"Fui Forastero y Ustedes me Recibieron"
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Queridos Amigos en Cristo Jesús:

La protección de los derechos humanos es un componente esencial de nuestra fe católica y ustedes y yo estamos obligados a examinar los problemas de nuestro tiempo a la luz de las verdades de nuestra fe. La protección de los derechos humanos es también un componente esencial de ser un buen ciudadano americano. Uno de los temas más apremiantes de hoy en el cual nuestra fe tiene mucho que ofrecer es el tema de la inmigración y en particular los derechos humanos de los inmigrantes que no tienen documentos. Este es un tema muy cerca a mi corazón y muy importante para muchos de los católicos de Arkansas, y es por eso un tema digno para mi primera carta pastoral como obispo de Little Rock.
El Dios de la Biblia es un Dios de inmigrantes y la historia de la salvación se desarrolla principalmente en el contexto de inmigración:
• Dios mandó a Abraham y Sara que migren de su patria y los condujeron en una jornada que terminó con su asentamiento en Canaán como inmigrantes.
• José fue vendido para ser esclavo en Egipto y más tarde él hizo los arreglos para que toda su familia inmigrara a Egipto en tiempo de hambruna.
• Dios envió a Moisés a liberar de Egipto a los esclavos hebreos e hizo una alianza con ellos en el desierto en camino hacia una nueva tierra que les había prometido.
• Más tarde Dios regresó a Israel a su pueblo de su cautiverio en Babilonia, pero durante los siguientes siglos el pueblo judío seguía migrando a ciudades en todas partes del mundo antiguo, formando una diáspora esparcida entre las naciones, a veces debido a pobreza o persecución, y a veces en busca de mejores oportunidades.
• En el Nuevo Testamento, José y María vivían en Nazaret cuando Jesús fue concebido, pero aparentemente no eran ciudadanos de Galilea [“Galilea de los gentiles”] lo que explica el motivo por qué tenían que ir a Belén en Judea para el censo. Eran refugiados en Egipto y tuvieron que cruzar la frontera sin el permiso del gobierno que huían y eventualmente se asentaron en Galilea una vez que les fue evidente que el nuevo gobierno del Rey Arquelao de Judea no era mejor que el de su difunto padre el Rey Herodes.
En toda la Biblia se hace gran hincapié en la presencia de Dios entre su pueblo inmigrante y que él nos juzgará basándose en el modo que tratamos al forastero.
“Vengan…y tomen posesión del reino que ha sido preparado para ustedes desde el principio del mundo…porque fui forastero y ustedes me recibieron en su casa”…“¿Cuándo te vimos forastero y te recibimos?”...“En verdad les digo que, cuando lo hicieron con alguno de los más pequeños de estos mis hermanos, me lo hicieron a mí.”…“¡Malditos, aléjense de mí y vayan al fuego eterno, que ha sido preparado para el diablo y para sus ángeles!...porque era forastero y no me recibieron en su casa”… “¿cuándo te vimos forastero y no te ayudamos?”… “Siempre que no lo hicieron con alguno de estos más pequeños, ustedes dejaron de hacérmelo a mí.” Éstos irán a un suplicio eterno y los buenos a la vida eterna.
EL CONTEXTO ACTUAL
Usualmente hoy, se discute el tema de inmigración desde una perspectiva económica o política. Cada lado presenta datos estadísticos que creen apoyar su posición respecto como tratar el fenómeno de inmigración sin documentos. Yo creo que este modo de tratar el asunto es inadecuado. Las fronteras nacionales no impiden los movimientos demográficos casi nunca cuando hay fuertes motivos económicos por esa migración—la ley de oferta y demanda. Por eso, si no queremos recurrir a medidas extremas, la única opción de punto de vista histórico es decidir como gestionar esa migración hoy. Entre 1986 y 2008 el presupuesto de la Vigilancia Fronteriza (Border Patrol) subió más de 5,600%, el número de agentes se quintuplicó y reforzaron los puntos de entrada fronterizos, y sin embargo durante esos mismos años la población inmigrante sin documentos triplicó alcanzando al menos 12 millones, a pesar de la legalización de otros tres millones por la Ley de Reforma y Control de Inmigración de 1986 (The Immigration Reform and Control act of 1986). ¿El motivo? Insuficientes avenidas legales para la entrada de inmigrantes a los Estados Unidos, en comparación con el número de empresas que necesitaban obreros.
