LA ARRIESGADA VISIÓN DE TRUMP PARA EL FUTURO DE LOS ESTADOS UNIDOS
ESGRIME SU NACIONALISMO FURIOSO Y PROMETE UNA DE LAS MAYORES MILITARIZACIONES DE LA HISTORIA
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Trump

“NO SOY EL PRESIDENTE DEL MUNDO, SINO DE ESTADOS UNIDOS”, AFIRMA EL MANDATARIO

Donald Trump enarboló el viernes 24 su bandera más nacionalista. En su alocución a las bases republicanas, el presidente reiteró el repliegue de Estados Unidos a sus propios intereses. Fue la glorificación del Trump más proteccionista. Un líder delirante que ha puesto en lo más alto de su programa la expulsión de inmigrantes, el control de las fronteras y ahora también uno de los “mayores esfuerzos militares de su historia”. “Nadie nos volverá a desafiar. Nadie. No soy el presidente del mundo, sino de Estados Unidos”, clamó.

Trump buscó el patrocinio de los republicanos. Tras un primer mes altamente erosivo en la Casa Blanca, el presidente eligió la Conferencia de la Acción Política Conservadora (CPAC) en el Gaylord National Resort & Convention Center en National Harbor en Maryland, para enfatizar su plataforma populista. La reunión anual le aguardaba ansiosa: la llegada del gran hombre. El comandante en jefe que ha prometido establecer un nuevo orden. 

Trump no decepcionó a su audiencia. Pero tampoco se salió del guión: Inmigración, seguridad, Obamacare, poder militar, desregulación financiera, satanización de los medios… Esta vez unió a todos los tópicos bajo la bandera del patriotismo. “El futuro es nuestro. Estados Unidos será mayor, más grande y fuerte que nunca”, prometió a sus seguidores.

Bajo este fervor nacionalista, Trump apeló a una fórmula que raras veces falla en los mítines: el Ejército como símbolo de la unidad nacional. El presidente prometió un aumento masivo del presupuesto nacional para lograr una defensa “mayor, mejor y más poderosa que nunca antes” “Y esperemos que nunca tengamos que usarla, pero nadie nos va a desafiar. Nadie. Será uno de los mayores esfuerzos de la historia”, afirmó.

Recuperado el orgullo militar, aunque sin ofrecer mayores datos, puso el énfasis en una de sus recriminaciones favoritas: la inmigración. Y ahí no tuvo piedad. Sin importarle la negociación que tiene abierta con México, pulverizó todas las formas diplomáticas y volvió a blandir la construcción del muro como un factor de prosperidad y prometió acelerar su construcción. “Somos un país que pierde trabajos en su territorio y los entrega fuera. Somos un país que defiende las fronteras de otros países, pero no las suyas. Tenemos a los malos adentro y los vamos a echar”, detalló.

Pero la ofensiva no se limita a la inmigración. Para “mantener América segura” hay que tener los ojos bien abiertos. El mundo, según Trump, es un lugar inhóspito. El peligro islamista acecha ahí fuera. Por su culpa, Suecia, Alemania, y Francia viven días difíciles. “Mirad lo que ocurre en el mundo. Nos puede pasar a nosotros. Tenemos que ser inteligentes para evitarlo. Vamos a mantener fuera de nuestro país a los terroristas islámicos”, aseveró.

En esta representación del mundo, la globalización no sólo ha dañado la economía nacional, sino que ha llevado a los Estados Unidos a desperdiciar su energía lejos de donde es más necesaria. Trump lo explicó con un ejemplo espinoso: Oriente Próximo: “Allí nos gastamos $6 billones. Y estamos peor que antes. Con ese dinero podríamos reconstruir tres veces nuestro país”, dijo.

Consciente del origen de sus votos, prometió la redirigir esos “despilfarros” hacia América a las zonas industriales en decadencia, de mayoría blanca, donde apisonan sus simpatizantes. “Les dije a Ford, Chrysler, Fiat, a la gran industria, que volviesen a invertir aquí y ahora lo están haciendo”.

Las apelaciones a la clase trabajadora fueron constantes. Conservador y multimillonario, Trump se ha especializado en dar discursos que recogen el malestar de esta clase poblacional. Incluso a sus colegas republicanos les invitó a sumarse a esta ola: “El Partido Republicano también es el partido del trabajador americano”.

No fue una petición improcedente. Desde el estrado, Trump se sintió con fuerza suficiente para presentarse como el líder de un partido que durante años le tomó por un afuerino al que más de una vez le negó aparecer en sus actos por considerarle un extraño que sólo buscaba su beneficio personal. En la Conferencia de la Acción Política Conservadora, era el presidente, era su presidente. 

Militarización, rechazo a los inmigrantes, vuelta a la mirada interior. Aunque a trazos muy gruesos, la visión prometida por Trump a sus seguidores republicanos, dibuja un país cerrado a sí mismo. Una nación que, como ya ocurriera en otras épocas, ha empezado desconfiar del mundo. 

 

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par Michel Leidermann
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