Es indocumentado periodista ganador del Pulitzer
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José Antonio Vargas

Un reconocido periodista de Estados Unidos, ganador entre otros de un premio Pulitzer, sacudió el miércoles 22 el ya de por sí acalorado debate sobre la reforma migratoria, al revelar públicamente que es un inmigrante indocumentado.

"Mi vida como un indocumentado" es el título del artículo en el que José Antonio Vargas, un periodista de origen filipino que ha colaborado con el diario The New York Times y que ganó un Pulitzer con The Washington Post en 2008, revela su "secreto mejor guardado" durante casi 15 años.

El periodista de 30 años llegó a Estados Unidos en 1993 cuando tenía 12 años, para vivir con sus abuelos, residentes legales.

"Mi madre quería darme una mejor vida. Me envió a miles de millas de distancia para vivir con sus padres en Estados Unidos", relata Vargas 

Cuando a los 16 años descubrió que sus abuelos habían comprado su green card o tarjeta de residencia permanente, decidió que "nunca le daría razones a nadie para que dudaran de que era estadounidense". 

"Me convencí de que si trabajaba duro y conseguía mis objetivos, sería premiado con la ciudadanía. Sentí que podía ganármela", indicó Vargas.

"Estoy harto de correr. Estoy agotado. No quiero ya esa vida", afirma en el artículo 

Vargas explica su larga lucha para esconder su verdadero estatus, que le habría impedido ir a la universidad y cumplir su sueño de ser periodista, y el gran costo personal que esto le ha provocado.

El periodista, que cubrió el tiroteo de 2007 en el Tecnológico de Virginia para The Washington Post, apareció en el programa de ABC News para hablar sobre su estatus migratorio.

Pero, después de una vida exitosa como periodista y de haber entrevistado a "la gente más famosa del país", ¿por qué decidió dar a conocer su secreto? 

De acuerdo con Vargas, ha sido inspiradora la movilización de jóvenes que buscan que se materialice el proyecto de DREAM Act (Ley para el Desarrollo, Asistencia y Educación de Menores Extranjeros) que le otorgaría estatus migratorio a más de un millón de jóvenes indocumentados, muchos de los cuales llegaron a Estados Unidos cuando eran niños.

Por más de una década, Vargas consiguió diferentes trabajos tanto de medio tiempo como de tiempo completo. Sus empleadores, explica, muy raras veces le pedían su tarjeta de seguridad social original, que pudo obtener tras hacer el trámite con un pasaporte falso.

"No era nada fácil continuar con el engaño. Mientras más lo hacía, más impostor me sentía, la culpa se hacía más pesada y más me preocupaba que me descubrieran. Pero, seguí haciéndolo. Tenía que vivir y sobrevivir por mi cuenta. Decidí que esta era la manera".

Cuando The Washington Post le ofreció una oportunidad en su sala de redacción, el periodista no dudó en continuar con su estrategia para sobrevivir, pese a que una nueva barrera legal se le había presentado: le pedían la licencia de conducir. 

Tras encontrar la manera de obtenerla en 2003, Vargas contaba con un documento que le permitía viajar, trabajar y desplazarse sin mayores dificultades.

Después de cuatro meses de trabajar como reportero para The Washington Post, Vargas -relata en su artículo- empezó a sentir una creciente "paranoia", era como si tuviera la frase "inmigrante ilegal" tatuada en la frente. Le preocupaba que sus colegas periodistas pudieran descubrir su secreto.

Pero nadie lo descubrió. De hecho fue él quien decidió confesarle la verdad a su editor y mentor Peter Perl.

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Michel Leidermann
comentario
par Michel Leidermann
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