Inmigrantes legales no consiguen trabajo acorde con su capacidad
El proyecto de ley de inmigración que fue derrotado en el Senado, habría incrementado el número de visas para trabajadores altamente capacitados. Pero ya hay decenas de miles de inmigrantes capacitados que están en el país y tienen autorización para trabajar, pero que están estancados en trabajos donde no pueden aplicar sus estudios, experiencia y conocimientos.
Las historias de inmigrantes altamente capacitados que realizan tareas humildes son parte del folclor estadounidense: el médico polaco que trabaja de portero, el contador libanés que maneja un taxi, el ingeniero paquistaní que se gana la vida en un restaurante. Día a día se suman nuevos inmigrantes a la nómina.
La falta de conocimiento del inglés y la percepción negativa como cuando la gente piensa en Bolivia, y no imagina que allí pueden haber ingenieros de esa nacionalidad, son obstáculos grandes.
Más de 1,2 millones de personas adquirieron la residencia permanente legal el año pasado. Muchos trajeron consigo su formación profesional, conocimiento de idiomas y la capacidad de trabajar en distintas culturas, cualidades apreciadas por empresas que trasponen las fronteras. Pero el mayor desafío de todos es introducir al recién venido en el sistema de búsqueda de empleos y la cultura del lugar de trabajo.
Pero a diferencia de Canadá y Australia, que seleccionan inmigrantes por sus conocimientos y les ofrecen empleos que pueden aprovechar esa formación, Estados Unidos oficialmente no hace intentos por integrar a los inmigrantes en la economía.
Algunos observan que eso está bien. Ese juicio se ajusta con la admiración que sienten los estadounidenses por el que es capaz de progresar por sus propios medios, dando por sentado que si se tiene capacitación, seguramente se tienen recursos, y por lo tanto necesitan menos ayuda.
Pero eso no es cierto en todos los casos. Entre los inmigrantes que arribaron con títulos universitarios obtenidos en el extranjero, el 42% de los latinoamericanos, el 21% de los asiáticos y el 18% de los europeos, realizan trabajos que no requieren capacitación.
Los extranjeros que trajeron sus títulos de afuera carecen de una red de amigos universitarios que les ayuden a encontrar un trabajo acorde a su capacidad profesional. Y con frecuencia se sienten incómodos con la cultura empresaria estadounidense, que valora la autopromoción y el individualismo.
Por otra parte, los empleadores no saben reconocer los títulos y la experiencia laboral obtenidos en el extranjero y su equivalencia a estudios similares en los EUA.
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