Ciclista profesional mexicano de Little Rock venció al cáncer
Por Enrique Fuentevilla Jr.
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Ernesto Lechuga, un joven ciclista mexicano de 29 años de edad nacido en Ensenada, Baja California y quien ahora es residente de Little Rock, venció al cáncer con el apoyo de su familia, amigos y por su amor al deporte del ciclismo.
Ernesto es el mayor de cuatro hermanos, le siguen dos hermanas, una de 24 años y otra de 13, y un hermano varón de 7 años. La familia de Ernesto se mudó a Los Angeles, California, desde México, cuando él tenía sólo ocho años, donde sus abuelos paternos vivían.
La necesidad económica y la búsqueda de una mejor vida obligó a los Lechuga a emigrar para los Estados Unidos y compartir vivienda con otros familiares. "Vivíamos con mis abuelos, y mis tíos" recordó Ernesto.
Ernesto ingresó al segundo grado en una escuela de Glendale, ciudad donde empezaron una nueva vida. Su padre, quien no hablaba mucho inglés, compraba mariscos al mayoreo y trabajaba vendiéndolos empacados al menudeo. "Desde que yo recuerdo, mi padre ya vendía mariscos y se transportaba mucho en su bicicleta cuando podía", comentó Ernesto, "además, su pasión era y sigue siendo el ciclismo".
Ernesto, aún siendo muy pequeño y estudiando en inglés, hablaba español todo el tiempo con su familia, por lo que no perdió su idioma natal. Caso diferente es el de sus hermanos, que nacieron en Estados Unidos y se comunican más en Inglés. Ernesto después de la primaria ingresó a la secundaria en la escuela Wilson, en la misma ciudad de Glendale.
El padre de Ernesto, interesado por el ciclismo comenzó a animar a su hijo para incursionar en este deporte. El practicó ciclismo amateur en Ensenada, formando parte del equipo Pedal y Fibra.
Ernesto comienza a andar en bicicleta a la edad de los diez años cuando paseaba con su padre por las calles del barrio donde vivían. "Todas las mañanas desde que tenía 11 años viajábamos al trabajo de mi madre quien laboraba a 30 millas de nuestra casa. Mi padre es una persona estricta y a toda costa quería que yo fuera ciclista. El no quería que yo fuera un vago de las calles" aclaró Ernesto. Ellos entrenaban en el parque Griffin de Los Angeles con otros amigos.
La primera competencia del joven ciclista fue en Mammut, California donde ganó el primer lugar. Era sólamente una carrera de participación juvenil, y Ernesto recuerda que compitió con la bicicleta y ropa deportiva de su padre. "Al principio no me llamaba tanto la atención el ciclismo, yo quería andar con los amigos jugando básquetbol o andar en la patineta, pero mi padre insistía en que yo entrenara fuerte. Me levantaba a las cinco de la mañana para entrenar y después, ir a la escuela. Cuando cambió su carro por una bicicleta profesional para mí, fue cuando supe que las intenciones de mi padre de que yo fuera un ciclista profesional eran serias, y yo le empecé a tomar más gusto al deporte" atenuó Ernesto.
La carrera de Ernesto como profesional comenzaba a dar fruto. Al año siguiente compitió en el campeonato nacional de juveniles, en San Diego, el cual ganó a los catorce años. "Recuerdo que fue una sorpresa, el triunfo era algo nuevo para mi, sentí mucha felicidad y mis padres se sentían orgullosos de mi" dijo Ernesto.
Ernesto comenzaba a llamar la atención de los profesionales y el equipo nacional de Estados Unidos lo invitó a competir, pero no pudo hacerlo porque su estado migratorio en el país todavía no estaba regularizado. El equipo nacional buscaba al joven mexicano para entrenar, pero él no respondía a las llamadas porque lo desanimaba no ser residente legal, y menos ciudadano, para poder salir a competencias fueras del país.
Después, comenzó a participar con un equipo juvenil en carreras nacionales profesionales por etapas, donde ya le pagaban los gastos. Ernesto comenzó una carrera más seria en el ciclismo participando en carreras de ruta, que son la contra reloj, circuitos, y de punta a punta, en los estados de Wyoming y Arizona, entre otros. También corría en velódromos, en diferentes eventos como persecución y por puntos. La familia de Ernesto siempre ha sido muy unida y de buenos valores y principios, lo que ayudó en su desarrollo deportivo y vida personal.
