Diferencias de interpretación
Por Michel Leidermann
México no termina en sus
fronteras.
El reciente discurso a la Nación de Felipe Calderón, ofendió al editor Paul Greenberg del periódico Arkansas-Democrat-Gazette. Greenberg siempre ha sido un defensor de los derechos de los inmigrantes, pero ofendió por la afirmación de Calderón de que “México no termina en sus fronteras”. Así pues el domingo 16 de septiembre publicó este comentario.
“El presidente Felipe Calderón dió su discurso a la nación en días pasados, desde el Palacio Nacional, ya que no pudo hacerlo desde el Congreso Nacional (es el segundo presidente consecutivo de México al que una oposición le niega ese privilegio). Calderón tuvo que conformarse con una ceremonia sólo por invitación para atacar a los gringos que se han atrevido a hacer cumplir sus leyes de inmigración. En una frase particularmente desafortunada, Calderón advirtió: “México no termina en sus fronteras”.
Pueden imaginarse la “fortuna” política que los antiinmigrantes harán de esa afirmación: confirmará todos sus miedos sobre una exagerada “Reconquista mexicana”. Piensen en la reacción de México si Bush proclamara que “los Estados Unidos no terminan en sus fronteras.” ¿Cuanto tiempo antes de que lo denunciaran como un yanqui imperialista? ¿30 segundos a lo más? ¡No hay duda que la influencia de una gran nación no termina en sus fronteras, pero hay maneras más discretas de decirlo”.

Mexicanos deberían pagar por deportación.
El tema de la inmigración indocumentada ha despertado resentimiento entre muchos estadounidenses, porque exigen el respeto a las leyes de este país por todos: ciudadanos y extranjeros, y porque estiman que los indocumentados le están costando a los contribuyentes y quitando trabajos a los residentes legales y ciudadanos.
En la sección Cartas al editor del Arkansas-Democrat-Gazette del Viernes 28 de septiembre,
se publicó esta carta de Barry Lee Emigh (Hot Springs) algo diferente al resto que ya conocemos, ofreciendo una “solución al problema” de los indocumentados.
“Si uno viaja a otro país para trabajar, necesita tener un permiso. Si no, está cometiendo un crimen. Cuando los americanos comenten un crimen no violento, van a la cárcel y trabajan limpiando carreteras y parques. Con ello pagan por su manutención ahorrandole dinero a los contribuyentes. Cuando los mexicanos cruzan ilegalmente la frontera, son detenidos, alimentados, y enviados de vuelta a México, todo pagado por nuestros impuestos, para prontamente volver a cruzar una y otra vez. ¿Dónde esta el impedimento?
La deportación cuesta mucho dinero, y el ICE (Migra) tiene capacidad limitada para hacer su trabajo. Necesitamos establecer un castigo por violar nuestras leyes. ¡Ciertamente no tenemos ningún problema para castigar a nuestros connacionales!
Veamos cuantos inmigrantes ilegales regresan a nuestro país después de haber trabajado obligatoriamente 100 días o más, con muy baja paga o ninguna. Cuesta $38 diarios el mantener un preso en la cárcel. Trabajando por el salario mínimo, ganarían $49 al día. Eso deja $11 diarios para pagar los honorarios judiciales, multas, y el trasporte de deportación. De esa forma los contribuyentes no tendrían que pagarla de su bolsillo.
En lugar de construir un extenso y carísimo muro a lo largo de la frontera, levantemos una cerca metálica y barata alrededor de algunos galpones metálicos con literas. ¿Porqué debemos tratar a los mexicanos que cruzan ilegalmente, de manera diferente a los americanos cuando violan la ley?”
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Michel Leidermann
comentario
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