¿Adoptaremos una política positiva que ayuda a los nuevos residentes a participar plenamente en la sociedad? ¿O adoptaremos una política negativa y así crear una subclase marginada y un vivero de resentimiento? La deportación de millones de personas y cerrar la puerta a futura inmigración no son opciones realistas históricamente, económicamente o socialmente. Nuestra única verdadera opción es la de facilitar este proceso para el bien común o crear la más posible miseria —y cosechar las consecuencias indeseables. Hay, desafortunadamente, una incongruencia inmensa entre las realidades económicas y sociales que causan inmigración y las actuales leyes migratorias de los Estados Unidos, que de muchas maneras intentan impedir la inmigración de ciertos países y no facilitar el proceso.
La mayoría de americanos no están conscientes de las barreras imposibles que enfrentan las personas que quieren entrar a nuestro país legalmente. ¿Sabe usted que es casi imposible que un mexicano inmigre legalmente a los Estados Unidos si no cuenta con familiares cercanos que ya son ciudadanos americanos? ¿Sabe usted que hay actualmente un retraso de 16 años para conseguir esas visas de reunificación familiar porque hay un máximo de 26,000 visas por año alocadas a inmigrantes mexicanos? Casi todos estos son ajustes de estatus para personas que de hecho ya están presentes adentro de los Estados Unidos. No hay visas disponibles para los más de 500,000 inmigrantes mexicanos que entran a los Estados Unidos cada año.
La Iglesia no reclama ser experta en los aspectos políticos, económicos y sociales del muy complejo tema de inmigración, pero la Enseñanza Social Católica sí ofrece una base sólida y confiable para abarcar asuntos relacionados con la dignidad humana que Dios nos da, y la protección de esa dignidad humana debe ser el punto de partida de todo sistema jurídico justo. Vimos esto claramente en la lucha por los derechos civiles, que era más correctamente una lucha para la protección de los derechos “humanos” del pueblo Africano-Americano, no sólo sus derechos “civiles.”
El segundo párrafo de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos declara:
Consideramos estas verdades evidentes en sí, que todos los hombres fueron creados iguales, que fueron dotados por su creador con algunos derechos inalienables, que entre ellos son el de la Vida, la Libertad y la búsqueda de la Felicidad. Que para asegurar estos derechos, los hombres instituyen los Gobiernos, que deriven sus poderes justos del consentimiento de los gobernados…
El consentimiento de los gobernados es más que sólo el consentimiento de los ciudadanos: “los gobernados” incluyen a todos los que habitan el territorio gobernado por ese gobierno, no obstante su estatus legal. En el pasado, los Africano-Americanos y los Nativos Americanos carecían estatus legal. Se les gobernó sin su consentimiento y se les negó el ejercicio de sus derechos humanos intrínsecos. La Constitución de los EE.UU. contaba a los esclavos como sólo tres quintos de persona y aunque emancipados después de la Guerra Civil, se les quitaron sus derechos humanos durante muchos de los siguientes 100 años por medio de leyes posteriores y decisiones de la Suprema Corte. La Constitución de los EE.UU. no contaba a los Nativos Americanos como personas y no llegaron todos a ser ciudadanos estadounidenses hasta 1924. Los Africano-Americanos y los Nativos Americanos formaban parte de “los gobernados” sin voz y sin cuyo consentimiento [antes de la ley de derecho a votar de 1964] se les imponía leyes formuladas precisamente para marginar a estos sectores de la población. Hemos logrado mucha mejoría en las relaciones raciales durante los últimos 44 años, pero todavía hay mucho más que hacer—las heridas de la opresión son profundas, como también la alienación consecuente. Hoy en día estamos creando una situación comparable por medio de leyes migratorias que tienen el propósito de negar a millones de personas el ejercicio de sus derechos humanos intrínsecos. ¿Aprenderemos las lecciones de la historia?