En 1992 cuando el joven deportista tenía 17 años también comenzó a participar en carreras en territorio mexicano cuando tuvo la oportunidad de salir de Estados Unidos. Corrió en una carrera nacional en Chihuahua. El equipo estatal (integrado por seis ciclistas mexicanos) de Baja California lo invitó para participar por el estado. Ernesto quedó en el décimo quinto lugar individual y el tercer lugar por equipo. Fue la primera vez que salió del país representando a su estado natal, Baja California, en México.
Después, en 1993 fue invitado para correr en la "Vuelta del Futuro de Guatemala" representando a México, en la categoría menos de 21 años. Esta fue la primera vez que participó internacionalmente por su país, México. "Durante estos años yo estaba estudiando, pero debido a que seguía compitiendo se me dificultó graduarme de la escuela secundaria porque viajaba mucho a México" comentó Ernesto.
Aunque la Federación deportiva de Baja California apoyaba al ciclista con los gastos, su padre también aportaba mucho dinero. "Había veces que mis padres dejaban de pagar la renta por mandarme a las competencias en México" dijo Ernesto. Mientras, la pasión por el ciclismo seguía creciendo cada vez más en el joven mexicano. "Cuando uno representa a su país en cualquier deporte, siente uno pasión y orgullo de ser un representante de su patria" aclaró Ernesto.
Aproximadamente en 1994 lo contactaron para ir al Mundial juvenil de ciclismo en Ecuador, por México, en donde quedó en vigésimo segundo lugar, entre aproximadamente 150 corredores.
De alguna manera Ernesto seguía entre los primeros lugares. Todo el tiempo entrenaba. Los fines de semana su padre y él recorrían hasta 150 millas en un promedio de tres a cuatro horas diarias de recorrido.
Después de Ecuador, siguió con el equipo nacional mexicano que por falta de dinero no pudo asistir al mundial juvenil pero fue nuevamente a la carrera de ocho etapas de Guatemala, donde Ernesto quedó en tercer lugar en la general.
Ernesto comenzó a correr más internacionalmente. A pesar de que todavía no contaba con un estatus legal en EUA, fue invitado a correr a Taiwan, donde quedó en cuarto lugar. Después a Marruecos, donde quedó en décimo segundo lugar entre corredores españoles, italianos y otros ciclistas internacionales, y a Canada, donde quedó en décimo quinto lugar.
Después, lo contrató el equipo profesional Mercury y su manejador era John Wordin quien le dió la oportunidad de correr en el Tour del Porvenir, en Francia, en la competencia juvenil de menores de 25 años, donde compiten tam-bién profesionales del Tour de Francia menores de 25 años. En esta carrera, de 12 días, Ernesto estaba corriendo la tercera etapa, cuando sufrió una caída. Ese día estaba lloviendo y en una curva resbaló su bicicleta y el cayó al suelo sobre su rodilla. La caída no fue tan seria como parecía, y aunque se le inflamó la rodilla pudo terminar la etapa, pero, el accidente lo dejó fuera de la competencia y fue regresado a Estados Unidos.
Sin saberlo, el destino de Ernesto cambiaría su vida. Llegando a Estados Unidos fue con su doctor familiar quien le checó su rodilla, y le hizo un chequeo físico general. El doctor encontró que tenía un testículo inflamado y mandó a Ernesto a hacerse unos exámenes de ultrasonido. El estudio de ultrasonido tenía un costo de 1,200 dólares, monto que era casi imposible de pagar para Ernesto puesto que no contaba con un seguro médico, así que fue a una clínica de Ensenada, en México donde el examen le costó sólo 20 dólares. Recibidos los resultados los mandó por correo a California para que el doctor los interpretara, mientras, Ernesto salió para la capital mexicana porque su padre iba a correr en una competencia para veteranos y él lo apoyaría.
