Dos años después del huracán Katrina
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Dos años después del paso del huracán Katrina que arrasó la costa del Golfo de México, la región ha retornado lentamente a la normalidad recuperándoos de los danos del ciclón y las inundaciones, pero la ciudad de Nueva Orleáns, Louisiana, sigue necesitando ayuda.
El 29 de agosto de 2005, el huracán Katrina, con vientos de 240 kilómetros por hora, tocó tierra en el delta del Mississippi, unas 37 millas al sudeste de Nueva Orleáns, y luego cambió de rumbo hacia el nordeste levantando marejadas de hasta siete metros.
El centro del huracán nunca llegó de pleno a Nueva Orleáns, pero el ciclón levantó las aguas del lago Portchartrain, contenido por diques al norte de la ciudad, la que fue anegada cuando los diques se rompieron cediendo el paso a millones de galones de agua.
De los más de 1,800 muertos que dejó Katrina a su paso por Estados Unidos, al menos 1,577 fueron en el estado de Louisiana, según datos del Centro Nacional de Huracanes.
El grado del desastre es tan inmenso que no es posible la recuperación total, sin los recursos, la pericia y la dirección del gobierno federal, así como el trabajo de obreros que vengan desde fuera..
La población en las 7 parroquias (barrios) de Nueva Orleáns es ahora de aproximadamente 1.1 millón de personas, lo cual equivale a un 16% menos que antes de Katrina, pero ha experimentado un aumento de 6% desde hace un año.
Katrina causó un éxodo de casi un millón de personas en toda la región del sur de Louisiana. Sólo el 39% de los habitantes de la parroquia Orleáns vive allí ahora, y en la parroquia Bernard, hay apenas un 36% de los que había antes del huracán.
La lentitud e ineficacia de la ayuda de los gobiernos federal y estatal para Nueva Orleáns, dejaron a los vecinos que no se fueron o que retornaron, a usar su propio entusiasmo y recursos para revitalizar la ciudad.
Sólo el 40% de los alumnos de las escuelas públicas a las que asisten los negros y los recientes inmigrantes latinos, han vuelto a clase.
El gobierno federal prometió unos $20,000 millones en ayuda a los damnificados por Katrina, pero dos años después gran parte de esos fondos sigue atascada en trámites burocráticos, y muchos recursos y maquinaria movilizados para la costa del Golfo, han resultado inadecuados o no llegaron.
Antes del paso del Katrina, la ciudad de Nueva Orleans tenía un nítido perfil étnico y social, los barrios negros no sólo eran más pobres sino que estaban en las áreas más bajas de la ciudad que ya de por sí fue construida debajo del nivel del lago, siendo estos barrios pobres los más devastados por las inundaciones.
En las áreas de clase media o acomodada que no quedaron anegadas en la mezcla de agua, gasolina, fluidos cloacales y basura putrefacta, como las parroquias St. Tammany, Algiers, partes de Jefferson y el Barrio Francés, la vida ha retornado casi a la normalidad.
Junto con los primeros refugiados que retornaron a su ciudad anegada, comenzaron a llegar los inmigrantes latinos atraídos por los trabajos de reconstrucción y limpieza.
Nadie sabe con certeza cuántos son, pero la llegada de los latinos ha sido una tremenda bendición para la ciudad y sus esfuerzos de recuperación.
En la ciudad, había una fuerte comunidad hondureña antes de Katrina y ahora también se ha registrado un gran flujo de mexicanos y de brasileño.
Por otra parte la aparición de pequeños negocios latinos causó una polémica en la ciudad, y recientemente el distrito de Jefferson prohibió los "taco trucks", las trailas y trocas que venden sus comidas típicas.
La polémica en torno a los "taco trucks", que en vez de perritos calientes venden tacos mexicanos en las calles, el aumento de los delitos contra los inmigrantes y las quejas de algunos grupos negros, demuestra que los cambios demográficos son tan turbulentos como la tormenta de agosto de 2005.
Las autoridades consideraron que esas ventas ambulantes "afeaban" el paisaje y no cumplían con las normas sanitarias obligatorias. Los comerciantes establecidos en la zona, se quejan que los "taco-trucks" eran una competencia desleal.
Además las comunidades negras especialmente en el Distrito Nueve, que fueron las más afectadas por la inundación y las menos atendidas por las autoridades en los días siguientes al huracán, consideran esa inmigración como otro golpe casi mortal. Otros sostienen que mientras nadie se ocupa de los 200.000 negros y 50.000 blancos pobres damnificados por "Katrina", las autoridades toleran la presencia de indocumentados que, a su juicio, traen enfermedades y trabajan por salarios miserables.
Las autoridades de Nueva Orleáns dicen que la población latina ha crecido, de 15.000 antes de la tormenta a unos 50.000 en la actualidad. La población general ha caído de 450.000 antes de Katrina, a 250.000 en la actualidad.
Lo que está claro, es que la demografía de la ciudad ha cambiado en los últimos dos años: la disminución de la población de blancos y negros se ha compensado con el aumento de los latinos, que llegan a trabajar, y no vienen en busca de beneficencia social.
Pero su crecimiento igualmente se refleja, en las matrículas de las escuelas públicas donde ha habido una disminución del 4% en los estudiantes negros y un incremento del 6% de los latinos. Sólo en la parroquia Jefferson, ha habido un incremento del 60% de los estudiantes que tienen conocimiento limitado del inglés.
A mediados de agosto el Departamento de Policía de Nueva Orleans divulgó un informe que muestra un incremento de los delitos en general, pero en particular de los crímenes contra los inmigrantes que carecen de conocimientos y, en algunos casos, de documentos, y por eso temen a la policía.
El informe mostró que han aumentado los robos a mano armada cometidos contra los trabajadores latinos que, porque no tienen cuentas bancarias, guardan en efectivo el dinero que ganan en la construcción o la limpieza.
Sin embargo sin el trabajo y sacrificio de estos trabajadores latinos, Nueva Orleáns estaría ahora en peores condiciones y mucho más atrasada en su recuperación.
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