¿ES LA INMIGRACIÓN UN DERECHO HUMANO INTRÍNSECO?
Los derechos humanos eran inscritos por el Creador en el orden de la Creación… [no son] concedidos por instituciones humanas, [ni] por los estados ni organizaciones internacionales…
Los derechos humanos intrínsecos derivan de nuestra dignidad y trascendencia inherente como personas creadas por Dios y redimidos por Cristo. Aun la Declaración de Independencia Americana hace referencia a un Creador que nos ha dado derechos que no deben negarnos nadie. Estos derechos humanos intrínsecos son universales, pertenecientes a todos no importa su raza, ciudadanía, cultura o género, y válidos en todos los tiempos y todos los lugares. Son inherentes en la persona humana y así inalienables, lo que significa que no derivan del estado y no nos pueden ser quitados por el estado ni de otros modos perdidos. Ningún gobierno tiene la autoridad de negarnos los derechos que Dios nos da, ni aplicarlos de modo selectivo o discriminatorio. Cuando Dios hizo a la humanidad responsable de la administración de su creación, eso incluyó tomar cuidado de otros y defender y proteger sus derechos. La compasión y solidaridad con las víctimas de violaciones de sus derechos humanos nos hacen más humanos y más conscientes de la necesidad de afirmar los derechos de todos. Es parte de nuestra lucha diaria de hacer presente entre nosotros el Reino de Dios.
La Declaración de Independencia de los Estados Unidos nombra tres derechos humanos fundamentales que son intrínsecos e inalienables: “La Vida, la Libertad y la búsqueda de la Felicidad”. Inalienable significa que no tiene nadie el derecho de negarnos estos derechos y son inalienables porque son intrínsecos, inherentes en la persona humana. Era para asegurar estos y otros derechos que los padres de nuestra patria decían que prometían “nuestras Vidas, nuestras Fortunas y nuestro Honor sagrado”. El único de estos derechos inalienables que es absoluto es el Derecho a la Vida, del cual la Iglesia Católica sigue dando testimonio elocuente. Todos los demás derechos, sean inalienables o no, están limitados por el bien común, entendido como el bien compartido de todos los residentes de la comunidad o de la nación, y también por extensión toda la familia humana. Este vocablo no se refiere al mayor provecho de ningún grupo particular dentro una sociedad o una nación, sino de todos sus miembros y el bien universal de todo el mundo.
El derecho de migrar no es un derecho en sí, en lo abstracto (en cualquiera circunstancia sin restricciones) y de hecho hay situaciones donde el bien común pueda impedir la migración. Pero sí hay un derecho de migrar para los que lo hacen para así ejercer los derechos que Dios les da y cumplir con sus obligaciones ante Dios, por ejemplo cuando es necesario para proteger y proveer para su familia o para huir persecución. Este derecho de inmigrar ha sido afirmado ya desde el inicio de la colonización británica del “nuevo mundo.” Ese derecho, y otros derechos de los inmigrantes, tal como el derecho a trabajar son una extensión de nuestro intrínseco y así inalienable derecho a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad, como sigue:
1. Con el derecho a la vida viene el derecho de acceso a las necesidades básicas de la vida: alimentación, ropa, abrigo, cuidado médico básico, empleo decente que paga lo suficiente para proveer por su familia, etc. Con estos derechos viene la obligación de trabajar para satisfacer estas necesidades básicas, como también la obligación de todos—en pobres y ricas naciones—de remediar los problemas económicos, sociales y políticos, globales y locales, que niegan a personas las necesidades básicas de vida y así los obligan a migrar Los padres de familia tienen la obligación de proteger a sus hijos y proveerles. Si no lo pueden hacer en su lugar de origen, llega un punto cuando se encuentran obligados moralmente a buscar otras opciones, incluyendo migración dentro su país o a otro país.
