EL MATRIMONIO COMO CULTURA
Por Michel Leidermann

El matrimonio igualitario no deja de ser noticia por las decisiones de las Cortes Supremas de México y EE.UU. que le han dado más visibilidad. Tanta, que algunos han creído estar frente a un novedoso dilema. Las cosas, sin embargo, no son así. Tal modalidad matrimonial tiene una existencia más larga, que se ha originado de dos maneras.

Por una parte, están los casos de los países que de manera expresa han modificado su legislación para permitir los matrimonios entre personas del mismo sexo. Comenzando con la reforma de Países Bajos en abril de 2001, siguieron Bélgica (2003), España y Canadá (2005), México, Noruega y Suecia (2009), Portugal, Islandia y Argentina (2010), Dinamarca (2012), Francia, Uruguay, Nueva Zelanda y Reino Unido (2013), Luxemburgo y Finlandia (2014), e Irlanda en este año por vía de referéndum. 

Lo acontecido en todos estos casos fue la acción parlamentaria mayoritaria para determinar la calidad de matrimonio, a la unión jurídica de dos personas del mismo sexo. 

La otra ha sido por la invalidación de las normas legales que profetizaban el matrimonio como la unión de hombre y mujer, o establecían que su finalidad era la procreación de la especie. La Corte de Sudáfrica lo hizo desde 2006, y la brasileña determinó en 2013 que las parejas con estatus de “unión estable” debían ser reconocidas como matrimonio.

La Corte mexicana declaró en 2010 la constitucionalidad de los artículos del Distrito Federal que prevén tal posibilidad. Desde 2012, ha considerado inconstitucionales ciertas políticas de los Estados de Oaxaca, Baja California, Sinaloa, de México y Colima, por considerar la exclusividad heterosexual de los matrimonios civiles. Debido a los efectos relativos propios de la  impugnación en los que se ha decretado la invalidez (juicio de amparo), las leyes no se han anulado de manera general.

Sin embargo, al haber una decisión clara de la Primera Sala de la Corte mexicana, el rechazo de cualquier autoridad para casar a las personas del mismo sexo, eso permite el avance de un proceso con altas probabilidades de resultado favorable.

El número de leyes aprobadas por los parlamentos y de declaraciones de invalidez hechas por los tribunales mexicanos, ponen de manifiesto algo que todos sabían: el matrimonio es una institución civil, que dependiendo de los tiempos puede tener contenidos diversos. 

El matrimonio es una institución civil, que dependiendo de los tiempos puede tener contenidos diversos. Es un producto cultural, dinámico y variable, elaborado a partir de diversas representaciones y anhelos individuales que terminan por darle contenido social y, finalmente, forma jurídica.

A pesar de ello, es entendible la reticencia de ciertas comunidades religiosas por mantener una doctrina y rechazar aquello y a aquellos que no la comparten. Ello forma parte de la libertad de creencias y no puede ser obstáculo para impedir que quienes no compartan su credo y su correspondiente visión del mundo, se vean impedidos para adoptar las formas de vida que los procesos democráticos y jurisdiccionales les vayan posibilitando.

El matrimonio es cultura como forma de convivencia sujeta a derechos y obligaciones entre quienes hayan decidido contraerlo. Su variabilidad es, por lo mismo, parte de su condición social y terrenal. A ello, como a tantas otras cosas, la sociedad moderna debe irse acostumbrando.?

 

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