Basta de Marcha. ¡Vamos a Votar!
Por Michel Leidermann
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Activistas y líderes latinos siguen llamando a más marchas para la reforma de  inmigración. Por supuesto, esto parece ser la acción predecible para un grupo de dirigentes que no tienen idea de cómo sortear el sistema político estadounidense. Para ellos, la única herramienta para lograr un cambio político, es otra marcha.  

Pero me pregunto  ¿qué han logrado las marchas? Ciertamente no han dado lugar a la reforma migratoria. Son en definitiva, un fracaso.

Los vídeos y las fotos de indocumentados en las calles coreando consignas contra los legisladores y el Presidente y enarbolando banderas latinoamericanas, no cae bien a la mayor parte de los estadounidenses. 

La obsesión con las marchas obedece a una cierta lógica. El aprovecharse de los  trabajadores indocumentados es un buen negocio en la medida en que la reforma migratoria no se haga realidad. Las marchas son una forma de mostrar "acción" a la multitud, sin correr el riesgo de que se modifique la legislación actual. 

Suena retorcido, pero ¿cómo explicar las continuas llamadas a marchar cuando estas tácticas han fallado? ¿Porqué los activistas no luchan contra la  baja participación de los latinos en las elecciones? 

Todo analista político de experiencia dirá que la participación electoral, organizada y dirigida hacia un propósito específico, es la forma en que responde el sistema estadounidense, y cambia. 

Los funcionarios electos quieren votos y los latinos tienen millones de ellos que no se molestan en utilizar. ¿Cómo hacerlo? Presionando al Congreso con cabilderos y campañas en los medios de comunicación, trabajando los teléfonos, comunicándose con votantes inscritos, y movilizando a la gente el día de elecciones. No es exactamente una ciencia complicada  pero funciona. 

En las elecciones del 2008, nueve millones de latinos votaron de un total de 45 millones en el pais. ¿Y los demás? La comunidad latina se ha quedado atascada en el túnel del tiempo: las marchas. 

No se puede comparar las condiciones de la década de los 60 y nuestra realidad actual. El hecho es que 2010 no es 1960, y la batalla de Martin Luther King Jr. fue a favor de los ciudadanos estadounidenses privados de sus derechos, no de personas que tratan de “obtener un estatus legal. 

Estos líderes aceptan el fracaso de que los latinos no tienen voz en los EEUU y por lo tanto requieren más marchas para "ser oídos". Esta vergonzosa manipulación de las emociones, sueños y esperanzas de la gente, no sirve a la causa de la comunidad latina.

Hasta que lleguemos a captar la realidad de la situación, que los latinos no votamos ni cerca del nivel de votación de los blancos y los morenos, nuestro poder en el Congreso seguirá siendo débil. No enfrentar esta realidad es una impotencia política. 

Es hora que una nueva generación de líderes latinos se haga cargo de la situación. Es hora de que los estadounidenses de ascendencia latina lleguen al primer plano con ideas racionales y se comprometan con el sistema político estadounidense y logren el éxito, no en una marcha, sino en la promulgación de la legislación de reforma migratoria. 

En pocas palabras, es hora de que cambiemos a las  personas que nos han conducido por un ciclo de fracaso prolongado. Podemos lograr mucho más. Y por el bien de América, tenemos que lograrlo. 

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Michel Leidermann
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par Michel Leidermann
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