Este derecho a las necesidades básicas de vida es intrínseco a la persona humana, pero no es sin límites. Viene con responsabilidades, incluyendo la obligación de hacerlo dentro el sistema cuando eso es posible. Desafortunadamente, para gran parte de los pobres que inmigran a los Estados Unidos hoy, no es posible hacerlo dentro del sistema --y es por eso que escribo esta carta pastoral. El derecho de inmigrar está limitado también por el bien común: el derecho de otros a las necesidades básicas de la vida, incluyendo los que ya habitan la tierra hacia donde los inmigrantes quieren migrar. Estudios recientes, incluyendo aquel del Consejo de Asesores Económicos del Presidente, demuestran que la ola de inmigrantes más reciente ha producido beneficios económicos para los Estados Unidos más grandes que el costo. En todo caso, los ciudadanos como también los recién llegados tienen el deber de servir el bien común extendiendo la mano hacia el otro.
2. Con el derecho a la libertad viene el derecho de libertad religiosa, el derecho a la propia identidad, no importa su raza, religión, género, condición legal, utilidad a la sociedad, salud, etc., y el derecho de participar en la vida de la comunidad—una legítima participación en el ejercicio de poder y una distribución equitativa de los bienes y servicios de la comunidad. No deben existir residentes de segunda categoría; el camino hacia la ciudadanía debe ser corto y muy disponible. El derecho de libertad está limitado también por el bien común, incluyendo la necesidad de aprender el idioma local [en nuestro caso, el inglés] y de respetar las costumbres, la cultura y las instituciones del nuevo país y localidad donde los inmigrantes quieren vivir. Es importante notar que 75% de los inmigrantes de hoy lo aprenden suficientemente para poder conversar en inglés dentro de 10 años de su llegada. Aman a América y quieren ser americanos; es por eso que están aquí.
3. Junto con el derecho a la búsqueda de la felicidad viene el derecho a la actualización de uno mismo, creado en la imagen y semejanza de Dios, e incluye el derecho al matrimonio [limitado por las leyes de la naturaleza], el derecho a una educación y el derecho de poseer propiedad [otra vez, limitado por el bien común, las necesidades básicas de otros].
¿POR QUÉ TENER FRONTERAS NACIONALES?
El hombre tiene el derecho de salir de su tierra nativa por varios motivos—y también el derecho de regresar—para buscar mejores condiciones de vida en otro país.
Si Dios ha dado a todos el derecho de inmigrar, ¿por qué tener fronteras nacionales? ¿Debe la frontera entre los Estados Unidos y México ser lo mismo que la frontera entre Arkansas y Oklahoma? Las fronteras, como todas las invenciones humanas, están al servicio del bien común. Actualmente, el bien común está mejor servido teniendo fronteras muy abiertas entre los estados dentro de los Estados Unidos. Es muy fácil moverse a otro estado, registrarse para votar y poco después participar en las próximas elecciones. Los movimientos demográficos son constantes dentro y entre los estados americanos, (por ejemplo la migración de la región del Delta en el oriente de Arkansas hacia la parte noroeste del estado donde hay mucho más trabajo), como también la migración entre los diferentes estados (por ejemplo de los estados de industrias antiguas y menos productivas del norte hacia los estados en el sur donde hay nuevas industrias más productivas). Esas migraciones internas son normales y responden a la ley de oferta y demanda. Cada diez años la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, como también las legislaturas de los estados, redistribuyen los asientos y distritos conforme con estos cambios demográficos.
