Carolina Castellanos, una ingeniera única
Por Rafael Nuñez
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Paola Carolina Castellano

Para la ingeniera civil Paola Carolina Castellanos Castellanos, ser la única mujer Ingeniera (Construction Field Engineer II) del Distrito 6 del Departamento de Carreteras y Transporte de Arkansas no es algo extraordinario, ni algo que la haga sentirse particularmente especial. Por el contrario, ella enfrenta cada día de trabajo como “solamente uno más entre los aproximadamente 15 ingenieros en terreno que laboran para el Departamento en Little Rock”.

En cuanto a las labores específicas que desarrolla, Carolina explicó: “Estamos a cargo de inspeccionar los proyectos de construcción en las autopistas, tales como pasos a desnivel, puentes, rampas de entrada o salida, ensanchamientos del arroyo vehicular, intersecciones, etc.”.

Detalló que en el área metropolitana de Little Rock hay tres oficinas de ingenieros que coordinan labores de inspección. “Nos aseguramos de que las compañías constructoras contratadas para realizar estos proyectos estén siguiendo las especificaciones de construcción, los planos, y utilizando los materiales apropiados en las cantidades necesarias. En resumen, tenemos que comprobar, en terreno, que los constructores estén haciendo el trabajo como debe ser, siguiendo todos los pasos requeridos para garantizar la seguridad y la calidad de la estructura que se esté construyendo.”

En cuanto a su historia personal, indicó: “Yo soy colombiana, y mi grado profesional de ingeniería lo obtuve en Colombia. Inicialmente, comencé a estudiar ingeniería industrial. Pero cuando empecé a tomar clases o materias de ingeniería civil, esa área me atrajo mucho. En Colombia principié a trabajar en una empresa que hacía tuberías de PVC y polietileno, y allí empecé a relacionarme con el área de la construcción. Después, vine a EEUU de vacaciones y por mi cuenta, porque quería aprender inglés. Específicamente vine al pueblito Nashville de Arkansas, cerca de Hope, porque una amiga de mi mamá vivía allí. Me gustó mucho la región entera. Entonces, regresé a Colombia, renuncié a mi trabajo y me vine por 6 meses a estudiar inglés, con visa de turista. De regreso en Arkansas, empecé a servir de voluntaria varias horas al día en una escuela primaria, ayudando a niños de habla hispana. Estando de voluntaria, una de las profesoras, al enterarse de que yo era ingeniera, me preguntó que porque no llenaba una solicitud para trabajar para el Departamento de Carreteras y Transporte de Arkansas. Tomé su sugerencia y sometí una solicitud de empleo, aun sabiendo que con sólo una visa de turista mis posibilidades de conseguir ese empleo eran muy remotas”.

Algo curioso es que cuando me contactaron para ofrecerme este trabajo, yo ya estaba por regresar a Colombia. Entonces contacté a una abogada para que empezara el proceso de obtención de la visa H1V y me regresé a Colombia. La abogada finalizó el proceso, y regresé a Nashville para empezar a trabajar en el 2001. Hasta finales del 2008, siempre trabajé en el pueblo Clarksville. Entonces solicité traslado a Little Rock, y me lo concedieron. Lo hice porque deseaba trabajar en una ciudad más grande, y enfrentando mayores retos profesionales”.

 De niña, Carolina soñaba con ser abogada, y jamás pensó que sería ingeniera. “Pero con el tiempo me di cuenta que la lectura no era mi fuerte y, por otro lado, que me gustaban mucho los números. Además, la ingeniería tiene mucha lógica, y eso también me atrajo. Por otro lado, en los proyectos en que yo trabajo, cada día es diferente. No hay monotonía, ya que todos los días aprende uno algo nuevo. Además, tiene la ventaja que casi siempre puede uno andar, en un mismo día, tanto afuera, a la intemperie, como adentro, en la oficina. Entonces eso sirve también para romper un poco la monotonía. Así pues, mi trabajo es muy variado, y eso es algo que a mí me gusta mucho”.

 En cuanto a su consejo para cualquier adolescente interesada en seguir una carrera profesional, Carolina señaló: “Yo lo que más aconsejaría a las jóvenes latinas es que cuando están en la preparatoria y por entrar a la universidad, no es necesariamente bueno estar ya enfocado en lo que uno a va estudiar, porque eso es algo muy difícil de hacer cuando uno tiene 17, 18 o 19 años. Hay que mantener abierto el abanico de opciones, y creo también que no hay que tener miedo a los cambios. Por ejemplo, cuando yo renuncié a mi trabajo en Colombia, fue porque yo quería venirme a EEUU para aprender inglés. Y cuando acepté la visa de trabajo, lo hice sabiendo que esa visa era válida sólo por 3 años. Hay muchas personas que decisiones como esas les dan miedo. Sienten miedo de dejar su ciudad, dejar el seno familiar, porque razonan que las costumbres van a ser diferentes si llegan a un nuevo lugar. Pero si uno quiere progresar, entonces no hay que tener miedo a estas cosas. De hecho mi consejo para cualquier joven puede resumirse en tres palabras: estudiar, viajar, conocer. Esas son cosas que ya después nadie le puede quitar. No creo que casarse muy joven sea lo más adecuado para alguien que quiere perseguir una carrera. Primero hay que estudiar y viajar, conocer distintos lugares. La vida es muy corta para quedarse en un solo lugar. Y no estoy en contra del matrimonio, pero creo que es algo que se puede posponer hasta después de haber hecho varias cosas por uno mismo, para aprender de la vida, de los viajes y del estudio. Si uno llega a fallar, siempre puede uno levantarse y volver a empezar. Nunca debe uno tener miedo de caer, sino por el contrario, decir ‘si me caigo me vuelvo a levantar y ya’. Yo llegué acá a los 26 años, y aprender inglés a los 26 años no es algo tan fácil. Pero entonces yo me dije: si no me va bien, pues me devuelvo a Colombia”.

Y como todo buen ingeniero que se precie de serlo, Carolina siempre tiene un plan B: “Básicamente, tenía un plan alterno por si no me iba bien: venir a Estados Unidos, tener una experiencia diferente, trabajar por tres años, y volver a mi país, porque yo adoro a mi país… Lo que pasa es que cuando empecé a trabajar acá, me enamoré, me casé, y entonces todo cambió.

Carolina logró obtener la ciudadanía estadounidense en septiembre del 2009. Su plan es hacer su vida en Arkansas, y lo único que le falta para decidirse a establecerse definitivamente en Little Rock es traer acá a su mamá. Y precisamente eso, traer a su mamá, es una de sus siguientes metas. “Hay muchas personas que me preguntan que si no extraño a Colombia, y yo les contesto que al tener a mi mamá aquí conmigo, pues entonces ya no tendría nada que extrañar, porque para mí la familia es muy importante; si uno está con la familia está uno contento”.

 ¿Y su siguiente objetivo profesional? Carolina no lo duda ni un instante: “Obtener mi maestría. Tendría que renunciar a mi trabajo actual, porque las maestrías en Ingeniería tienen dos o tres años de duración, y yo desearía dedicarme a la maestría de tiempo completo. Pero definitivamente esa es mi siguiente meta profesional, y con el ahorro y la ayuda de Dios la voy a lograr en unos cuantos años”.

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