Ceremonias de naturalización en Little Rock
Por Rafael Nuñez
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Las 238 personas actualmente residiendo en el área metropolitana de Little Rock y sus alrededores, todos originarios de diversas naciones de los cinco continentes del globo, se convirtieron el pasado jueves 17 de septiembre en nuevos ciudadanos estadounidenses mediante ceremonias especiales de naturalización llevadas a cabo en el Centro Presidencial William J. Clinton.
Sharon Scheidhauer, vocera de la sección de Servicios de Ciudadanía e Inmigración del Departamento de Seguridad Doméstica de Estados Unidos (U.S. Homeland Security Department), especificó que dicho día se realizaron dos ceremonias de naturalización en el Centro Presidencial Clinton: “La primera de ellas comenzó a las 11 de la mañana, y en la misma un total de 106 personas originarias de 33 países se convirtieron en ciudadanos estadounidenses, mientras que en la segunda ceremonia, 132 personas originarias de 49 países se naturalizaron”.
Scheidhauer agregó que estas ceremonias celebradas en Little Rock formaron parte de “una serie de ceremonias de naturalización realizadas a través de toda la Unión Americana, con motivo de conmemorar el Día de la Ciudadanía, que se celebra precisamente cada 17 de Septiembre, en recuerdo de la firma de la Constitución Estadounidense en 1787”.
Cabe señalar además que ese mismo día, más de 8 mil personas se convirtieron en ciudadanos estadounidenses en ceremonias similares efectuadas a través de toda la Unión Americana. Asimismo, la sección de Servicios de Ciudadanía e Inmigración dijo que naturalizó a más de un millón de nuevos ciudadanos durante el año fiscal 2008.
Scheidhauer comentó que estas ceremonias de naturalización, “al menos para mí en lo personal, siempre resultan verdaderamente emocionantes,… es algo que te enternece el corazón,… algo fantástico, y muy gratificante, tanto espiritual como emocionalmente . Uno se da cuenta de lo mucho que aprecian estos nuevos ciudadanos la oportunidad de hacerse estadounidenses, y en algunos casos, de lo mucho, pero muchísimo que batallaron para llegar a la Unión Americana… algunos de las historias personales de estos individuos son unas verdaderas epopeyas, llenas de dificultades y de sufrimientos, y el hecho de que ellos obtengan al final del camino su ciudadanía como recompensa a todos sus esfuerzos, es algo realmente conmovedor”.
Scheidhauer, norteamericana por nacimiento, agregó al respecto: “He visto a personas que, después de obtener su certificado de ciudadanía, se ponen a brincar de gusto. Otras se ríen y se abrazan con sus familiares, como expresando ‘al fin lo logré’. Algunas otras lloran y se arrodillan, como recordando todo lo que les costó llegar a su meta: todo lo que atravesaron, todos los sufrimientos, todas las lágrimas y sinsabores que tuvieron que experimentar durante el largo recorrido que tuvieron que hacer para llegar hasta este momento. Cuando uno asiste a estas ceremonias con frecuencia, como yo por mi trabajo debo hacerlo, uno ve una amplísima gama de emociones reflejadas en las expresiones de los rostros de estos nuevos ciudadanos, pero siempre al final hay mucho júbilo, mucha alegría”.
Puntualizó que para ser elegible a la naturalización, “una persona tiene que tener por lo menos cinco años de ser residente legal estadounidense; o bien, la persona tiene que tener, como mínimo, tres años de casada con un ciudadano estadounidense. Pero también tenemos casos extremos, como por ejemplo de personas que se naturalizan a los 100 años de edad, después de haber sido residentes legales de los Estados Unidos por 80 años o más. Ahora, hay que señalar que esto, obviamente, se puede dar por muchas razones, todas ellas muy variadas; y también hay que entender que, por supuesto, cada ciudadano recién naturalizado tiene su historia personal, y esto también varía mucho. Pero cuando todo se ha dicho y hecho, la gran mayoría de las personas que vienen a este país lo hacen buscando mejores oportunidades, un mejor nivel de calidad vida, un mayor respeto a sus personas, mayor igualdad, más libertad, etc. En pocas palabras, vienen a buscar un mayor bienestar, en el sentido bueno de la palabra, para ellos y sus familias. Eso es lo que hace a este país grande. Así ha sido siempre a través de la historia de los Estados Unidos, desde sus inicios, y así sigue hasta hoy en día”.

Testimonios Personales

Para Magaly Caballero, el convertirse en ciudadana estadounidense “es un orgullo. Una oportunidad para seguir adelante. Como ciudadana ya tengo más derechos. Por ejemplo, ahora ya tendré el derecho a votar. Como residente legal estadounidense yo no tenía este derecho. Por eso pienso que al hacerme ciudadana es algo parecido a hacerme contar, hacerme valer".
Magaly dijo que el proceso de convertirse en ciudadana estadounidense le tomó sólo tres meses, y que fue relativamente fácil. “El proceso no fue difícil. Simplemente llené la solicitud, y luego tomé el examen, y ya. El examen en sí no se me hizo difícil, ya que estudié muy bien todas las preguntas antes de acudir a la entrevista, entonces se puede decir que iba yo muy bien preparada”. Magali fue residente legal estadounidense por 9 años antes de decidirse a naturalizarse.

Amalia Bonilla Iglesias de Gunn, nacida en la República Dominicana, dijo que convertirse en ciudadana estadounidense constituye “un evento muy importante en mi vida. Esto solamente pasa una vez en la vida, y he luchado mucho para conseguir esto. Pero también es, para mí, un día de celebración, de libertad. Yo veo que aquí en Estados Unidos se cumplen más las leyes, y se respetan más los derechos humanos. Por eso siento orgullo de que este sea mi nueva nación… por eso y por mucho más, ya que aquí hay más oportunidades que en el país donde nací. Claro que la República Dominicana jamás dejará de ser también mi país, y yo amo el lugar donde nací, y jamás negaré que soy dominicana, y a mucho orgullo. Pero en Estados Unidos he encontrado más justicia, menos corrupción, más libertad, y más oportunidades económicas para todos, y eso también no lo puedo negar”. Amalia dijo que llevaba 8 años como residente legal estadounidense antes de empezar el proceso de la naturalización en junio pasado. Precisó que su entrevista (o examen) fue apenas hace dos semanas, y que en preparación para la misma estudió aproximadamente 100 preguntas y sus respectivas respuestas, anticipando que el examen iba a consistir de 10 preguntas, “pero ya en mi entrevista, mi entrevistador únicamente me preguntó seis o siete preguntas, y al ver que todas las contesté correctamente y en gran detalle, simplemente se detuvo y me dijo que con eso le bastaba, y que se notaba a leguas que había estudiado bien”. Por último, Amalia, quien junto con su esposo e hijos vive en Cabot, Arkansas, indicó que, en su caso particular, “fue únicamente por desidia que tardé tanto tiempo en decidir naturalizarme. La verdad es que estaba un poco indecisa y desconcentrada por atender a mis hijos, por llevar bien la casa, y por muchas otras cosas más que son responsabilidades diarias de una madre y esposa, y que a veces no nos dejan tiempo para otras cosas. Pero este año me decidí. Hablé con mi esposo (que es ciudadano estadounidense por nacimiento) y le dije que yo creía que ya era tiempo de hacerme ciudadana, puesto que él, al igual que nuestros hijos, todos nacieron en la Unión Americana, y ya nada más faltaba yo. Y él, como casi siempre lo hace, me apoyó completamente en mi decisión”.
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comentario
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