"Algo Hicimos Mal" un discurso que abre los ojos a los latinoamericanos
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La reciente Cumbre de las Américas realizada en la isla de Trinidad y Tobago, tuvo como característica más conspicua, las denuncias por parte de varios presidentes contra los EUA y a favor de Cuba. Lo que llamó la atención es que, en una reunión de supuestos líderes democráticos, ninguno hiciera mención al carácter dictatorial del régimen castrista, o los presos políticos en la isla, o los millones de exiliados en Florida.
A diferencia de los presidentes de Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Ecuador, el ex presidente de Costa Rica y ganador del premio Nobel, Oscar Arias, en su discurso improvisado en respuesta durante la sesión cerrada de la Cumbre el 18 de abril, al pronunciamiento del presidente de Ecuador, Rafael Correa, le recordó a los presentes que culpar a los Estados Unidos de las errores latinoamericanas durante los últimos 200 años, es intelectualmente infantil, y políticamente arriesgado.
El discurso de Arias tuvo lugar en esta primera ocasión en que los presidentes latinoamericanos y caribeños se reunían con el nuevo presidente Barack Obama, quien había pedido en la ceremonia inaugural de la Cumbre “abrir un nuevo capítulo de diálogo con sus pares latinoamericanos para poder hablar de igual a igual y en un contexto de respeto mutuo, intereses comunes y valores compartidos”.
Ya aprenderá Obama, que no son muchos los valores que se pueden compartir con algunos de estos mandatarios del sur.
Pero la respuesta de Arias al presidente Rafael Correa de Ecuador, debería ser un recordatorio triste para todos, de las fallas de la política latinoamericana.
El discurso no muy publicitado de Oscar Arias en la Cumbre de las Américas el 18 de abril del 2009, y titulado "Algo Hicimos Mal." lo reproducimos a continuación:
Sr. Presidente de la República
Tengo la impresión de que cada vez que los países caribeños y latinoamericanos se reúnen con el presidente de los Estados Unidos de
América, es para pedirle cosas o para reclamarle cosas. Casi siempre, es para culpar a Estados Unidos de nuestros males pasados, presentes y futuros. No creo que eso sea del todo justo.
No podemos olvidar que América Latina tuvo universidades antes de que
Estados Unidos creara Harvard y William & Mary, que son las primeras universidades de ese país. No podemos olvidar que en este continente, como en el mundo entero, por lo menos hasta 1750, todos los americanos eran más o menos iguales: todos eran pobres.
Cuando aparece la Revolución Industrial en Inglaterra, otros países se montan en ese vagón: Alemania, Francia, Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda… y así la Revolución Industrial pasó por América Latina como un cometa, y no nos dimos cuenta. Ciertamente perdimos la oportunidad.
También hay una diferencia muy grande. Leyendo la historia de América
Latina, comparada con la historia de Estados Unidos, uno comprende que
Latinoamérica no tuvo un John Winthrop español, ni portugués, que viniera con la Biblia en su mano dispuesto a construir “una Ciudad sobre una Colina”, una ciudad que brillara, como fue la pretensión de los peregrinos que llegaron a Estados Unidos.
Hace 50 años, México era más rico que Portugal. En 1950, un país como
Brasil tenía un ingreso per cápita más elevado que el de Corea del
Sur. Hace 60 años, Honduras tenía más riqueza per cápita que Singapur, y hoy Singapur –en cuestión de 35 ó 40 años– es un país con $40.000 de ingreso anual por habitante. Bueno, algo hicimos mal los latinoamericanos.

¿Qué hicimos mal?
No puedo enumerar todas las cosas que hemos hecho mal. Para comenzar, tenemos una escolaridad de 7 años. Esa es la escolaridad promedio de América Latina y no es el caso de la mayoría de los países asiáticos. Ciertamente no es el caso de países como
Estados Unidos y Canadá, con la mejor educación del mundo, similar a la de los europeos. De cada 10 estudiantes que ingresan a la secundaria en América Latina, en algunos países sólo uno termina esa secundaria. Hay países que tienen una mortalidad infantil de 50 niños por cada mil, cuando el promedio en los países asiáticos más avanzados es de 8, 9 ó 10.
Nosotros tenemos países donde la carga tributaria es del 12% del producto interno bruto, y no es responsabilidad de nadie, excepto la nuestra, que no le cobremos dinero a la gente más rica de nuestros países. Nadie tiene la culpa de eso, excepto nosotros mismos.
En 1950, cada ciudadano norteamericano era cuatro veces más rico que un ciudadano latinoamericano. Hoy en día, un ciudadano norteamericano es 10, 15 ó 20 veces más rico que un latinoamericano. Eso no es culpa de Estados Unidos, es culpa nuestra.
