Little Rock inaugura monumento a los nueve héroes negros de Central High
Por Michel Leidermann
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El martes 30 de agosto se inauguró en los terrenos del Capitolio de Arkansas un monumento recordatorio de los 9 estudiantes negros que protagonizaron los hechos que llevaron a la integración formal de los estudiantes negros a las escuelas públicas de Arkansas.
Este monumento es el primero de su tipo rememorando los derechos civiles, que se ubicó en un capitolio estatal en todo el país. Virginia está construyendo uno honrando los derechos civiles y Carolina del Sur tiene uno recordando a los ciudadanos negros.
El senador de Arkansas, Tracy Steele, consiguió reunir los $360,000 que costó su fabricación, de aportes federales y privados.
Además el servicio Postal de los EUA (USPS) lanzó una estampilla conmemorativa de estos nueve estudiantes además de otras 9 estampillas todas recordatorias de eventos claves en la historia de los derechos civiles en los Estados Unidos.
Los nueve estudiantes son:
o Ernest Green, 63, es un gerente de inversiones en Washington;
o Elizabeth Eckford, 63, trabaja en los tribunales de justicia en Little Rock;
o Jefferson Thomas, 62, jubilado como contador del Departamento de defensa;
o Dr. Terrence Roberts, 63, es profesor de sicología en la Universidad Antioch de Los Angeles;
o Carlotta Walls Lanier, 62, es una agente de bienes raíces en Denver;
o Minnijean Brown Trickey, 63, vive en Little Rock pero viaja como docente de historia;
o Gloria Ray Karlmark, 62, vive en Holanda;
o Thelma Mothershed-Wair, 64, jubilada como maestra de economía, vive en Little Rock;
o Melba Pattillo Beals, 63, docente del Departamento de Comunicaciones de la Universidad Dominicana en San Francisco.
Un capítulo fundamental de la lucha por los derechos Civiles en este país, se desarrolló en Little Rock, cuando se materializó la integración de estudiantes negros en las escuelas públicas de Arkansas.
Los hechos que llevaron al desenlace en la Central High School de Little Rock, tuvieron su causa en los acontecimientos de la época.
De 1945 a 1970 Estados Unidos disfrutó de un largo período de crecimiento económico, interrumpido sólo por recesiones breves y bastante suaves. Por primera vez una enorme mayoría de estadounidenses podía gozar de un cómodo nivel de vida. Para 1960 el 55% de todos los hogares contaba con lavadoras de ropa, el 77% poseía autos, el 90% tenía televisores, y casi todos eran dueños de refrigeradores. Al mismo tiempo, Estados Unidos se movía lentamente hacia la justicia racial. En 1941 la amenaza de protestas por parte de los negros persuadió al Presidente Roosevelt a prohibir la discriminación en las industrias de guerra, aunque su orden tuvo sólo un impacto limitado sobre las prácticas de contratación.
En 1948 el Presidente Truman puso fin a la segregación racial en las fuerzas armadas y en todas las dependencias federales.
El fallo Brown vs. la Junta de Educación de Topeka, Kansas, en 1954, permitió a la Corte Suprema determinar unánimente que la segregación en las escuelas públicas era inconstitucional; no obstante, los estados del sur siguieron oponiéndose a la integración durante varios años después del fallo.
En 1957 el gobernador de Arkansas trató de impedir que estudiantes negros se inscribieran en una escuela secundaria para blancos, en Little Rock, capital del estado.
En el otoño de 1957 el juez de distrito federal, Davies, dispuso que nueve hijos de negros habían de recibir enseñanza en la Escuela Superior Central (Central High School) de Little Rock al lado de los alumnos blancos.
Faubus desencadenó un bien calculado movimiento de opinión haciendo que la víspera del primer día de vigencia de la disposición judicial de integración escolar, el 2 de septiembre de 1957, a las nueve de la noche, 150 soldados de su Guardia Nacional rodearan la escuela en el centro de Little Rock.