Si es así dentro y entre los estados, no debe sorprendernos el hecho que la misma ley de oferta y demanda produzca cambios demográficos también a nivel internacional, sobre todo entre países vecinos. Esto se verifica aun más en el mundo actual, que está caracterizado por un aumento de entre-dependencia de pueblos y el movimiento rápido entre países de capital, bienes e información. Pero las fronteras nacionales son creaciones necesarias diseñadas para crear orden dentro y entre naciones para beneficiar a ambos,
• para identificar los límites del área donde las instituciones gubernamentales y sociales deben desempeñar sus respectivas responsabilidades al servicio del bien común,
• para proveer la seguridad nacional y proteger la soberanía e identidad legítimas del estado—esto incluye el derecho y deber de proteger y asegurar sus fronteras,
• para proteger a cada país de agresión militar injusta,
• para prevenir crímenes,
• para fomentar el bienestar económico de cada sociedad y ambas sociedades,
• para prevenir la transmisión de enfermedades entre humanos, animales y plantas,
• para facilitar el movimiento humano entre las naciones por motivos de comercio, turismo, intercambios intelectuales e inmigración.
Sobre todo, tal vez, las fronteras ofrecen un modo importante de ubicar, pero no limitar, la responsabilidad del estado de salvaguardar los derechos de sus miembros.
El problema de las leyes migratorias de muchos países, incluyendo los Estados Unidos y México, es que las leyes actuales impiden la migración humana en lugar de facilitarla para el bien común. También México tiene leyes que intentan impedir la entrada de inmigrantes centroamericanos cruzando su frontera sur. Una consecuencia no pensada de leyes migratorias injustamente restrictivas es la realidad que cuando se les obliga a las personas a eludir la frontera para ejercer sus derechos, llega a ser más fácil que otros lo hagan por motivos que son contrarios al bien común.
Desde los atentados de terroristas contra las Torres Gemelas y el Pentágono en 2001, el gobierno de los EE.UU. ha restringido mucho sus fronteras en un esfuerzo de impedir otros ataques de terroristas, aunque ninguno de los terroristas de 9/11 entró los EE.UU. ilegalmente desde México. De hecho, la ley actual ha tenido el efecto opuesto. Al crear condiciones que obligan a un diluvio de buenas y diligentes personas a eludir la seguridad fronteriza, “evitando la puerta”, millones de personas entran el país inadvertidas por el gobierno, de modo que el gobierno no puede dedicar sus recursos limitados de modo eficaz en su lucha contra verdaderos elementos criminales y verdaderas amenazas a nuestra seguridad. Si realmente quisiéramos saber quien está aquí, sería mucho más eficaz tener una política migratoria legal más generosa que permitiera a las personas honestas “pasar por la puerta”. Podríamos verificar su identidad fácilmente y luego prestar mucha más atención al grupo mucho más pequeño de personas que tal vez seguirían “evitando la puerta” para eludir descubrir sus actividades criminales—por ejemplo, narcotraficantes.
¿NO PREMIARÍA LA AMNESTÍA A LOS QUE VIOLARON LA LEY?
Esta atmósfera de bienvenida es cada vez más necesaria al enfrentarse a las diversas formas en las que actualmente nos distanciamos unos de otros. Esto se experimenta de manera evidente en el problema de millones de refugiados y exiliados, en el fenómeno de intolerancia racial así como en la intolerancia hacia aquellas personas en las que su única “culpa” es la de estar buscando un trabajo y una mejor condición de vida fuera de su propio país, y en el temor de todos aquellos que son diferentes y por lo tanto, vistos como una amenaza.
La palabra “amnistía” no es adecuada. La amnistía es el perdón de alguien que es culpable de un delito. La mayoría de los inmigrantes sin documentos vinieron a este país ejerciendo sus derechos humanos que vienen de Dios. No se hablaba de una “amnistía” de los que eran “culpables” de desobediencia civil durante las manifestaciones en la época de Derechos Civiles. Ellos defendían sus derechos humanos obedeciendo una ley más alta. En el caso de las leyes racistas denominadas leyes Jim Crow, era la ley misma que era criminal a los ojos de Dios, no aquellos que la desobedecieron.
