Cédula nacional de identidad contra las quejas de discriminación racial

 

Una cédula nacional de identidad, similar a la que se usa de forma obligatoria en más de 100 países, tiene sus costos económicos y políticos pero quizá aplacaría las críticas de que la ley SB1070 de Arizona institucionalizará la discriminación racial.

Este documento, cédula o "carnét" es obligatorio en la mayoría de los países de América Latina y Europa como instrumento de identidad o para votar, y se emite a todo ciudadano o inmigrante.

La idea es identificar a cada habitante en el país, sin importar su nacionalidad, raza, etnia, y sin revelar datos personales más que su foto, nombre, edad, género y domicilio.

A menos que la frene un juez federal, a partir del próximo 29 de julio, la ley SB1070 en Arizona criminaliza la presencia ilegal en ese estado y permite que, al detener a alguien por alguna infracción, la policía le exija "papeles" si hay "sospecha razonable" de que es un indocumentado.

Pero la ley, promulgada el pasado 23 de abril en aras de la seguridad ciudadana y contra la inmigración ilegal en Arizona, se ha ganado la reprobación de quienes temen que ésta va a institucionalizar la discriminación contra quienes "parezcan inmigrantes". Según sus críticos, es más probable que la policía exija los "papeles" a quienes tengan acento o rasgos latinos y no a un hombre blanco, con pelo rubio y ojos azules.

Una propuesta demócrata para una reforma migratoria integral, presentada por los senadores demócratas Charles Schumer, Harry Reid y Bob Menéndez, incluye la creación de una tarjeta de Seguro Social biométrica exclusivamente para impedir la contratación de indocumentados.

Esa tarjeta a prueba de fraude se emitiría para todos, tanto para ciudadanos como para residentes legales y, según los senadores, no tendría información médica o financiera ni se archivaría en una base de datos del Gobierno.

En la actualidad, la ley "Real ID Act", promulgada en 2005 tras los atentados terroristas de 2001, exige que los gobiernos estatales emitan cédulas de identidad y licencias de conducir que cumplan con una serie de requisitos federales.

Varios estados se han negado a obedecerla debido a los costos de su aplicación, y la consecuencia es que quienes no tengan esos documentos, no podrán abordar aviones o entrar a instalaciones federales.

La sola idea de exigir que todo estadounidense porte un documento nacional de identidad no es nueva -también generó polémica en la década de 1970- y ha causado rechazo a lo largo de la historia del país.

Los detractores de "Real ID Act" también se oponen a una cédula nacional de identidad por las mismas razones: consideran que ésta podría conducir a un Estado policial y supone una amenaza para la vida privada, la seguridad y las libertades civiles de las personas.

En la era del presidente Ronald Reagan, cuando se debatió y en 1986 se promulgó una amnistía para los indocumentados conocida como IRCA, un funcionario sugirió en 1981, quizá a manera de broma, tatuar un número de identificación en el brazo de todos los trabajadores. Con Reagan, nunca arrancó el experimento con una cédula de identidad.

Una cédula no resolvería el problema de la inmigración ilegal ni el estatus de los doce millones de indocumentados en EEUU, claro está, pero al menos sería más discreta y eficaz como documento de identificación, siempre y cuando se exija a todos por igual.

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