Serie: Pioneros de la Comunidad Latina en Little Rock
Por Rafael Nuñez
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» Cuando abrí mi primera tienda en la Baseline, personas llegaban y me decían: en cualquier rato te van a robar el dinero. La gente tenia miedo de acudir a la Baseline, porque habia mucho crimen en aquel entonces.

Juan Manuel Gutiérrez y el Mercado San José

En 1997, el Mercado San José fue la primera tienda mexicana en abrir sus puertas en el corazón del barrio mexicano de Little Rock

En abril de 1997, cuando Juan Manuel Gutiérrez, de 53 años, abrió el primer “Mercado San José” en el #5310 Baseline Road (donde actualmente se ubica la lavandería “Justin Laundry Systems”), pocos le prestaron atención a ese acontecimiento, y sin embargo esa fue la primera tienda mexicana que se estableció sobre la calle Baseline, misma que ahora constituye el mero corazón del barrio mexicano en Little Rock.

Y es que en aquel entonces el panorama no era muy alentador . “Los comercios sobre esa calle no eran muchos, y en general estaban un tanto deteriorados”, indicó Gutiérrez. De hecho, todo el tramo de la Baseline entre la Geyer Springs Road y la Scott Hamilton Drive, presentaba un aspecto más bien de abandono y de tristeza, puesto que muchos comercios ya estaban cerrados; muchos tenían ventanas rotas y paredes que se desmoronaban; constantemente deambulaban por la zona prostitutas, malvivientes y drogadictos; y a todas horas ocurrían por allí venta de droga, robos, asaltos a mano armada, etc., etc.

Pero con el paso del tiempo, Gutiérrez, ha sido testigo de una transformación y revitalización extraordinaria de esa vía y, en general, de todo el sector “southwest Little Rock”: los negocios latinos han florecido y se han multiplicado, especialmente en las intersecciones de la Baseline con las calles Geyer Springs, Chicot, Stanton, y Scott Hamilton, así como también las zonas alrededor de la calle 65 y la Colonel Glenn Road.

 

La Llegada a Little Rock

Gutiérrez llegó a Little Rock en mayo de 1993. “Venía de California, donde había vivido por 19 años. Yo soy originario de los Altos de Jalisco, y llegué como indocumentado a California a los 17 años de edad. Mi papá y algunos de mis hermanos ya estaban en California. Trabajé en lo que fuera: construcción, jardinería, restaurantes, tiendas, alfarerías. Gracias a Dios, en ese tiempo había mucho trabajo allá en Los Ángeles. Así pues, de día trabajaba, y de noche estudiaba inglés básico. Luego, en 1986, aproveché la amnistía del presidente Ronald Reagan para legalizar mi estatus migratorio.

Después conseguí un trabajo más estable en una fábrica que manufacturaba tinta para máquinas. Pero en 1990 comenzó una crisis económica y los empleos empezaron a escasear. El costo de la vida aumentaba y noté que mi salario ya no alcanzaba para cubrir los gastos del mes. Luego algunos conocidos me platicaron que en Arkansas el costo de la vida era menor. Ellos se habían venido porque la planta donde trabajaban se trasladó hacia Arkansas. Con el tiempo ellos regresaban periódicamente a Los Ángeles para traerse a sus familiares, y me invitaron a venirme y calar vida acá.

“Finalmente en el ’93, viendo que en Los Ángeles la situación se tornaba cada vez más difícil y no veía un futuro muy halagador para mi familia, decidí venirme, aunque fue una decisión muy dura, ya que significaba aventurarme a terreno totalmente desconocido, y y sin saber qué me podía esperar acá.

Para ese entonces, un hermano ya estaba viviendo en Little Rock. Llegamos como los gitanos, ya que sólo habíamos echado todo lo que pudimos a una vagoneta… ¡Y vámonos! Con la ayuda de un mapa, llegué a donde estaba mi hermano, en un parqueadero de ‘trailers’ sobre la Chicot Road. Entonces mi hijo mayor tenía 12 años, el segundo tenía 10, mi niña tenía 7, y el más pequeño tenía 3. Sólo viví allí con mi hermano unas dos semanas, ya que traía un capital pequeño y compré una casa en las inmediaciones de las calles 26 y Asher. En ese entonces las casas en esa área eran muy baratas, y aparte el norteamericano que me la vendió me la financió él mismo.