En lugar de enfocarnos en los que eran obligados a infringir la ley para proveer las necesidades básicas de su familia, conviene más enfocarnos en el trabajo de remediar las leyes infringidas, quebrantadas en el sentido de que no funcionan y no pueden funcionar porque impiden y no facilitan el ejercicio de los derechos dados por Dios a los inmigrantes. En lugar de “amnistía”, lo que debemos ofrecer a los inmigrantes es “bienvenida”.
¡PERO LA LEY ES LA LEY!
¡Den al César lo que es del César, y a ios lo que es de Dios!
Hay aquellos que dicen que si remediamos las actuales leyes migratorias injustas, tendrá el resultado de legitimar las acciones de todos aquellas personas que cruzaron la frontera ilegalmente, creando falta de respeto para los principios de derecho en el presente y sería un precedente malo para el futuro. Se decía lo mismo en contra los que tenían “falta de respeto” de las leyes de segregación Jim Crow en el sur de los EE.UU. ¿Quién dañó más los principios de derecho en nuestro país, aquellos que promulgaron las leyes Jim Crow o aquellos que las quebrantaron porque eran injustas? ¿Cuántas avenidas hemos nombrado en honor de Martin Luther King y cuántas en honor de Jim Crow, cuyas leyes Martin Luther King, Jr. desobedecía? La ley no tiene nada de sagrado en si misma—“El sábado fue creado para el hombre, no el hombre para el sábado.” La ley es sagrada sólo en la medida que está arraigada en la verdad y la justicia, y sólo en la medida que sirva el bien común. George Washington, Benjamin Franklin y Thomas Jefferson desobedecieron las leyes injustas de Inglaterra y exigieron protección de los derechos inalienables que vienen de Dios y no del Rey Jorge III. Jesús aclaró esta ley más alta cuando dijo, “¡Den al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios!”
¿NO ES LA INMIGRACIÓN ILEGAL ALGO MALO?
La ley civil debe asegurar que todos los miembros de la sociedad disfruten respeto por ciertos derechos fundamentales innatos, derechos que toda ley positiva debe reconocer y garantizar…Así que cualquier gobierno que no reconoce los derechos humanos o actúa de modo que los viola, no sólo falta en hacer su deber; sus decretos carecerían fuerza--totalmente.
Sí, la inmigración ilegal es una cosa mala. Una cosa muy mala. Muy dañina a los inmigrantes y también en cierta medida dañina al país. Aquí sería bien recordar la distinción entre infracciones “civiles” (presencia sin documentos, por ejemplo no saliendo del país antes del vencimiento de una visa válida) e infracciones “criminales” (por ejemplo, entrada en contra de la ley). Una consecuencia de las leyes migratorias actuales de los EE.UU. es que cuando los hijos de los inmigrantes sin documentos escuchan a otros decir que sus buenos, honestos padres son “ilegales” o peor “criminales”, el concepto de ilegalidad o criminalidad está disminuida, lo que hace que verdaderos crímenes les suenen menos graves también. Además, la gente teme denunciar a la policía otros crímenes o aun solicitar la ayuda de la policía cuando ellos son víctimas [por ejemplo, en casos de violencia doméstica] porque temen que la policía los pueda arrestar a ellos en lugar del otro, debido a su estatus migratorio. Esto hace mucho más difícil el trabajo de la policía porque ellos necesitan el apoyo de la comunidad para ser eficaces en su lucha contra elementos criminales.
Desafortunadamente, las leyes migratorias de los EE.UU. no proveen a la gente otra alternativa en el ejercicio de su derecho humano básico de inmigrar. ¿Es este un caso donde los fines justifican los medios o el menor de dos males—ninguno de los cuales es moralmente admisible? No, porque la inmigración en ejercicio de los derechos humanos intrínsecos es justificable y no mala, aunque requiere la violación de una ley injusta. La solución al problema de inmigración ilegal es no hacerla aun más difícil y peligrosa, sino eliminar las causas de inmigración ilegal, como sigue:
1. Eliminar todo lo que impide el movimiento libre de personas honestas que quieren cruzar fronteras nacionales, y promulgar políticas migratorias que reflejen mejor las realidades económicas que causan mucha migración. Una política migratoria más generosa nos capacitará a controlar mejor a ciertas personas que entran al país y mejor proteger a la gente de los elementos criminales que explotan a los inmigrantes.
