¿Son mejores las aulas más pequeñas?

  Se venera la idea de que aulas más pequeñas son mejores para el aprendizaje. Sus partidarios son los padres, los políticos y los sindicatos de maestros. 

Sin embargo una aula pequeña, no es garantía ni condición para la excelencia educativa. A medida que los niños crecen, van necesitando menos supervisión y al mismo tiempo se van preparando para la universidad en donde muchas veces un profesor enseña en un anfiteatro con cientos de estudiantes. Es el esfuerzo individual lo que marca el éxito del estudiante y no la tutela individual.

    Las aulas con menos alumnos, son sólo uno de los factores en el éxito académico. En algunas escuelas sus aulas son relativamente grandes, porque el dinero está mejor invertido en tecnología moderna que facilita la enseñanza y el aprendizaje. 

Por ejemplo, a partir del grado adecuado, cada estudiante recibe una computadora portátil y un Kindle con acceso inmediato a una biblioteca prácticamente ilimitada de libros electrónicos. Cada aula tiene un Smart Board, una pizarra moderna que es un ordenador de pantalla táctil con acceso a Internet de alta velocidad. Cada maestro tiene una computadora portátil, una cámara de vídeo, acceso a un catálogo electrónico de planes de materias, y lecciones grabadas en video.

    El equipamiento de un aula con estos elementos electrónicos, cuesta alrededor de $40.000, pero ese costo puede amortizarse a corto plazo con la subvención estatal recibida por alumno por año escolar (unos $6,000 en las escuelas públicas de Arkansas), que pagaría ese gasto con sólo aumentar las clases en un par de estudiantes.

    Si se añade otro par de alumnos más por todas las clases de la escuela, se dispondría de varios miles de dólares adicionales para encontrar y contratar a los mejores directores y maestros de escuelas.

    Así pues una escuela del siglo 19, se puede transformar en una escuela bien administrada del siglo 21, mediante la adición de sólo unos pocos alumnos por aula y con tecnología electrónica de punta.

    La obsesión con el tamaño de las clases está causando que muchas escuelas públicas parezcan reliquias. Gastamos demasiado contratando una gran cantidad de maestros lo que no deja suficiente dólares para ayudar a que estos maestros sean más eficaces.

    Este freno es particularmente desafortunado porque, mientras que las contrataciones se vuelven más caras todos los años, la tecnología y la propiedad intelectual son más baratas y mejores cada año, con mejor software de instrucción, computadoras más poderosas y rápidas, y miles de  buenos libros buenos on line.

    Tome por ejemplo los libros electrónicos. Cualquier padre de familia cuyo hijo se ha vuelto adicto a Harry Potter, sabe que muchos niños son  lectores naturales, incluso adictos. Son más propensos a leer copiosamente si tienen acceso inmediato e ilimitado a los libros, por lo que, por ejemplo, al terminar el primer libro de una serie, se puede iniciar el siguiente inmediatamente en lugar de esperar a la próxima visita a una biblioteca. 

Los lectores electrónicos pueden ser pasados a otros estudiantes y el costo a largo plazo no es mayor que la compra de libros en papel.

    El exceso de gasto para reducir de tamaño de las clases es particularmente inadmisible en tiempos de dificultades fiscales. Tenemos que invertir en formas que ayuden a los profesores a ser más eficaces, al igual que a su desarrollo profesional y tecnológico. La adhesión ciega al culto de clases más pequeñas, no va de acuerdo con los tiempos modernos.

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comentario
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