“Cuando llegué, me hice miembro de la iglesia católica San Eduardo. Ahí conocí al padre Scott Friend, y fue él quien inicialmente me orientó y me ayudó mucho, explicándome cómo trabajaban las cosas en esta región. Incluso me recomendó con algunos de sus amigos, y así fue como empecé a cortar los céspedes de la iglesia San Eduardo y su escuela contigua. Cuando me pagaron por primera vez, utilicé parte del dinero para comprar más herramienta, e hice tarjetas de negocio de ‘landscaping’ (jardinería) para conseguir más clientes. Luego, la directora de la escuela me ofreció el trabajo del mantenimiento entero del establecimiento. Duré aproximadamente 3 años trabajando en esa capacidad, y al mismo tiempo continuaba con mi negocio de jardinería. Empecé a ahorrar dinero y, finalmente, junto con un préstamo que pedí al banco, logré abrir mi propia tienda de abarrotes sobre la calle Baseline. Desde un principio (abril del ’97) la tienda se llamó ‘Mercado San José’. Recuerdo que, debido a esa inversión, tuve que empezar desde cero otra vez para juntar capital. En ese local sólo estuvimos alrededor de un año y medio, ya que para mi negocio de abarrotes y panadería no había suficiente espacio. La panadería empezó a funcionar muy rápidamente, ya que por suerte conseguí a un excelente panadero, Benjamín Gutiérrez, muy responsable y profesional. Y aunque para el verano del ’98 ya el negocio no perdía dinero, estábamos conscientes que nos tendríamos que mudar y entre más pronto, mejor. Entonces, en septiembre del ’98, encontré un local más amplio en el #7411 Geyer Springs, y desde entonces estamos aquí.

“Lo primero que aprendí fue que tenía que conseguir todos los productos que me pedían. Al principio viajaba a Dallas, cada semana o cuando mucho cada 15 días, para abastecerme de los productos típicos que necesitaba, ya que en aquel entonces nadie quería traerlos hasta Little Rock. Después, empecé a conseguir proveedores, y únicamente tenía que ir a Dallas cada uno o dos meses. En cambio, hoy en día ya se consigue todo aquí mismo, o me lo traen hasta aquí.

“El local que se encuentra hacia el fondo del terreno, lo compré en el 2005, con la intención de poner una tienda de ropa vaquera y todos sus accesorios. Fue así como abrimos ‘El Vaquero’.

 

Un Poco de Reflexión

“Bueno, el llegar aquí fue dificil. Es como todo: siempre el comienzo es muy difícil. Cuando llegamos, no conocíamos nada sobre cómo funcionaban las cosas localmente. Pero como veníamos de un lugar y una situación difícil, no me pareció tan mal la cosa. Después de todo, casi inmediatamente conseguí trabajo, además tenía mi salud, y podía sostener a mi familia.

“Lo que sí recuerdo muy bien es que, como a la semana de llegar, empecé a desesperarme y sentía como que quería correr. Cuando empecé a buscar una casa de renta y acudía a llenar la solicitud, de inmediato me preguntaban dónde trabajaba. Como aún no tenía empleo, no me querían rentar , aún trayendo para pagarles la renta. Incluso fui a una agencia donde rentaban casas, y les dije que aunque aún no estaba trabajando, traía dinero para pagarles seis meses de renta por adelantado. ¡Ni así quisieron!

Eso me desanimó muchísimo, y hasta estaba listo para irme a México por un tiempo, o a irme a Virginia, a donde tenía algunos conocidos, pero lo que me detuvo fue que no quería traer a mi familia de un lado para otro. Así pues, decidí que lo mejor era quedarme y ver qué pasaba. A la siguiente semana, encontré una casa por la Asher y la 26, y la compré. Recuerdo que únicamente me pidieron $3 mil de enganche, y lo demás en pagos mensuales. Era una casa vieja, casi en ruinas, y por varios meses, por las tardes y las noches, me dediqué a tumbar árboles, a recomponer las bardas y a remodelar todo el interior. Pero por lo menos ya tenía donde vivir con mi familia, y aunque me costó mucho trabajo, esfuerzo y sudor componer esa casa y dejarla en condiciones adecuadas, lo logré. Y eso es algo que todavía recuerdo con una sonrisa de satisfacción en los labios, y es una de mis remembranzas que más valoro.

