El drama de los condenados injustamente a muerte
Por Michel Leidermann
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Durante su breve visita a Little Rock el 15 de Noviembre, Juan Roberto Meléndez Colón, quien estuvo encarcelado casi 18 años por un crimen que no cometió, disertó sobre la necesidad de abolir la pena de muerte. Pero además quisimos conocer su impresión sobre la vida que llevan los condenados a muerte y la falta de certeza absoluta sobre su culpabilidad, como fue su propio caso.
Meléndez nacido en Maunabo en la costa sureste a 1 hora de San Juan, conocida como "La Ciudad Tranquila" o "La Ciudad de los Jueyeros", pasó 17 años, 8 meses y 1 día en el Pabellón de la Muerte en una prisión de la Florida, acusado de asesinato en primer grado y robo a mano armada, un crimen que no cometió. Tras su liberación y exoneración del homicidio el 3 de enero del 2002, se convirtió en el condenado # 99 en ser absuelto y puesto en libertad desde 1973 hasta ese año. Ya hay 124 condenados a muerte liberados posteriormente en situaciones similares a la de Meléndez.
Nunca hubo pruebas físicas contra Meléndez vinculándolo con el crimen y su condena y sentencia de muerte se basaron en el testimonio de dos testigos dudosos.
Tras su salida del Corredor de la Muerte, sin amargura, ira, o encono hacia los responsables de condenarlo injustamente, Meléndez viaja por todo los Estados Unidos hablando en público acerca la suprema injusticia de su caso y tratando de convencer al mundo sobre la necesidad de la abolición. Meléndez es un “testamento vivo de la injusticia de la pena capital”.
Más de 13,000 personas han sido ejecutadas desde los tiempos coloniales en los EUA. En el año 1930 hubo cerca de 130 ejecuciones. Por 1967 la pena capital había sido prácticamente suspendida en los EUA por la fuerte oposición general pero en 1976, la Corte Suprema volvió a autorizar la pena capital y desde entonces unas 1,1000 personas han sido ejecutadas.
La historia está llena de casos de personas ajusticiadas equivocadamente. La pena de muerte es diferente a otras penas pues una vez ejecutada no hay marcha atrás.
Al evaluar los costos sociales de la pena de muerte, se debe valorar también la creación de un nuevo grupo de víctimas en la familia, amistades, y conocidos de los ejecutados.
Quisimos conocer más de cerca la experiencia de Juan Meléndez y lo entrevistamos antes de su partida de Little Rock.
Pregunta: ¿tienes familia?
Meléndez: Si mi mamá, cinco tías que me apoyaron todos esos años, 3 hijas y seis nietos casi todos en Puerto Rico. Entré a la cárcel de 33 años y ahora tengo 56.
P: ¿El trato en el pabellón de la muerte es igual al resto de los prisioneros?
M: No. Hay más protección, uno está más aislado pero igual hay violencia y mucha tensión. Ví matar a dos amigos.
P: ¿Qué se necesario para asegurar que los inocentes no sean condenados? ¿Como usar la nueva tecnología?
M: Lo primero es anular la pena de muerte pues no se puede volver atrás También se debe hacer un video de todas las interrogaciones para evitar presiones y confesiones forzadas. El fiscal debe estar bien seguro, especialmente en el caso de asesinatos no hay cabida para errores. Son vidas las que se están perdiendo. Hay que tener mucho cuidado con los testigos oculares, uno de los factores que ha metido más inocentes al pabellón y además usar el ADN. Evitar el negocio con los informantes. Conocer el motivo de los informantes.
P: ¿Y que es esto que muchos prisioneros dicen “encontré a Jesús en la cárcel” y por ello muchos ya no creen que sea sincero?
M: Creo que están muy equivocadas. La persona que está en el pabellón es una persona distinta pues está buscando la Gloria (cristiano, musulmán, budista, no importa), algo más allá de la libertad, sabe que no va salir a la calle. Cuando yo llegué al pabellón yo no sabía leer, no sabía escribir, no sabia inglés. Si el reo no encuentra algo espiritual, se enloquece. Hay mucha gente que sólo habla de lo negativo, pero hay muchos reos que han estado en prisión una sóla vez pues se han reformado de verdad.
P: La pena de muerte no remedia nada pero hay gente de extrema ideología que esta convencida de este “ojo por ojo” y de que “quien a hierro mata a hierro muere". El castigo debe ser proporcional al crimen.
M: Si pero esa gente no continuó leyendo la Biblia que también dice que el que “esté sin pecado que lance la primera piedra” y otras más. Como castigo, la condena perpetua es mayor, pues después de la muerte ya todo se acabó. Además es más barato mantenerlo vivo que ajusticiarlo. Habría que hacer un estudio en Arkansas para saber cuanto le cuesta al estado un ajusticiamiento.
