Obama termina visita a México con muchos abrazos pero poco compromiso
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Tras la llegada del presidente de Estados Unidos, Barack Obama el jueves 16 a la residencia oficial de Los Pinos, el presidente Calderón convocó a iniciar una nueva era en las relaciones bilaterales. Fue la primera visita de un mandatario estadounidense desde hace 12 años.
Como preparativo a la visita de Obama, las secretarias de Estado, Hillary Clinton, y de Seguridad Interior, Janet Napolitano, visitaron México en marzo para acercar posiciones.
Obama afirmó que la relación con México puede ser más fuerte aún, pero en sus palabras faltaron los compromisos concretos.
Más tarde Obama ratificó su deseo de alcanzar un acuerdo que ordene el flujo migratorio, aunque aclaró que regularizar la situación de los indocumentados, implicaría que éstos sean acreedores a una multa por violar la ley de los Estados Unidos. Aunque aclaró que “no se trata sólo de mexicanos y de México; hay una enorme cantidad de migrantes” de otras naciones.
Calderón dijo que la única salida verdadera es crear oportunidades de empleo en México, pero ahora se requiere “establecer instrumentos que permitan que la gente pueda salir de la sombra y así encaminar a nuestra región hacia el orden y hacia una migración legal y ordenada”.
En la primera visita del presidente estadounidense a México, junto con su homólogo mexicano Felipe Calderón, los mandatarios ratificaron su voluntad de renovar los vínculos de ambas naciones y se comprometieron a “ponerle fin a la guerra de la droga”.
Expresaron a la prensa su intención de encontrar salidas legales y viables al tráfico de armas, porque este delito no se elimina “por decreto”, expresó Calderón, mientras que Obama dijo que acabar totalmente con este flagelo “no sería realista”.
Aunque reconocieron que la etapa económica por la que pasa el mundo es difícil, Obama y Calderón coincidieron en la importancia de impulsar el libre mercado y el mandatario mexicano le propuso tres medidas para agilizar el intercambio de bienes en la frontera: mejorar la infraestructura con 200 proyectos de diversa envergadura, impulsar la cooperación aduanera para agilizarla con formatos únicos y, por último, avanzar hacia la homologación de estándares en normas.
Obama expresó su deseo de que se revisen medidas adoptadas en su país a fin de no generar represalias, como en el caso del transporte (contra los camioneros mexicanos), que causaron la imposición de aranceles en México sobre productos estadounidenses , mientras que Calderón consideró innecesario abrir capítulos que se ha demostrado funcionan y que se podrían estropear.

Con la extensa frontera común de 3,100 kilómetros, que además es la más transitada del mundo, el comercio es uno de los pilares en la relación bilateral.
México es el tercer socio comercial de Estados Unidos, después de Canadá y China, y sólo el intercambio de bienes sumó 332.000 millones de dólares en 2006.
Acerca de la entrada ilegal de armas estadounidenses a México, Calderón propuso las siguientes soluciones: que se aplique la legislación vigente en Estados Unidos para que no se exporten armas prohibidas a países como México, rastrear las armas decomisadas para conocer los puntos de donde provinieron, tener un registro de armas y prohibir la venta masiva de armas de alto poder.
Ambos mandatarios acordaron agilizar los tiempos para disponer de los recursos de la Iniciativa Mérida y reforzar el intercambio de información e inteligencia contra el lavado de dinero.
Obama reiteró el reconocimiento a la lucha emprendida contra los narcos por el mandatario mexicano, y admitió la responsabilidad de su país en esta tarea al ser el proveedor de 90% de las armas decomisadas a los traficantes en México, así como siendo el país que más demanda y consumo de drogas tiene en el mundo.
"Desde 2006 hemos decomisado 27.000 armas, entre las que hay desde lanzamisiles hasta 2.500 granadas, e incluso hemos encontrado uniformes y armas del Ejército estadounidense", había afirmado Calderón. También ha dejado más de 6.400 ejecuciones desde principios de 2008 según las autoridades mexicanas.
Al término de los encuentros de trabajo, Obama y Calderón brindaron una rueda de prensa y en las reuniones bilaterales se dialogó sobre comercio e inmigración, dos de los temas permanentes y espinosos en la relación bilateral.
Del total de 12 millones de mexicanos radicados en Estados Unidos, los indocumentados sumaban 4,8 millones en 2000, según un censo de 2003, mientras que organizaciones mexicanas de migración estiman que actualmente son entre 6 y 8 millones.
Obama dijo finalmente que México y Estados Unidos no sólo comparten sus fronteras, sino también sus valores.
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