Lavado de huesos es ritual de origen maya en Campeche
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Con agua, cal, brocha y pincel en mano y mantel recién lavado -para cubrir luego las osamentas-, los habitantes de Pomuch —una comunidad del sureste de México ubicada a 65 kilómetros de la capital del estado de Campeche— encontraron la forma más pragmática de acercarse a sus muertos: lavando, decorando y tocando los huesos.
Como una de las tradiciones con motivo de la celebración de los fieles difuntos, habitantes de esta comunidad acuden al cementerio a limpiar osarios y desempolvar los restos de sus seres queridos fallecidos un ritual considerado por muchos macabro e impresionante.
Para los habitantes de Pomuch, limpiar los restos de sus muertos antes del día de fieles difuntos, es una tradición, al parecer única en el mundo, que se conserva viva desde hace varios siglos. Limpiar los huesos es como bañar el cuerpo del ser querido, ya que consideran que éste aún no ha desaparecido.
Decenas de personas acuden al cementerio del pueblo para que en medio de todo un ritual hagan la limpieza de los huesos de sus seres queridos que ya fallecieron, pues tienen la creencia de que al llegar el día de muertos las ánimas deben encontrar cada año, limpios sus restos.
El trabajo de limpieza puede durar hasta 4 horas o varios días, dependiendo de la minucia o destreza que se tenga. Por tanto, el panteón —donde se realiza la práctica— se convierte anualmente en una peculiar lavandería donde las familias conversan entre sí mientras hacen su labor.
Los habitantes de esta población indígena maya sacan los restos de sus parientes tres años después del fallecimiento y los colocan en cajones de madera o cartón de 60 por 30 centímetros y los cubren con la manta bordada que debe ser cambiada cada celebración de Día de Muertos.
Después, los huesos son decorados con colores pastel y envueltos en mantas de tela bordadas con el nombre del difunto y sus gustos en vida: flores, aves, autos, casas… Los bordados son principalmente de flores de punto de cruz o simplemente llevan las iniciales del occiso y cuando se trata de los niños se bordan figuras infantiles en colores vivos. Según la creencia, la servilleta representa la ropa del muerto y debe ser nueva, pues de lo contrario el ánima no llegará a ese lugar cuando lo vayan a visitar.
La fecha que marca el inicio anual de esta añeja costumbre es el 26 de octubre y en la víspera del 2 de noviembre los restos deben estar completamente limpios y envueltos en las mantas bordadas.
Pomuch es famoso también por la elaboración de pan, es el único en todo el Camino Real que mantiene viva esa tradición que iniciaron los mayas como una muestra de respeto y amor hacia sus muertos.
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