La frontera con Canadá está menos vigilada
Han pasado casi cuatro años desde los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 y se han invertido miles de millones de dólares para intensificar las medidas de seguridad en la frontera entre Canadá y Estados Unidos. Aún así, las autoridades y los vecinos del área siguen nerviosos.
La frontera entre Canadá y Estados Unidos se ha caracterizado tradicionalmente por su gran apertura y libertad de movimiento. La necesidad de cambiar eso dada la realidad actual aún no ha sido digerida del todo por las autoridades de ambos bandos, y algunos opinan que la ambivalencia podría resultar peligrosa.
Dos congresistas estadounidenses —Edward Markey y Stephen Lynch— enviaron recientemente una carta al secretario del Departamento de Seguridad Interna, Michael Chertoff, increpándole sobre el caso de Despres y pidiéndole una revisión profunda de las normas vigentes en la frontera. Dijo Markey: “El hecho de que dejaron pasar a este individuo desquiciado suscita graves interrogantes sobre los procedimientos que se están aplicando”.
“A pesar de que los ataques del 11 de septiembre de 2001 debieron haber servido de voz de alerta, ha habido una preocupante falta de progreso a ambos lados de la frontera para mejorar la eficacia y fortalecer la seguridad en los cruces”, dice un informe divulgado por el comité que dirige Colin Kenny, presidente del Comité de Defensa y Seguridad Nacional del Senado canadiense. “Todo esto me pone muy nervioso”, confiesa Kenny.
En junio, Chertoff y sus homólogos de Canadá y México sostuvieron un encuentro en que se comprometieron a mejorar la cooperación en temas de seguridad fronteriza, como por ejemplo combinar sus listas de sospechosos de terrorismo.
Sin embargo, intensificar las medidas de seguridad en una frontera no es nada fácil. A comienzos de año, el gobierno estadounidense propuso, y luego pospuso, un plan de requerir la presentación de pasaportes para todos los que entren a Estados Unidos desde México, Bermuda, el Caribe, Panamá y Canadá. El presidente George W. Bush declaró que la propuesta “entorpecería el tráfico legítimo”, aunque admitió: “Tenemos mucho por hacer para mejorar la seguridad en la frontera”.
A decir verdad, se han tomado ya varias medidas. En el sector fronterizo de Blaine, estado de Washington, se instalaron 32 cámaras de vigilancia y se contrataron a 133 agentes, dos veces y medio la cantidad de lo que había antes de los ataques de 2001. Aun así, Eugene Davis, quien era subdirector de la Patrulla Fronteriza en este sector, se queja: “Seguimos estando abiertos de par en par”.
En el puente Ambassador, los vehículos no son inspeccionados antes de cruzar sino sólo cuando llegan al otro lado. Skip McMahon, portavoz de la empresa propietaria del puente, Detroit International Bridge Co., dice que hay guardias armados en la estructura las 24 horas del día, todos los días. Aun así, recomienda que los ciudadanos que estén preocupados por la situación presionen a sus gobiernos para que los vehículos sospechosos sean inspeccionados antes.
Las políticas migratorias permisivas de Canadá desde hace tiempo han causado consternación en Estados Unidos, donde muchos temen que alguien que ha llegado con estatus de refugiado sea realmente un terrorista aguardando el momento oportuno para cruzar. Esa amenaza existe, dice David Harris, ex director de planificación estratégica del Servicio Canadiense de Inteligencia y Seguridad, el equivalente canadiense a la CIA.
Harris asevera que más de 50 organizaciones terroristas tienen presencia en Canadá.
“Canadá esencialmente dice, “Si usted pisa territorio canadiense y se declara refugiado, entonces lo consideraremos refugiado”, dice Harris. “Eso quiere decir que somos sumamente vulnerables a la penetración de extranjeros”.
Canadá sigue admitiendo la entrada de 250 mil inmigrantes y refugiados anualmente. Un informe del gobierno canadiense destaca que las solicitudes de estatus de refugiado pueden demorar dos años, lo que permite a cualquier solicitante desaparecer entre la población.
Unos mil agentes de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos vigilan el lado estadounidense de la frontera, aproximadamente el triple de lo que había en 2001 pero muy poco comparado con los 9,600 que están apostados en el límite con México.
El lado canadiense es vigilado por 23 equipos, cuyos integrantes vienen de la Agencia de Servicios Fronterizos de Canadá, que tiene 4,500 efectivos, la Policía Montada y las policías locales. Aun así, la mayoría de los 160 cruces canadienses terrestres y marítimos cuentan con sólo un guardia desarmado —y hay extensas superficies totalmente descuidadas.
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