Meléndez concluyó su entrevista con nosotros diciendo que además de hablar sobre su propio caso, también usa como ejemplo los casos de 4 ejecutados que ahora, después de sus muertes, se estaría comprobando que eran inocentes: Rubén Cantú, latino de 26 años ejecutado en Texas en 1993 por un crimen que no cometió a los 17 años; Carlos De Luna, latino ejecutado en Texas en 1989 por un crimen que habría cometido en 1983; Larry Griffin, negro de 40 años ejecutado in Missouri en 1995 por un crimen que habría cometido en 1980; y Cameron Todd Willingham, blanco de 36 años y padre de tres, ejecutado en Texas en el 200 . Con todo ello Meléndez insiste que la pena capital debe abolirse para impedir la muerte de inocentes como sucede repetidamente.
El 10 de diciembre se celebró el Día Mundial de los Derechos Humanos, día en que en 1948 la Asamblea General de la ONU aprobó la Declaración Universal de los Derechos Humanos y por primera vez este año, la Asamblea General dio entrada a una proyecto de resolución para la abolición de la pena de muerte en todo el mundo.
DATOS:
- Actualmente, 87 países han abolido totalmente la pena de muerte, y otros 27 países no utilizan la pena capital en la práctica.
- En un tiempo, la pena capital se utilizaba en casi todas las partes del mundo, pero en las últimas décadas muchos países la han abolido.
- 90 países y territorios han abolido la pena de muerte para todos los delitos;
11 países han abolido la pena de muerte para todos los delitos, excepto los crímenes de guerra;
- 32 países pueden considerarse abolicionistas en la práctica: mantienen la pena de muerte pero no han llevado a cabo ninguna ejecución en los últimos 10 años o más y tienen una política o práctica establecida de no llevar a cabo ejecuciones, lo que hace un total de 133 países que han abolido la pena de muerte por la legislación o en la práctica.
- 64 otros países y territorios mantienen y utilizan la pena de muerte, pero el número de países que realmente ejecutan presos en un año determinado, es menor. Una de las primeras naciones latinoamericanas en abolir completamente la pena de muerte fue Venezuela en 1863. Otras fueron: Colombia (1910), Costa Rica (1877), Honduras (1956), México (2005), Nicaragua (1979), Panamá (1903), Paraguay (1992), y Uruguay (1907). También abolieron la pena de muerte por crímenes ordinarios: Argentina (1984), Bolivia (1997), Brasil (1979), Chile (2001), El Salvador (1983) y Perú (1979).
- Todos los países de la Unión Europea han abolido la pena de muerte. Cualquier país que desee adherirse a la Unión Europea , debe abolirla.
- Los países y territorios que siguen utilizando la pena capital en la actualidad son: Afganistán, las Bahamas, China, Cuba, Dominica, Egipto, Guatemala, India, Irán, Irak, Jamaica, Japón, Jordania, Corea del Norte y del Sur, Libia, Malasia, Pakistán, Rwanda, Arabia Saudita, Singapur, Sudán , Siria, Tailandia, Uganda y Vietnam.

ESTADOS UNIDOS:
La pena de muerte es aún legal en los siguientes estados: Alabama, Arizona, Arkansas, California, Carolina del Norte, Carolina del Sur, Colorado, Connecticut, Dakota del Sur, Delaware, Florida, Georgia, Idaho, Illinois, Indiana, Kansas, Kentucky, Louisiana, Maryland, Mississippi, Missouri, Montana, Nebraska, Nevada, Nuevo Hampshire, Nuevo México, Ohio, Oklahoma, Oregon, Pennsylvania, Tennessee, Texas, Utah, Virginia, Washington, y Wyoming.
El Gobierno Federal y las Fuerzas Armadas de los EEUU permiten la pena de muerte.
Los estados donde se abolió la pena de muerte son: Alaska, Dakota del Norte, Hawai, Iowa, Maine, Massachussets, Michigan, Minnesota, Nueva York, Nueva Jersey, Rhode Island, Vermont, Virginia del Oeste, Wisconsin, y el Distrito de Columbia
COSTOS:
La pena de muerte es mucho más cara que la cadena perpetua sin libertad condicional porque la Constitución exige un largo y complejo proceso judicial para los casos capitales. Por ejemplo, Florida gastó en 44 ejecuciones de 1976 al 2000, $24 millones por cada una; Nueva York gasta $23 millones por cada persona ejecutada desde que se reimplantó en 1995; y California en 11 ejecuciones durante los últimos 27 años, ha gastado $250 millones combinando las gastos estatales y federales.
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