EL CLAMOR CONTRA LOS ABUSOS SEXUALES HA HECHO EL 2017 EL AÑO DE LAS MUJERES
‘YO TAMBIÉN’ Y LA REVOLUCIÓN DE LAS MUJERES PARA CONSAGRAR EL CAMBIO DE MENTALIDAD
13842A.jpg

El ‘caso Weinstein’ desencadenó el movimiento #Metoo, que ha logrado unir a miles de mujeres que alguna vez han sido acosadas sexualmente. También ha dado credibilidad y visibilidad a las víctimas de los casos más graves que finalmente han hecho publicas sus denuncias, aun de caso ocurridos muchos años atrás.

Podría haber quedado en el olvido. No sería la primera vez. Mujeres que denuncian públicamente el acoso sexual que han sufrido por parte de un hombre poderoso, que apenas sale con un tirón de orejas. Pero ahora no fue así. A primeros de octubre, corrieron como la pólvora los titulares de que el productor cinematográfico de Hollywood, Harvey Weinstein, era destituido de su empresa tras la publicación, por parte de los diarios The New Yorker y The New York Times, de una multitud de acusaciones de acoso sexual supuestamente cometidos durante décadas y silenciados con pagos y acuerdos de confidencialidad. Sexo, poder, dinero. 

El escándalo provocado por los testimonios de artistas famosas contra Weinstein —Ashley Judd, Mira Sorvino, Angelina Jolie o Gwyneth Paltrow— ha desencadenado un enorme terremoto en Estados Unidos y que ha ido derribando, en cascada, a una serie de hombres poderosos, semidioses en sus respectivos gremios. Un movimiento que ha animado a miles de mujeres anónimas que, bajo el grito de Me too (Yo también) y sintiendo que no están solas, han roto el silencio y se han lanzado a compartir sus propios casos de abuso. 

El fenómeno ha alumbrado un potente movimiento contra esta lacra que no solo ha logrado que la sociedad empiece a considerar esta práctica violentamente machista como algo intolerable, sino que también puede actuar como catalizador para luchar y visibilizar la raíz el problema de la discriminación contra las mujeres. Les ha dado credibilidad y ha racionalizado que, desde la importunación de baja intensidad con comentarios inoportunos hasta el acoso sexual más agresivo, es responsabilidad de quien agrede. Un cambio que ya es difícil que retroceda porque cuando algo se clasifica como injusto ya no puede verse públicamente como tolerable.

¿Por qué ahora estas denuncias? Hay que buscar la respuesta en la expansión de los movimientos feministas que se venían fermentando desde hace al menos un año: la fuerza y resistencia del movimiento ‘Ni una menos’ en América Latina; la inédita Marcha de las Mujeres del pasado enero en Washington contra la agenda ultraconservadora del presidente Donald Trump, un gobernante acusado a su vez de acoso; los paros de mujeres en marzo en todo el mundo; las multitudinarias manifestaciones contra la violencia machista. 

No por casualidad “feminismo” ha sido declarada como palabra del año por el diccionario estadounidense Merriam-Webster, que ha revelado que en 2017 las búsquedas del término se han incrementado más de un 70% respecto al ejercicio anterior. Jamás antes tantas mujeres —también hombres— de distintos ámbitos se habían definido públicamente como feministas, palabra maldita durante años (y que aún incomoda a muchas).

Hay un legítimo debate sobre si todo esto tiene algo de revolución o de moda. Si es un cambio sociológico o una erupción pasajera. Habrá que esperar unos años para saberlo. Aunque parte de esa metamorfosis tan esperada ha llegado ya.

A la hora de valorar si la sociedad está viviendo de veras un cambio de mentalidad, un reconocimiento de esta franqueza resulta una trayectoria mucho más fiable que los despidos fulminantes de empresas. Porque estas, en muchos casos, eran plenamente conscientes del acoso y maltrato sistemático de sus ejecutivos contra las subordinadas y solo actuaron cuando temieron el daño a su reputación.

El campo de batalla es infinito. Cada 10 minutos un hombre asesina a una mujer que es o fue su pareja, según la Organización Mundial de la Salud (OMS) una de cada 14 mujeres ha sufrido algún tipo de abuso sexual. En EE UU ellas ganan, de media, un 16,3% menos por hora trabajada que los hombres. Sólo la quinta parte de los altos ejecutivos en los países desarrollados son mujeres. En América Latina y Caribe, la tasa de participación laboral femenina lleva años estancada en un 53%. 

Todas las revoluciones sociales avanzan a empujones: saltando dos pasos y retrocediendo uno. Hasta que se solidifican. Pero lo que el movimiento “Me too” ya ha dejado claro es que ha servido de purga. Pesos pesados del mundo del cine y la televisión han caído en desgracia, políticos notables han abandonado sus puestos marcados por sus propios partidos. Y lo que no es menos importante: algunos hombres han salido a lamentar y admitir abiertamente que no se tomaron lo bastante en serio el abuso contra las mujeres.

Moda o no, salió a la luz una nueva generación de mujeres inconformistas, cada vez más conscientes de la desigualdad, aunque también del poder del activismo. Pero los procesos de transformación del feminismo son extremadamente lentos porque hay que cambiar grandes estructuras y dinámicas muy profundas. 

 

Edición de esta semana
LOS RESIDENTES DE LITTLE ROCK ELIGEN A FRANK SCOTT Jr. COMO NUEVO ALCALDE
Frank Scott Jr., un banquero y pastor asociado que se crió al sur de la carretera interestatal 630 que divide la ciudad de Little Rock por raza y situación económica, fue elegido el martes 4 como nuevo alcalde de la capital de Arkansas.   / ver más /
Michel Leidermann
comentario
par Michel Leidermann
Los legisladores de Arkansas van a tener mucho que discutir en la próxima sesión legislativa que comienza el 14 de enero, y uno de los muchos temas que abordarán es si aprobar un mayor aumento de fondos por estudiante para las escuelas en varios años.    / ver más /