En cárcel La Mesa una monja es un ''ángel''
En la celda en el extremo del pasillo oscuro apenas caben un camastro, un escritorio y una silla plegadiza. Este es el hogar de la hermana Antonia Brenner, una monja estadounidense de 79 años que creció en Beverly Hills, pero abandonó una vida de lujos para vivir en una lúgubre prisión mexicana.
Sus nuevos vecinos no son astros de Hollywood sino asesinos, narcotraficantes y contrabandistas de inmigrantes. Todos la llaman el "ángel de la cárcel''.
Una mujer menuda de apenas 1.57 metros de estatura, pero llena de energía, Brenner realiza sesiones de ayuda y presta innumerables favores a los 7,100 presos de la cárcel de La Mesa, apenas al otro lado de la frontera de la ciudad estadounidense de San Diego, California. Les trae vendas, jabón y medicamentos; lleva mensajes a los familiares fuera de los altos muros de la prisión.
Brenner sabe cuidar a la gente: crió a siete hijos. Atraviesa la prisión, muy sonriente, saludando a presos y guardias. A muchos los besa en la mejilla. Llama a todos "mi hijo''.
A los 50 años, cambió sus vestidos y su casa espaciosa por un hábito de confección casera y una cárcel donde las condiciones han provocado motines; ella ayudó a poner fin a tres.
''Soy eficaz en los motines porque no tengo miedo, rezo y entro'', dijo. "Entra una mujer de velo blanco, alguien que ellos saben que los ama. Entonces se hace silencio, vienen las explicaciones y se deponen las armas''.
Su obra ha sido reconocida en libros, y este mes fue incorporada al Salón de la Fama de los Estadounidenses que Ayudan, con sede en Washington.
La luz en su celda diminuta entra por dos ventanas con vista a una torre de vigilancia y una cerca de alambre de púas. Una sábana blanca sirve de puerta a un pequeño baño con una ducha de agua fría.
Brenner, cuyo nombre original era Mary Clarke, nació en Los Angeles, la segunda de tres hermanos. Su padre se hizo rico vendiendo material de oficina a contratistas de la defensa durante la Segunda Guerra Mundial. La familia vivía en Beverly Hills y tenía una casa de verano de 11 habitaciones, con vista al mar, en Laguna Beach, al sur de Los Angeles. Después se mudó a Ventura County, su último hogar antes de la prisión.
Después de dos matrimonios que culminaron en divorcios, Brenner se dedicó a las obras de caridad, bajo la influencia de un sacerdote de Los Angeles, Anthony Brouwers. Cuando tomó los hábitos en 1977, 13 años después de la muerte de Brouwers, tomo el nombre de Antonia en su honor.
Brenner visitó la cárcel por primera vez en 1965, cuando llevaba medicamentos y otras provisiones a hospitales de Tijuana. Fue a vivir allá 12 años después, y desde entonces su rutina ha variado poco.
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Michel Leidermann
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par Michel Leidermann
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