Malas noticias se aproximaban. El doctor viendo los resultados informó a Ernesto que tenía cáncer en el testículo izquierdo y dos tumores en el abdomen, atrás del estómago. "Lo único que pensé en ese momento, fue en el contrato que yo tenía con el equipo. Pensé que iba a regresar a Estados Unidos, me iban a extirpar el testículo y en unos meses iba a correr nuevamente. Pero no fue así. A la semana me quitaron el testículo y a la segunda semana empece quimoterapias para reducir el cáncer del abdomen en las cuales estuve por 6 meses por ser un cáncer muy agresivo" comentó Ernesto.
El joven deportista salió muy bien de la operación, familia y amigos se unieron más para apoyarlo. Desgraciadamente el cáncer subió hacia los pulmones y tuvo que seguir recibiendo las quimoterapias. Además fue intervenido nuevamente para eliminar los tumores cancerígenos en el abdomen los cuales fueron retirados sin complicación alguna. Ernesto tenía 22 años cuando esto pasó. "Las quimioterapias al principio eran fuertes. Me daban cinco días de quimoterapias, tres días eran ligeras y los dos días siguientes eran más agresivas. Perdí todo mi cabello" dijo Ernesto. "Fue algo fuerte para mí, pero nunca caí en depresión, tenía a mi familia cerca que me apoyaba y era tanto el amor al deporte, que me habían prometido que cuando me rehabilitara, iba a poder seguir corriendo con mi equipo".
El equipo al que pertenecía Ernesto estaba patrocinado por la compañía Ouakley, la misma que patrocinaba al famoso corredor Lance Armstrong, ganador siete veces del Tour de Francia, quien tiene una fundación de apoyo a los pacientes con cáncer. Esta fundación pagó parte de los gastos médicos de Ernesto. Armstrong también sufrió de cáncer testícular. "Cuando a Lance Armtrong le apareció el cáncer, a los tres años lo tuve yo. Cuando el ganó el Tour de Francia por primera vez, yo me estaba recuperando" recordó Ernesto.
El joven mexicano tardó alrededor de año y medio en recuperarse y volvió a entrenar en el circuito nuevamente. Fue un poco duro su entrenamiento, pero salió adelante con los deseos de triunfar nuevamente en el ciclismo.
En el 2001 regresó a competir y ese mismo año conoció a la que ahora es su esposa, en una carrera de Nuevo México, la estadounidense Carrie Ross originaria de Ohio. Carrie era masajista y tuvo que ir con su equipo, 7 up, a Italia. Ella y Ernesto no perdieron contacto y se volvieron a ver en septiembre del mismo año. Estuvieron 6 meses en México y más tarde contrajeron matrimonio.
Años más tarde, Ernesto cambio de equipo, al Jelly Belly/Aramark, patrocinado por la marca de bicicletas Orbea donde conoció a Danny Van Haute, director de la empresa quien le presentó a Tony Karklins en el 2004. Tony le comentó a Ernesto que pensaba abrir una distribuidora de bicicletas en Arkansas y tal vez pudiera trabajar para él. Por esa época Ernesto todavía radicaba en California con su esposa y pocos meses después decidieron mudarse a Ohio donde compraron una casa. Seis meses después Tony le ofreció trabajo a Ernesto en Arkansas con un futuro prometedor, oferta que le agradó a Ernesto y la cual aceptó.
Ernesto ahora trabaja como gerente de logística de embarques para la distribuidora de bicicletas Orbea en North Little Rock. "De la gran ciudad de California me cambié a un lugar con mucha vegetación y muy campestre en Ohio y ahora que vivimos en Little Rock, es una ciudad bonita donde tengo a la ciudad y el campo juntos. Me gusta la ciudad de Little Rock" dijo Ernesto.
En su trabajo, Ernesto se encarga principalmente de embarcar los pedidos y se está preparando profesionalmente. En Little Rock, Ernesto estudió y presentó su examen de estudios secundarios GED. Entre sus planes está entrar a la universidad para estudiar una carrera de negocios y crecer junto con la empresa. El también asiste a cursos de mercadotecnia para aprender a promover el producto.
"Quiero decirle a las personas que sufren de algún tipo de cáncer que sean fuertes y miren hacia adelante. Apóyense en la familia y los amigos. Es un control mental, no hay que dejarse caer. Hay que saber salir adelante. Le aconsejo a la gente que se hagan chequeos médicos y estén bien informados sobre el cáncer" terminó diciendo Ernesto.
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Michel Leidermann
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par Michel Leidermann
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