2. Trabajar para remediar las disparidades de riqueza y desarrollo económico a nivel internacional, sobre todo en los países de origen de los inmigrantes. La gente abandona su país generalmente porque no hay otra opción, para proteger y proveer a sus familias.
3. Crear un sistema que acoge a inmigrantes, facilita su adaptación a la vida en los Estados Unidos y les provee un camino fácil a la ciudadanía.
EN CONCLUSIÓN
No oprimas al extranjero, pues ustedes fueron extranjeros en Egipto
y ya saben lo que es vivir en otro país.
Una de las características constantes de la historia americana es el hecho de inmigración y el proceso de conversión, por cual la población que los recibe aprende a ablandar su corazón y abrir los brazos para acoger al inmigrante. Como ya hemos visto antes con las olas de inmigrantes irlandeses, alemanes, italianos y de europea oriental, este proceso toma tiempo—tiempo para que los inmigrantes se asimilen y tiempo para que la población que los recibe se sienta cómoda con los nuevos. Los antepasados inmigrantes de los americanos de hoy enfrentaron y superaron muchos de los mismos obstáculos que ahora enfrentan los inmigrantes de hoy. Nos asombra leer de la malicia de los letreros que decían “lo irlandeses no deben aplicar” que enfrentaron los inmigrantes irlandeses católicos de los años 1800. Pero también nos sentimos inspirados por el poema de Emma Lazarus en la Estatua de la Libertad que termina con las palabras:
Una de las características fundamentales de la Iglesia Católica es nuestro llamado a ser “universales” de hecho y no sólo de nombre. Esto significa que no deben existir líneas divisorias en nuestras parroquias, no debe haber parroquianos de segunda categoría—todos están bienvenidos, sin excepción. Para muchos de nosotros, esto requiere un proceso de conversión adentro de nuestros propios corazones como también adentro de la comunidad de nuestra parroquia y ya sé que a veces toma tiempo para ajustarse uno cuando nos encontramos con un nuevo grupo de personas, pero es precisamente a esto que Jesús nos llama, personalmente y también como comunidad. En esto, Jesús hará de nosotros una luz para nuestra nación, un modelo de lo que toda la sociedad americana está llamada a ser.
"¡Dadme a vuestros rendidos, a vuestros pobres
Vuestras masas hacinadas anhelando respirar en libertad
El desamparado desecho de vuestras rebosantes playas
Enviadme a estos, los desamparados, sacudidos por las tempestades a mí
¡Yo elevo mi faro detrás de la puerta dorada!"
Edición de esta semana
DEBATE BILINGÜE ENTRE CANDIDATOS A ALCALDE DE LITTLE ROCK 
Un debate en el que participaron candidatos a la alcaldía de Little Rock, fue organizado por Rolando Ochoa de la cadena de televisión Univisión-Little Rock, Cesar Ortega pastor de la organización de servicio comunitario basado en la fe cristiana City Connections, y Michel Leidermann, director del periódico en español El Latino. El debate se realizó a las 7 PM del lunes 29 en la iglesia South City ubicada en la Baseline Rd con la I-30 en el Southwest de la ciudad.   / ver más /
El Obispo Anthony Taylor de la Diócesis de Little Rock, publicó una segunda carta el martes, 23 de octubre, actualizando información sobre la actual crisis de abuso sexual por clérigos y la ayuda para las víctimas.   / ver más /
Michel Leidermann
comentario
par Michel Leidermann
Cuando los jóvenes de la antigua Atenas alcanzaban la edad de 17 años, se marcaba un momento en el que pasaban de ser jóvenes a ser considerados hombres responsables para la toma de decisiones sobre la ciudad. De ahí en adelante se les permitía el ingreso a las filas militares para luchar en la guerra.    / ver más /