaban apretando para combatir el fraude de documentos y el empleo de ilegales.
Pero lo qué sucedió después de la redada el pasado mes de julio fue una sorpresa para mucha gente: en lugar de la sensación de tranquilidad de que las leyes de inmigración se hacían cumplir, muchos residentes dijeron que lo que se hizo fue trastornar a su comunidad.
Los trabajadores de la planta Petit Jean se habían convertido en mucho más que obreros con el salario más bajo. Eran amigos de la iglesia, compañeros de clases y compañeros de equipo en la liga local del softbol. Y así, algunos residentes respondieron a la incursión ayudando a los indocumentados en su lucha contra la deportación, conduciéndolos a la corte y escribiendo a legisladores pidiendo ayuda. Otros donaron dinero, alimentos y ropas a las familias de los trabajadores detenidos o enviados de regreso a México.
Ahora, un año después de que los agentes llegaran a la planta Petit Jean, la ofensiva inmigratoria demostró que los efectos de una incursión de la Migra pueden alcanzar mucho más allá que sólo a los trabajadores ilegales y los negocios implicados. Muchos residentes dicen que sienten simpatía por los trabajadores indocumentados y están enojados con el gobierno.
Aún funcionarios encargados de hacer cumplir la ley en Arkadelphia, han criticado la redada para llevarse a la gente que perteneció a su comunidad.
“Los matriculamos en nuestras escuelas públicas. Los aceptamos en nuestras iglesias. Ellos juegan en nuestros equipos de fútbol y softbol”, dijo Troy Tucker, el sheriff del condado a la hora de la incursión “Y entonces un día la Migra viene y se los llevar lejos”.
La cólera en esta parte de Arkansas viene en medio de nuevos esfuerzos de las autoridades federales para hacer cumplir las leyes contra emplear a trabajadores ilegales. Ya ha habido 2,100 personas arrestadas en incursiones a lugares de trabajo por toda la nación durante el año fiscal 2006, por arriba de los 1,145 en 2005 y 845 en 2004.
La enérgica acción en Petit Jean también plantea preguntas sobre la efectividad de las incursiones de inmigración. Según líderes de la comunidad, cerca del 60% de los trabajadores deportados de Petit Jean, ya han regresado al sudoeste de Arkansas y están trabajando nuevamente.
Arkadelphia, una ciudad tranquila de 11,000 habitantes, es un condado “seco” donde está prohibida la venta de alcohol, ha estado atrayendo inmigrantes latinos desde alrededor de 10 años.
Los agentes de la Migra, no avisaron de la redada al procurador local, al sheriff, o a ningún funcionario del condado.
De los 119 trabajadores detenidos, solamente 7 no fueron deportados. Los dejaron en libertad sin fianza para aguardar audiencias ante un juez de inmigración.
“ Para a mí, la incursión fue absurda”, dijo el médico Wesley Kluck, un residente local. ¿Cuál era el propósito de la incursión? Pareciera ser más un motivo político para que la gente admire como la Migra está haciendo un gran trabajo. Para nosotros, fue un tiro por la culata”.
Mike Huckabee, el gobernador republicano de Arkansas, que pudiera candidatearse para presidente el 2008, pidió una investigación por la Casa Blanca de porqué la planta de Arkadelphia fue escogida.
“Nuestra primera prioridad debe ser asegurar nuestras fronteras. Estoy menos amenazado por la gente que cruza para hacer camas, recoger tomates o para desplumar pollos, que por los potenciales terroristas que cruzan la frontera".
Después de la incursión a Petit Jean, Huckabee donó $1,000 a las familias de los trabajadores. Los residentes y los negocios de Arkadelphia donaron $12,000. Algunos residentes hicieron más. El pastor Pentecostal Bill O’Connell , viajó al Centro de detención en Texarkana para visitar a los trabajadores cuyas familias había conocido en su iglesia.
En Petit Jean, actualmente, los funcionarios de la planta dice que la rotación de personal es muy alta. En las mañanas, una docena de aspirantes a trabajos llegan al estacionamiento. Pero la mayoría de los contratados no duran, dijo Ronnie Farnam, el gerente de la planta. El procesar pollos es un trabajo frío, húmedo de donde se sale hediondo a carne cruda. Los trabajadores deben cortar los pollos para dejar las pechugas deshuesadas en líneas de trabajo en cadena, donde cada turno procesa 12,000 libras de aves de corral por día. Sin poder para encontrar bastantes trabajadores, Farnam eliminó 88 puestos de los 550 que existían a la hora de la incursión, reduciendo radicalmente la producción de la planta en cerca de 20%.
Algunos afirman que la planta podría atraer a trabajadores americanos capaces si los salarios en la planta fueran más altos. Donald Beasly, de 34 años, que comenzó a trabajar en la planta poco después de la redada, dijo que los inmigrantes tomaban los trabajos que de otra forma irían a los residentes. Pero él no culpa a los inmigrantes. “Estas plantas de pollo, necesitan pagar más”, dijo Beasly.
Farnam aclaró que el salario medio en Petit Jean para los trabajadores era $8.50 a $9.50 por hora, pero muchos inmigrantes dijeron que su salario inicial comenzaba en $6.
Farnam dijo que él había chequeado las tarjetas de identificación de los trabajadores y que no contrató inmigrantes ilegales a sabiendas. “Si fuimos culpables de cualquier cosa, nosotros fuimos culpables de confiar en ellos” dijo.
Desde la incursión en Julio del 2005, Farnam ha estado chequeando nuevos trabajadores mediante un programa federal que verifica si los trabajadores tienen un número del Seguro Social válido. Sin embargo, el programa no puede determinar si el número del Seguro Social pertenece realmente al trabajador. Por ejemplo, el sistema no puede reconocer a los inmigrantes ilegales que compraron documentos falsos pertenecientes a ciudadanos de los EUA. Farnam aún no ha detectado todavía a un trabajador ilegal.
La redada de Arkadelphia que atrajo atención nacional y que estuvo tan cerca emocionalmente de la comunidad latina de Arkansas y de muchos miles más de simpatizantes y de personas caritativas, ha dejado un recuerdo amargo en todos nosotros, y debiera ser nuevamente el incentivo para demostraciones públicas y pedir con fuerza: justicia y clemencia, una reforma inmigratoria que si nada más, proteja a los niños que muchas veces son los únicos que verdaderamente sufren en estas circunstancias.
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