“Por otro lado, cuando llegamos aquí no había muchos latinos. Recuerdo llevar a mis hijos a un supermercado y cómo los morenos y los anglosajones veían hablar a mis hijos en español y se quedaban asombrados, y luego se reían, y se decían entre ellos, en inglés, ‘Mira, mira como hablan esos…’ Durante mis primeros años, calculo que cuando mucho había 100 o 150 latinos en todo el sector de southwest Little Rock. A una de las primeras personas que conocí fue a Samuel Loya, que era pastor de una iglesia cristiana. A Juan Suárez, que trabajaba en el restaurante de comida tex-mex ‘El Chico’. Y, por supuesto, al padre Friend, quien en aquellos primeros años casaba a muchas parejas latinas, y ayudaba de manera totalmente desinteresada a muchísimas más personas”.

Después de abrir el Mercado San José en la Baseline, muchos conocidos solían decirme que ‘en cualquier rato’ me iban a matar, y que me iban a asaltar para robarme. Luego de unos cuantos días, los latinos que vivían en los alrededores empezaron a perder el miedo y a acudir. Compraban un refresco y platicaban conmigo. Yo tenía todo el tiempo del mundo para platicar con ellos, ya que casi no había ventas. Pero al menos ya empezaban a acudir a la tienda. Incluso cuando hacíamos pan, muchas de las piezas había que tirarlas. Pero poco a poco se fue componiendo la cosa.

Gracias a Lucho Reyes, locutor en la radio comunitaria KABF (88.3 FM), el nombre y la dirección de mi tienda se empezó a dar a conocer, y comenzaron a acudir los trabajadores latinos de las granjas agrícolas y de pollo desde las áreas rurales de esta región.

“Luego, a finales de los ’90s empieza una gran oleada de inmigrantes latinos desde California, Texas y otros Estados del suroeste, así como también de diversas partes de México y de Centro América. Para el año 2000 ya había crecido bastante la comunidad latina en Little Rock y se notaba fácilmente en diversos sectores de la ciudad. Es entonces también que se empieza a distinguir un renacimiento comercial en todo el sector southwest, y especialmente en torno a las calles Baseline y Geyer Springs. Y es obvio que este florecimiento comercial se ha dado en gran medida por la llegada de latinos”.

 

El Futuro de la Comunidad Latina

en Little Rock

Para Gutiérrez, una cosa de gran importancia para el progreso de la comunidad latina en Little Rock es el hecho de que “como comunidad, debemos unirnos más, y también hacer un esfuerzo por estar mejor informados. Si yo, por ejemplo, sé algo, debo compartirlo con mi comunidad. Esa es la clave para que salgamos adelante como comunidad”.

Por eso Gutiérrez considera que la creación de una organización comunitaria no-lucrativa es algo muy importante. “Pero debe ser una organización administrada por gente que pertenece, vive y trabaja en esta comunidad. Y debe ser un lugar donde no existan envidias. O sea, una organización que realmente trabaje para beneficiar a la comunidad, y no para lucro propio. Estoy consciente que es algo difícil de lograr, pero todo lo que vale la pena es, de alguna manera, difícil. Pero comenzar algo es siempre lo más difícil, y una vez funcionando, se va haciendo menos difícil. Aquí en nuestra comunidad hay personas con los suficientes conocimientos para hacer todo esto y que con su entusiasmo y talento pueden contribuir a alcanzar el éxito. Pero lo primero que tenemos que vencer como comunidad, es nuestra apatía. Tenemos que encontrar las maneras de incluir en este sentimiento comunitario a la mayoría de las personas latinas que viven en nuestro derredor”.

“Por otro lado, creo que estar mejor informados es algo esencial y cada día se torna en algo más importante, especialmente en estos tiempos difíciles –y los que están por llegar– en los cuales existe tanto odio y resentimiento infundado contra los indocumentados. Y no sólo es importante que los indocumentados estén mejor informados, sino todos los latinos, incluso aquellos con residencia permanente o ciudadanía, ya que esta ola de odio y discriminación viene contra todos los latinos, sin tener en cuenta su estatus migratorio individual”.

“Otro proyecto muy bueno sería crear una asociación de comerciantes latinos que pudiera entablar comunicación de manera organizada con las autoridades locales para abogar por, o proponer, proyectos de infraestructura, o de otro tipo, que beneficien a nuestra comunidad.

“¿Por qué no hacerlo? Otras comunidades latinas, en muchos otros Estados y regiones ya cuentan con estos tipos de organizaciones, y ahora ya es tiempo de que nosotros aquí en Little Rock también lo hagamos”.

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Michel Leidermann
comentario
par Michel Leidermann
El Partido Republicano (GOP) está en problemas más profundos de lo que sugiere la pérdida de un escaño en el Senado en la elección en Alabama. La fuente de ese problema se remonta al 19 de julio de 2016, cuando el GOP aceptó a Donald Trump como candidato a presidente.   / ver más /