En mi intervención de esta mañana, me referí a un hecho que para mí es grotesco, y que lo único que demuestra es que el sistema de valores del siglo XX, que parece ser el que estamos poniendo en práctica también en el siglo XXI, es un sistema de valores equivocado. Porque no puede ser que el mundo rico dedique 100.000 millones de dólares para aliviar la pobreza del 80% de la población del mundo –en un planeta que tiene 2.500 millones de seres humanos con un ingreso de $2 por día– y que gaste 13 veces más ($1.300.000. 000.000) en armas y soldados.
Como lo dije esta mañana, no puede ser que América Latina se gaste
$50.000 millones en armas y soldados. Yo me pregunto: ¿quién es el enemigo nuestro? El enemigo nuestro, presidente Correa, de esa desigualdad que usted apunta con mucha razón, es la falta de educación; es el analfabetismo; es que no gastamos en la salud de nuestro pueblo; que no creamos la infraestructura necesaria, los caminos, las carreteras, los puertos, los aeropuertos; que no estamos dedicando los recursos necesarios para detener la degradación del medio ambiente; es la desigualdad que tenemos, que realmente nos avergüenza; es producto, entre muchas cosas, por supuesto, de que no estamos educando a nuestros hijos y a nuestras hijas.
Uno va a una universidad latinoamericana y todavía parece que estamos en los sesenta, setenta u ochenta. Parece que se nos olvidó que el 9 de noviembre de 1989 pasó algo muy importante, al caer el Muro de
Berlín, y que el mundo cambió. Tenemos que aceptar que este es un mundo distinto, y en eso francamente pienso que todos los académicos, que toda la gente de pensamiento, que todos los economistas, que todos los historiadores, casi que coinciden en que el siglo XXI es el siglo de los asiáticos, no de los latinoamericanos. Y yo, lamentablemente, coincido con ellos. Porque mientras nosotros seguimos discutiendo sobre ideologías, seguimos discutiendo sobre todos los “ismos” (¿cuál es el mejor? capitalismo, socialismo, comunismo, liberalismo, neoliberalismo, socialcristianismo. ..), los asiáticos encontraron un
“ismo” muy realista para el siglo XXI y el final del siglo XX, que es
el pragmatismo . Para solo citar un ejemplo, recordemos que cuando
Deng Xiaoping visitó Singapur y Corea del Sur, después de haberse dadocuenta de que sus propios vecinos se estaban enriqueciendo de una manera muy acelerada, regresó a Pekín y dijo a los viejos camaradas maoístas que lo habían acompañado en la Larga Marcha: “Bueno, la verdad, queridos camaradas, es que mí no me importa si el gato es blanco o negro, lo único que me interesa es que cace ratones” . Y si hubiera estado vivo Mao, se hubiera muerto de nuevo cuando dijo que “la verdad es que enriquecerse es glorioso”. Y mientras los chinos hacen esto, y desde el 79 a hoy crecen a un 11%, 12% o 13%, y han sacado a 300 millones de habitantes de la pobreza, nosotros seguimos discutiendo sobre ideologías que tuvimos que haber enterrado hace mucho tiempo atrás.
La buena noticia es que esto lo logró Deng Xioping cuando tenía 74 años. Viendo alrededor, queridos Presidentes, no veo a nadie que esté cerca de los 74 años. Por eso solo les pido que no esperemos a cumplirlos para hacer los cambios que tenemos que hacer.
Muchas gracias.

¿Quien es Óscar Rafael
de Jesús Arias Sánchez?
Óscar Arias (13 de septiembre de 1940) es un abogado, economista, politólogo, empresario, filósofo, político, y ex presidente costarricense, que gobernó Costa Rica durante el período 1986 a 1990.y fue reelegido en el 2006, justo 20 años después de iniciar su primer mandato de cuatro años.
Recibió el Premio Nobel de la Paz en 1987 por haber participado de los procesos de paz en los conflictos armados de América Central de los años ochentas, especialmente por su férrea oposición al apoyo estadounidense en el conflicto nicaragüense de los “contras”.
Arias estudió en las universidades de Costa Rica y Boston (Estados Unidos), y luego, en el Reino Unido, en la London School of Economics y la Universidad de Essex, en la que se doctoró. Desde 1969 hasta 1972 fue profesor de ciencias políticas en la Universidad de Costa Rica, y después desempeñó cargos gubernamentales bajo las presidencias de José Figueres (1970-1974) y Daniel Oduber (1974-1978).
Como presidente de Costa Rica, aplicó medidas económicas destinadas a paliar la deuda externa del país, pero sus principales esfuerzos se centraron en la elaboración de un ambicioso plan de paz para América Central. Convocó a los presidentes de El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua con el fin de llevar adelante el proceso iniciado por el grupo de Contadora, que se había paralizado debido al conflicto civil panameño y a las tensiones entre el gobierno sandinista de Nicaragua y Estados Unidos.
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