¿Secretos Revelados?

 La  mega-filtración de cables confidenciales de la diplomacia norteamericana por Wikileaks, produjo dos reacciones contradictorias entre los afectados. Hubo quienes se indignaron y amenazaron, y quienes optaron por afirmar que las revelaciones no tienen importancia.

Pero la reacción más importante apunta a la reparación de la diplomacia de una superpotencia que, a los ojos del mundo, se ha visto incapaz no sólo de proteger sus propios secretos sino, tampoco los ajenos. 

Esto  ha generado un terremoto de confianza global y donde la hasta ahora potencia indiscutible, necesita reconstruir los canales de información de su diplomacia.

Cómo realizar esta tarea es algo que preocupa a un Departamento de Estado enfrentado a la novedosa experiencia de enfrentarse a problemas inimaginables con los 190 países con los que tiene relaciones. El problema no son los cables en si mismos que, en realidad, más que informar sobre cosas desconocidas, confirman cosas sospechadas, sino el daño diplomático "más a largo plazo".

El costo de este esfuerzo será doble. Uno, doméstico: hay carreras que quedarán tronchadas dentro del Departamento de Estado por las consecuencias de la filtración. El otro es el tiempo: nadie sabe aún cuál será el impacto y la duración del daño que la filtración ha causado con aliados y amigos de Washington.

Los EEUU pierden en prestigio internacional con esto. No sólo por lo que los cables revelan de otros sino, sobre todo, por lo que dan a entender de sí mismos. El cambio que había prometido Barack Obama no parece haber llegado a la diplomacia, donde las prácticas parecen más propias la Guerra Fría. 

En lo doméstico, las filtraciones parecen haber reavivado una oculta puja de celos y de poder entre el Pentágono y el Departamento de Estado. Nadie lo dice abiertamente, pero el reproche tácito va hacia el Departamento de Defensa, única pista cierta del origen de la filtración, atribuida a Bradley Manning, el soldado de 23 años que dijo haber robado documentos desde su computadora oficial.

Los cables diplomáticos filtrados por WikiLeaks sobre América Latina abundan en esa tradicional desconfianza, aunque apenas aportan, hasta ahora, revelaciones políticas de peso, más allá de la desfavorable opinión que guarda la diplomacia estadounidense sobre algunos mandatarios del área. 

Las reacciones de los líderes latinoamericanos al escándalo, han fluctuado entre la indiferencia absoluta a las críticas más o menos encarnizadas a Washington.

Una de las revelaciones más llamativas - la presencia de agentes cubanos en Venezuela moviéndose a sus anchas -, es un secreto a voces. La ayuda comercial de Chávez al régimen cubano no es gratuita. En compensación, la isla mantiene en Venezuela un contingente de unos 40.000 profesionales, entre médicos, maestros y muchísimos espías. La Habana no duda en afirmar que Chávez sigue en el poder, gracias a la experiencia cubana en seguridad y contraespionaje.

A pesar de esa revelación, Chávez elogió a WikiLeaks y exigió la renuncia de Hillary Clinton. Los elogios de Caracas contrastan con las críticas de Colombia y El Salvador, que se solidarizaron con Washington y calificaron de "ilegales" las filtraciones. El presidente  brasileño Luiz Inacio da Silva tildó de "insignificantes" los cables. El paraguayo Fernando Lugo, se lo tomó en serio y pidió explicaciones por el espionaje a líderes políticos paraguayos. Y hay quien optó por el silencio, como la presidenta argentina Cristina Kirchner.

En cualquier caso, las revelaciones reveladas por WikiLeaks no desatarán la ruptura de relaciones con ningún gobierno latinoamericano. 

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