No nos engañemos con la inmigración
Por Michel Leidermann
Que dicen los pre candidatos presidenciales sobre la inmigración? Que no están en contra de la inmigración. No, ¡claro que no! Que admiran el trabajo duro y las nobles aspiraciones de los que hacen cola en los consulados americanos en todo el mundo. Pero esa es la inmigración legal. A lo que se oponen es a la inmigración ilegal.
Todos nos oponemos a violar la ley, o deberíamos hacerlo. Decir que se oponen a la inmigración ilegal es como decir que se oponen al uso de drogas ilegales o el exceso de velocidad. La pregunta es si las deben tener o no ciertas pautas. ¿Debería fumar marihuana ser ilegal? ¿Debería aumentarse el límite de velocidad o reducirlo? Hay muchas leyes, y no todas se aplican con igual estrictez.
¿Porqué están tan opuestos a esta forma de trasgresión? Surge la sospecha de que la ilegalidad no es lo que molesta. Lo que les molesta de verdad es la inmigración en general que podría cambiar las costumbres y cultura anglosajonas.
Hay una manera fácil de comprobar esto. Reducir la inmigración ilegal es difícil, pero aumentar la inmigración legal sería fácil.
Si opinan que la inmigración legal es buena y la inmigración ilegal es mala, ¿porqué no aumentar la inmigración legal? ¿Al doble?
Para los Demócratas, la cuestión de si los ilegales deberían obtener una licencia de conducir ha perjudicado tanto a Hillary como a Obama. Por el lado Republicano, los candidatos se acusan unos a otros de haber acogido a ilegales, y con indignación niegan que lo hicieron.
La inmigración siempre ha dividido a ambas partidos, con defensores y oponentes dentro de cada uno. Entre los republicanos, el apoyo a la inmigración es por razones económicas (empresas), mientras que la oposición es cultural (nativistas). Entre los demócratas, es a la inversa: el apoyo a la inmigración es cultural (grupos étnicos), mientras que la oponen económicamente (sindicatos).
Tal vez los opositores tienen razón, y ahora la inmigración es perjudicial para los EUA: robando puestos de trabajo y oportunidades, desplumando a los contribuyentes, quebrantando la cultura.
Es verdad que no podemos permitir que entren todos los que quieren venir. Hay un número de inmigrantes que podría ser demasiado. En todo caso, una democracia tiene el derecho de decidir si se ha llegado a ese punto y que hacer al respecto. No hay obligación de ser justos con los extranjeros.
Pero no nos engañemos de que todo lo que interesa es obedecer la ley y todo lo que pedimos a los ilegales es que se vuelvan a casa y hagan fila como todo el mundo. Sabemos perfectamente que la cola es demasiado larga, y básicamente le estamos diciendo que no vuelvan
Los motivos de los inmigrantes ilegales son idénticos a los de los inmigrantes legales: “buscar una vida mejor".
De hecho, son idénticos a los motivos de nuestros propios padres, abuelos y bisabuelos cuando ellos inmigraron.
Y no sólo eso. Pregúntese quienes de estos tres grupos - inmigrantes legales e ilegales actuales y los de hace generaciones - han demostrado más impresionantemente su valoración por los EUA.
¿Cuál ha mostrado la mayor voluntad de arriesgarlo todo para llegar a los EUA y la voluntad de trabajar más duro una vez aquí?
Probablemente los más gratificados por los valores americanos, serían los ilegales: haciendo nuestro trabajo sucio con temor constante de ser deportados, pero tratando de volver una y otra vez.
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