Mientras la Guardia clausuraba y sellaba las puertas y sus soldados, fuertemente armados custodiaban el patio silencioso y vigilaban la explanada de acceso totalmente solitaria, el gobernador comunicaba por la televisión que reinaba gran indignación, que las gentes soliviantadas se habían rebelado y que columnas de sublevados venían sobre Little Rock, en donde los negros habían agotado las existencias de cuchillos y armas contundentes.
A la mañana siguiente, cuando los nueve estudiantes negros se dispusieron a entrar en las clases, solamente un centenar de los 100 mil habitantes de la ciudad, había acudido a la manifestación. Descorazonados los opositores de verse tan pocos, limitaron su protesta a unos silbidos de cumplido y dejaron pasar a los estudiantes.
En consecuencia y siguiendo las instrucciones del gobernador, fue la Guardia Nacional, con todo su alarde de ametralladoras, la que cerró el paso a los estudiantes negros, en lugar de contener a la supuesta muchedumbre enfurecida.
Por no dar aún su brazo a torcer, Faubus siguió asegurando que todo Arkansas estaba en llamas. Mientras que él mismo se parapetaba y telegrafiaba a Eisenhower la fantástica noticia de que los funcionarios del FBI trataban de raptarlo, la vida discurría en Little Rock tan tranquila y pacífica como siempre.
El 20 de septiembre, Ronald N. Davies, juez de Distrito, publicaba un decreto judicial, disponiendo que el gobernador Faubus suspendiese toda medida susceptible de impedir la integración en la Escuela Central Superior.
Aún cuando el gobernador rehusó comparecer para la notificación, dispuso la retirada de la Guardia Nacional que durante 18 días había tenido prácticamente asediada la Escuela.
El alcalde de Little Rock, Woodrow W. Mann, prometió, por su parte, la protección de la policía municipal a los alumnos negros, cunado el 23 de septiembre se abrieran las aulas a los estudiantes negros.
En efecto, el 23 de septiembre de 1957 iba a decidirse si un Estado tenía la fuerza de voluntad y el poder suficiente para amparar los derechos de los ciudadanos contra la chusma y contra las manías en moda.
Las seis muchachas y los tres muchachos de color entraron aquella mañana en las aulas de la Escuela Superior Central por una puerta lateral, para no ser vistos por la multitud apostada frente a la entrada principal.
Todavía se prolongaron durante todo aquel día los desórdenes y los tiroteos entre los negros y la policía.
A la noche se recibía la proclama del presidente Eisenhower, haciendo saber: "Estoy dispuesto a emplear todo el poder de los Estados Unidos, incluso la fuerza que fuere necesaria, para acabar con la resistencia opuesta a la Ley y hacer cumplir las órdenes del juez federal. Es de suponer que todo ciudadano bien intencionado aspire a que en este litigio se imponga al fin el buen sentido americano de la equidad y de la justicia. Sería una fecha luctuosa para nuestro país, tanto en el interior como a los ojos del mundo, si de ella resultase que sólo bajo la protección de las fuerzas armadas podían entrar los estudiantes en las aulas"
Seguidamente dispuso el Presidente que la Guardia Nacional de Arkansas pasase a depender de la jurisdicción federal y que el Secretario de Defensa, mandase a la Little Rock, fuerzas regulares del Ejército estadounidense.
El 24 de septiembre llegaban a Arkansas 560 soldados de la 101 división de paracaidistas aerotransportados, y el 25 del mismo mes llegaba otro contingente para completar el número de mil.
La histeria masiva de un populacho integrado por algunos cientos de personas había provocado una situación de guerra civil y una crisis política de enorme alcance.
Este episodio de la historia americana por la lucha de los negros en defensa de sus derechos civiles, es comparada por muchos con la lucha que hoy en día enfrentan los latinos y especialmente los indocumentados, en defensa de sus derechos humanos y civiles. Un ejemplo de perseverancia que debemos seguir.
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