LA LASTIMOSA EXPLOTACIÓN DE MUCHAS MONJAS AL SERVICIO DEL CLERO MASCULINO EN LA IGLESIA CATÓLICA
ES LA VIDA DE MUCHAS MONJAS QUE ESTÁN SOMETIDAS A UNA VIDA DE SERVIDUMBRE CONFUNDIDA CON LA VIDA DE SERVICIO
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Un artículo del diario oficial del Vaticano revela cómo muchas monjas están sometidas a una vida de servidumbre. Según el director de la publicación, es una señal de que las cosas “sin duda, van a cambiar”.

Algunas sirven en los aposentos de los obispos o cardenales. Otras trabajan en las cocinas de las congregaciones de la Iglesia. Algunas se levantan al amanecer para preparar el desayuno y no se acuestan hasta que la cena esté servida, la casa arreglada y la ropa lavada y planchada. Ninguna tiene horario ni paga fija que, en caso de existir, pudiera considerarse digna y proporcional al servicio que brindan.

Pero es aún peor: no son reconocidas como pares, ni se les permite ejercer otros oficios para los que están capacitadas y se les ignora sus derechos.

Esa es la vida de muchas monjas que están sometidas a una vida de servidumbre, mayoritariamente al clero masculino de la Iglesia católica, según el artículo publicado en la revista mensual Donne, Chiesa, mondo (Mujeres, Iglesia, mundo) de L’Osservatore Romano, el diario oficial del Vaticano que reconoció que “evidentemente, es una mentalidad machista” y que “tiene que cambiar”.

La periodista en temas religiosos Marie-Lucile Kubacki entrevistó para su artículo a varias religiosas que -usando seudónimos- denunciaron condiciones económicas y sociales injustas, así como las presiones psicológicas y espirituales que enfrentan.

Sor María, por ejemplo, revela que muy rara vez son invitadas a compartir en la mesa de comida. “¿Cómo puede un clérigo querer que su hermana le sirva la comida y luego la mande sola a comer a la cocina?”, se pregunta.

Otra religiosa que ocupa un alto cargo en la iglesia y asume el nombre de sor Paula señala que muchas de ellas no tienen contratos formales con los obispos, las escuelas, parroquias o congregaciones para las que trabajan, por lo que “le pagan poco o nada”.

En el caso de muchas que llegan del extranjero -de África, Asia y América Latina- están pagando una deuda que tienen con la congregación religiosa a la que pertenecen. En algunos de estos casos, se debe a que la institución cuidó de la madre enferma o porque facilitó que un hermano pudiera completar sus estudios superiores en Europa.

Pero, más allá del tema del dinero y de las oportunidades perdidas, la mayor queja es la falta de reconocimiento de su aporte a la Iglesia y de su presencia en ella. Las religiosas sienten que se hace mucho por valorar la vocación masculina, pero muy poco por la femenina.

“Detrás de todo esto, todavía y por desgracia, está la idea de que la mujer vale menos que el hombre. Sobre todo que el sacerdote lo es todo, mientras que la monja no es nada en la Iglesia”, anota la periodista.

El papa Francisco ha mencionado en varias ocasiones la necesidad de valorar el papel de la mujer en la Iglesia. La última vez fue en la introducción de un libro que será publicado pronto bajo el título “10 cosas que el Papa Francisco dice a las mujeres” donde subraya que el servicio no debe ser confundido con la servidumbre. 

 

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