EL CALOR DE LOS MUXES EN LA REGIÓN ZAPOTECA
INDÍGENAS NACIDOS HOMBRES QUE DESEMPEÑAN CON NATURALIDAD ROLES FEMENINOS 
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Dicen en Juchitán que San Vicente, patrón de esta región del sur de México, viajaba con tres costales llenos de granos que iba repartiendo por todo el país. En uno cargaba los granos masculinos; en otro, los femeninos, y en el tercero los llevaba mezclados. “En Juchitán se le rompió el tercer costal”, bromean en las comunidades zapotecas. Justo en la cintura de México, en el Istmo de Tehuantepec (Estado de Oaxaca), habitan los muxes, indígenas nacidos con sexo masculino que asumen roles femeninos. 

Conocidos como el tercer sexo de México, se cree que el término muxe viene de la palabra española mujer, una derivación fonética que los zapotecas empezaron a usar en el siglo XVI.

Los muxes, reconocidos ya en la época precolombina, son respetados en la familia tradicional, donde los consideran el mejor de los hijos, pues, a diferencia de los heterosexuales, que se acabarán independizando, ellos nunca abandonarán el hogar y serán un apoyo incondicional, especialmente para las madres. A veces incluso, en familias sin hijas, las propias mujeres educan a uno de los varones como si de una niña se tratara.

En la región zapoteca del istmo de Tehuantepec, se denomina muxe (‘mushe’) al género que define a una persona nacida con sexo genital masculino que asume roles femeninos en cualquiera de los ámbitos social, sexual y/o personal. Las personas muxe corresponden a parte del espectro de la diversidad sexual y de género de la cultura occidental. Encontrando sus equivalentes en términos como: travestis, mujeres transgéneras y mujeres transexuales.

Los zapotecas ocupaban un puesto especial en Mesoamérica como una de las civilizaciones más antiguas y avanzadas. Algunos de los primeros ejemplos de gran arquitectura en este continente fueron diseñados y erguidos por ellos.

Desde la época precolombina, los zapotecas consideraban a las muxes parte de un tercer sexo, no mejor o peor que los hombres y mujeres, simplemente diferentes. Algunas muxes formaban parejas monógamas con hombres y se casaban, otras vivían en grupos y otras se casaban con mujeres y tenían hijos.

Cabe notar que el núcleo de la cultura zapoteca era la unidad familiar organizada en un sistema similar al matriarcado. Los hombres se hacían cargo de cazar, cultivar la tierra y tomar decisiones políticas mientras que las mujeres controlaban el comercio y las decisiones económicas. Una muxe podía participar en decisiones que por lo general se reservaban para las mujeres de la familia.

Tradicionalmente algunas muxes también tenían el rol de iniciar sexualmente a los muchachos adolescentes, ya que no era socialmente aceptado que las jovencitas perdieran la virginidad antes del matrimonio.

En otras culturas de esta región han existido grupos que cumplen funciones similares de tercer sexo, como en el caso de los biza’ah de Teotitlán y las Hijras en India.

Un estudio antropológico durante la primera mitad de la década de los 70 encontró que aproximadamente 6% de la población masculina del Istmo de Tehuantepec, estaba compuesta por muxes.

Hoy en día los muxes suelen formar parejas temporales con otros hombres, las relaciones estables a largo plazo no son muy comunes, y es extremadamente raro que formen parejas con mujeres.

En una familia tradicional, el muxe todavía suele ser considerado por su madre como “el mejor de sus hijos” ya que el hijo muxe nunca abandona a los padres en los momentos difíciles de la vida: la vejez y las enfermedades. A diferencia de los hijos heterosexuales que se casan y van a formar otro núcleo familiar que necesita cuidados, el hijo muxe se queda en casa o regresa cuando es necesitado. Por esto, los muxes representan para sus madres tanto una seguridad económica como un apoyo moral, sobre todo cuando en edad madura se quedan solas, ya sea por quedarse viudas, porque el hombre se va con otra mujer más joven o porque ellas mismas deciden separarse.

Los muxes desempeñan funciones socialmente reconocidas y prestigiadas tanto dentro de la familia como en la comunidad como cuidar de los niños, ancianos, limpiar, cocinar y generalmente se quedan en ella donde cuidan a sus padres en la vejez por lo cual son considerados como dadores de atención en muchos de los casos al morir la abuela o la madre heredan su autoridad moral volviéndose el elemento unificador de la familia.

Los muxes tienen una presencia social tan fuerte en Juchitán que tienen una propia festividad, llamada la Vela de las Auténticas Intrépidas Buscadoras del Peligro. Nació alrededor de los 70 como una reunión entre amigos con una común militancia en el Partido Revolucionario Institucional, pero ahora se realiza sin tintes políticos y con la inclusión de toda la comunidad, siendo una clara muestra de que existe la posibilidad de integración de la diversidad sexual en la vida cotidiana de la sociedad oaxaqueña.

Esta vela introdujo en la población zapoteca el show travesti, importado del centro de la república, y que ahora cuenta con gran aceptación en diversas fiestas. Incluso en julio del 2014 se celebró una vela muxe en la ciudad de México y, en noviembre de 2013, en Los Ángeles, Estados Unidos.

Las velas son fiestas prehispánicas que se realizan en la región del Istmo de Tehuantepec en las que se come, se bebe y se baila. 

 

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