Golpe militar en Honduras saca de la presidencia a Manuel Zelaya
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Las nuevas autoridades hondureñas justificaron la remoción del presidente Manuel Zelaya por su "falta de fidelidad a la República" y empezaron a gobernar ajenas al clamor unánime de la comunidad internacional de restituirlo en su cargo.
En Honduras, políticos, empresarios, medios de comunicación y buena parte de la población están de acuerdo con la destitución de Zelaya, quien ha anunciado su regreso al país.
Un grupo de soldados sacó a Zelaya el domingo 28 de la residencia presidencial y lo llevó por la fuerza en un avión a Costa Rica, en un golpe que encendió una fuerte y unánime condena de mandatarios desde Estados Unidos y Latinoamérica hasta Europa.
Por la noche, Zelaya viajó desde la capital costarricense hasta Managua para una reunión extraordinaria de sus aliados de de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) a fin de tratar el caso de Honduras.
Los presidentes de Ecuador, Rafael Correa; de Nicaragua, Daniel Ortega; y de Venezuela, Hugo Chávez -el aliado más fuerte de Zelaya- estuvieron presentes en el encuentro.
Los militares dieron el golpe contra Zelaya luego de que este decidiera reemplazar la semana pasada al jefe del Estado Mayor porque no quiso ayudarlo a organizar una consulta popular -declarada ilegal por la Justicia- sobre la posibilidad de reformar la Constitución para extender el mandato presidencial.
Sólo algunos centenares de personas han salido a las calles de las principales ciudades del país para defender al presidente.
"Aquí no hubo golpe de Estado porque los hondureños siguen regidos por la Constitución, a la que el anterior gobierno quiso reformar sin ningún fundamento y de manera ilegal", dijo el nuevo presidente designado por el Congreso, Roberto Micheletti. "Respetamos a todo el mundo y sólo pedimos que nos respeten, y nos dejen en paz porque el país se encamina a elecciones generales libres y transparentes en noviembre", agregó.
En un informe divulgado el lunes 29, el Congreso detalla varias faltas, pero la que colmó el vaso de los legisladores fue su proyecto de reformar la Constitución para autorizar su reelección presidencial.
El Gobierno de Honduras separó a Zelaya "por su violación a la Constitución y la desobediencia de todo el sistema jurídico nacional porque estaba promoviendo, envuelta en una farsa, una asamblea Nacional Constituyente para cambiar el orden constitucional y el sistema democrático", dijo el nuevo canciller Enrique Ortez por televisión.
A la sociedad hondureña tampoco le gusta su amistad con el presidente venezolano, Hugo Chávez, quien ha recibido virulentas críticas por inmiscuirse en los asuntos internos del país.
El presidente venezolano amenazó con intervenir militarmente y derrocar a cualquier otro presidente que fuera designado en Honduras, como el nombramiento de Micheletti, un conservador de ala dura que decretó un toque de queda de dos días como primera medida.
Las Fuerzas Armadas depusieron y expulsaron del país a Zelaya, en cumplimiento de una orden judicial avalada por el Congreso. Desoyendo a la justicia, que la declaró "ilegal", el mandatario iba a celebrar ese día una consulta popular buscando que la población le diera luz verde a su proyecto de referéndum constitucional.
Por su parte, Zelaya se ha sentido apoyado por la comunidad internacional. Tanto Estados Unidos, como la Unión Europea, la ONU, el Grupo de Río, los países del ALBA y los centroamericanos exigieron su restitución en la presidencia hondureña.
El presidente, Barack Obama, aseguró que para Estados Unidos Manuel Zelaya "sigue siendo presidente de Honduras" y calificó la operación militar para derrocarlo de "ilegal".
Las nuevas autoridades anunciaron el martes 30 que el presidente depuesto Manuel Zelaya, puede retornar a Honduras cuando él lo desee, pero lo hará como un "ciudadano común y corriente", y podría ser encarcelado.
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