Agricultores dependen del trabajo de los campesinos inmigrantes
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Enfrentados con una escasez de trabajadores inmigrantes, los granjeros desde la Florida hasta California han gestionado ante el Congreso que modifique el sistema para su contratación.
El comisionado de agricultura de Georgia, Tommy Irving, el de mayor antigüedad en ese cargo en la nación, calificó de "vital" para la agricultura el proyecto de reforma de inmigración que finalmente no prosperó.
Los agricultores sostienen que el sistema actual es demasiado costoso e ineficiente, y dicen que los cultivos se están pudriendo en los campos mientras que los trabajadores que siguen el trámite legal están en el extranjero esperando largamente por sus visas.
Los empleadores agrícolas deben conseguir visas H-2A cada temporada para los trabajadores inmigrantes. El proceso toma por lo menos un mes y requiere que los agricultores demuestren que no hay trabajadores estadounidenses disponibles, que suministren vivienda y transporte gratis para los trabajadores, y que les paguen el salario prevaleciente.
Pero los pequeños agricultores dicen que no pueden pagar las cuotas del programa, que cuestan hasta cientos de dólares por solicitud y que el programa es demasiado engorroso.
Las redadas contra los trabajadores inmigrantes y las leyes de inmigración más estrictas también están dificultando encontrar las cuadrillas de trabajadores, y los agricultores dicen que nadie puede reemplazarlas.
Nuevas leyes en varios estados requieren que los funcionarios estatales verifiquen que los adultos que buscan beneficios estatales estén legalmente en el país (Georgia) y también requiere que los empleadores públicos usen un programa federal de certificación laboral para controlar si todos sus nuevos contratados están legalmente en Estados Unidos (Arkansas).
La Federación Estadounidense Agrícola (American Farm Bureau Federation) calcula que por lo menos la mitad del millón de trabajadores agrícolas son ilegales. Perderlos junto con los legales sería "enormemente perturbador" para una industria que produce unos $9.000 millones anuales en frutas y verduras, los cultivos más dependientes de los trabajadores migrantes.
Sin embargo algunos grupos que propugnan un severo control de los inmigrantes, sostienen que por cada trabajador ilegal hay un estadounidense desempleado que podría haber tomado el trabajo.
Pero los agricultores dicen que no encuentran trabajadores estadounidenses dispuestos y capaces. Aún ofreciendo trabajos que están bien por sobre el salario mínimo, no pueden conseguir gente que venga a trabajar a los campos.
Ante el estancamiento de la reformas inmigratoria, seguirán los problemas de la producción agrícola en los EUA, no sólo por la falta de la mano de obra, sino también porque cada día se están restringiendo más las importaciones de alimentos por temor a que pudieran estar contaminados.
La consecuencia más directa, no es tanto la escasez de alimentos, sino un aumento constante de sus precios
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