EL PROBLEMA DEL ACOSO A MUJERES EN TRABAJOS “PARA HOMBRES”
AHORA DESPUÉS DE 50 AÑOS EN QUE LAS MUJERES SE AGUANTARON SIN QUEJARSE O RENUNCIARON, POR FIN ESTÁN DENUNCIANDO QUE ESO YA NO ES ACEPTABLE
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Insultos, toqueteos… incluso abusos. Ese tipo de acoso sexual era considerado casi normal a las pocas mujeres que trabajaban en una obra de construcción, en una mina o en un astillero. Esas profesiones siguen siendo dominadas por hombres y el acoso les puede parecer casi incontrolable a una gran cantidad de mujeres que los sufren.

Sin embargo, ¿qué pasa si el problema no es simplemente cómo se comportan sus compañeros? ¿Qué pasa si el problema es la manera en que la sociedad ha definido esas ocupaciones? Algunos trabajos son “masculinos” —no solo trabajo de hombres, sino también una definición esencial de masculinidad—. 

Aunque las estadísticas son inconsistentes, algunos estudios han concluido que el acoso sexual es más regular e intenso en ocupaciones tradicionalmente masculinas. 

Esta dinámica se desarrolla en lugares de trabajo de toda clase. Como lo dijo de manera mordaz Christine Williams, una profesora de Sociología de la Universidad de Texas en Austin, a las mujeres que tienen empleos “de hombres” les dicen “p…s o lesbianas”, cada una maltratada a su propia manera. 

En entrevistas con más de 60 mujeres en oficios dominados por hombres, como la construcción, Amy Denissen, una profesora adjunta de Sociología de la Universidad Estatal de California en Northridge, y Abigail Saguy, una profesora de Sociología de la Universidad de California, en Los Ángeles, encontraron incontables ejemplos. Aunque también acosaban a las mujeres lesbianas, “de alguna manera, ellas son consideradas menos amenazantes”, dijo Saguy. “Las ven como personas que no son mujeres por completo”.

Además, consideran que las mujeres que intentan seguirles el juego respecto de las bromas sexuales o que se comportan de manera femenina están coqueteando con los hombres o son menos competentes en una cultura laboral en que la capacidad se define en términos masculinos. 

“El acoso sexual a menudo es una manera en que los hombres reafirman la feminidad de las mujeres. Al mismo tiempo, las mujeres usan su feminidad, coquetean un poco y siguen el juego de algunos de los estereotipos de feminidad para que las acepten” dijo Saguy.

Las mujeres, así como los hombres, pueden ejercer el arma de la sexualidad en el lugar de trabajo. En ese caso, además del abuso persistente por parte de los hombres, varias mujeres también han sido acusadas de intercambiar sexo por empleos mejores o menos demandantes físicamente. Sin importar si las obligaron a tener sexo o ellas lo utilizaron para burlar el sistema, una constante ha sido que, en la mayoría de los casos, los hombres son supervisores y tienen el poder de amenazarlas o hacerles favores.

Aunque muchos de los primeros empleos de fábrica en lugares como las plantas textiles fueron ocupados por mujeres que podían optar por no trabajar en las granjas, los hombres se quedaban con muchos de los empleos de mayor estatus y mejores salarios. Los hombres asumieron que los mejores trabajos, los empleos cualificados, eran suyos. Si una mujer se atrevía a tener uno de esos puestos, pobre de ella”.

La mayoría de las personas que se dedicaron a la enfermería en un principio fueron hombres, pero cuando las mujeres acapararon esta profesión, la palabra enfermera se redefinió como cuidadora. 

La actividad secretarial, alguna vez exclusiva de los hombres, acogió los dedos hábiles de las mujeres que tecleaban y estas fueron consideradas “la luz de las oficinas”. 

Esos empleos a menudo tenían sueldos más bajos, mientras que los que requerían fuerza física eran mejor pagados. 

Cuando las mujeres fueron necesarias durante la Segunda Guerra Mundial, se hicieron presentes en las fábricas, pero después de la guerra, los hombres exigieron volver a esos empleos y la mayoría de las mujeres quedaron exiliadas de regreso en la cocina. 

Después de 1964, conforme el Título VII de la Ley de Derechos Civiles se usó gradualmente para dar acceso a las mujeres a industrias que solían cerrarles las puertas, tales como la construcción, la minería y la construcción naval, la furia de algunos hombres creció.

En este momento, algunas mujeres temen que haya represalias debido al enfoque intenso en torno al acoso sexual. Además, hay preocupación de que muchos de los remedios previstos, desde la capacitación hasta la promoción de las mujeres y las fuertes sanciones, puedan no ser suficiente, generar más resentimiento o perpetuar el estereotipo de que las mujeres siempre son víctimas. 

Son necesarios cambios fundamentales, como reestructurar las organizaciones para que sean menos jerárquicas y reexaminar las escalas de pago para el trabajo de los hombres y las mujeres. 

Ahora que los líderes de algunas organizaciones están cayendo después de 50 años en que las mujeres se aguantaron sin quejarse o renunciaron, por fin están denunciando que eso ya no es aceptable. Lo que estamos viendo ahora es un ataque contra el poder masculino y la posibilidad de por lo menos un cambio. 

 

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Michel Leidermann
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par Michel Leidermann
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