PENA DE MUERTE
La reciente ejecución del dictador Saddam Hussein me hizo reflexionar sobre la validez como castigo de la pena de muerte, especialmente cuando los países que aún la mantienen como castigo máximo, le proporcionan a los condenados innumerables opciones de dilatar la ejecución, disipando con ello la verdadera intención del ajusticiamiento, es decir, castigar por el crimen cometido y para que sirva como medio de disuasión para que otros no cometan ese mismo tipo de crímenes.
Pero vamos por parte. Primero necesito aclarar que sin duda todos están de acuerdo en que la “justicia” debe agotar todos los medios técnicos y científicos posibles y modernamente disponibles (ADN, cintas de video, rastros en computadoras y la Internet, etc.) para que únicamente los verdaderos culpables sean enviados a las cárceles para cumplir sentencias o ser condenados a muerte.
Segundo. El creer que la pena de muerte es un castigo justo o no y que si la cadena perpetua es un castigo aún mayor, es muy debatible tanto política, moral y/o religiosamente, por lo que no quiero entrar en el tema pues ello es demasiado complejo y muy personal. Los libros sagrados de todas las religiones hablan de perdonar a quien nos ofende o causa daño, pero también hablan de venganza (eso de ojo por ojo…) de manera que entrar a discutir esto es demasiado íntimo y debo respetar todas las ideas al respecto aunque no estoy obligado a compartirlas.
Tercero. Sin embargo en aquellos casos y países o estados en donde la muerte es el castigo capital, y cumplidas todas las etapas de apelación legal, el cumplimiento de la pena debiera realizarse más rápidamente y no tomar entre 15 a 25 años como sucede en los EUA. Ese excesivo tiempo que se lleva en apelaciones cada vez a un tribunal superior y por último al gobernador del estado, cuesta a los contribuyentes una gran suma en dinero, a los familiares de las víctimas largos años de sufrimiento, y una dispersión de lo que significa ese castigo y decepción de su efectividad como disuasión a la población en general.
El caso de Hussein fue muy mal manejado por las autoridades irakíes y más bien parece una venganza de los nuevos dirigentes nacionales shiitas, que el cumplimiento de la sentencia al dictador suni y de acuerdo a las leyes irakíes y al dictamen de sus tribunales. El ahorcamiento de Saddam fue hecho apresuradamente, sin respeto por la muerte, y divulgado públicamente (con o sin participación de los gobernantes) a través de la Internet.
Así pues pienso que debieran revisarse los procedimientos judiciales en los EUA de prueba evidenciara, sentencia y cumplimiento de la condena a muerte, para que la pena capital se lleve a cabo más rápidamente y eficientemente y realmente sirva como ejemplo a todos los demás y desaliente más crímenes que merezcan esta pena máxima.
En cuanto a la ejecución de la pena, a través de la historia han habido múltiples formas de llevarla a cabo desde la decapitación (hacha o guillotina), la hoguera, y la horca, hasta las formas más “modernas” como la cámara de gas, la silla eléctrica y por último las inyecciones letales que también han sido criticadas (véase el caso de Florida donde un puertorriqueño sufrió por 30 minutos antes de morir por un problema “técnico” de los médicos que aplicaron la inyección fatal).
Agotadas las pruebas en forma expedita la sentencia debería llevarse a cabo prontamente.
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