Un SUEÑO nuevamente postergado en el Congreso
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El concejal demócrata por el distrito 12, George Cárdenas frente al edificio federal ubicado en el centro de la ciudad de Chicago, Illinois, durante su apoyo a los jóvenes indocumentados

El "Dream Act" fracasó el 21 de septiembre en el Senado antes de que siquiera comenzara su debate, pero sigue siendo una medida en la que todos ganan y los políticos no deberían utilizarlo como arma electoral.

Con 56 votos a favor y 43 en contra, incluidos el de ambos senadores demócratas de Arkansas, Blanche Lincoln y Mark Pryor, se impidió proseguir al debate.

Los republicanos tacharon de inadecuada la inclusión "Dream Act" en una medida de gastos de defensa para 2011.

Al final de cuentas, ni la campaña nacional a favor del "Dream Act", ni la recogida de 65.000 firmas -una por cada estudiante indocumentado que, según estadísticas, se gradúa de las secundarias en EEUU cada año- pudieron prevalecer.

Así las cosas, este voto demostró una vez más que en EEUU se vive un clima hostil para medidas que propongan la legalización de parte o toda la población indocumentada.

Presentado originalmente en 2001, el "Dream Act" permitiría la legalización de estudiantes indocumentados que hayan entrado a EEUU antes de cumplir sus 16 años, tengan al menos 5 años de estancia en el país, no tengan antecedentes criminales, se hayan graduado de secundaria o su equivalente, y completen al menos 2 años en la universidad o sirvan en la Fuerzas Armadas.

La medida fracasó también en 2007 en el Senado, aunque en aquella ocasión tuvo el apoyo de una decena de republicanos como John McCain y Orrin Hatch, que ahora se opusieron.

La reforma migratoria fue una promesa electoral del presidente Barack Obama en 2008 y, ante el clima político actual de cara a los comicios del 2 de noviembre, los legisladores apostaban a que el "Dream Act" fuese una especie de "abertura de puertas" para una eventual reforma.

La estrategia fracasó y no está claro cuándo habrá otra ventana de oportunidad para someter a votación el "Dream Act".

Los estudiantes indocumentados no tuvieron voz ni voto cuando sus padres los trasladaron a EEUU con un idioma y costumbres distintos, muchos se sienten más "americanos" y dominan más el inglés que su lengua natal. Pero ahora pagan las consecuencias.

El "Dream Act" corregiría esa situación porque estos jóvenes tendrían que completar al menos dos años de educación universitaria o alistarse en el Ejército para legalizarse en el país.

La legislación, según sus defensores, es cuestión de sentido común porque con el dinero de los contribuyentes, los gobiernos estatales ya han invertido cuantiosas sumas de dinero en la educación de estos jóvenes, desde la primaria hasta la secundaria, aportando el talento de futuros médicos, empresarios, científicos y demás profesionales.

Al igual que en otros años, el tema de inmigración es un asunto volátil que asusta a ambos partidos mayoriyarios.

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