El Santo Padre dijo que Cuba necesita nuevos modelos para avanzar y que la Iglesia tendrá un papel “imprescindible” en su futuro
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Durante el viaje de tres días del Papa Benedicto XVI a Cuba, visitó el martes 27 el Santuario de la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba, a la que pidió por los presos, por las familias cubanas separadas y por Haití, “que aún sufre las consecuencias” del terremoto de 2010.

“He suplicado a la Virgen Santísima por las necesidades de los que sufren, de los que están privados de libertad, separados de sus seres queridos o pasan por graves momentos de dificultad”, dijo el papa en un saludo a peregrinos y habitantes del poblado del Cobre donde se ubica el templo, a unos 20 kilómetros de la ciudad oriental de Santiago.

El pontífice, que pronunció estas palabras tras unos momentos de oración en el interior del templo, también pidió a la virgen “mambisa” que Cuba avance “por caminos de renovación y esperanza”,

En sus oraciones, Benedicto XVI tuvo presentes a los jóvenes cubanos para que sean amigos de Cristo “y no sucumban a propuestas que dejan la tristeza tras de sí”. También oró por los afrocubanos.

El papa concluyó su saludo con el deseo de que “nada ni nadie les quite la alegría interior, tan característica del alma cubana”.

Benedicto XVI recordó que está en Cuba como “peregrino de la Caridad”: su visita se produce en el Año Jubilar por los 400 años del hallazgo de la imagen mariana que fue encontrada en 1612 por tres buscadores de sal flotando en aguas de la Bahía de Nipe sobre una tabla que decía: “Yo soy la Virgen de la Caridad”.

La Virgen de la Caridad o “Cachita”, como se la llama popularmente en Cuba, es todo un símbolo de identidad y fe para los cubanos de dentro y fuera del país y su significación trasciende del marco católico a la cultura e historia de la isla.

De rostro mestizo y con manto dorado, la Caridad es una imagen de 36 centímetros que se conserva sobre una base de plata y dentro de una vitrina refrigerada y a prueba de balas en lo alto del altar del santuario.

Benedicto XVI de 84 años, se entrevistó con el presidente Raúl Castro buscando cimentar la influencia de la Iglesia Católica en el país caribeño, donde el Gobierno impulsa una serie de reformas que buscan modernizar la economía sin renunciar al ideario socialista.

El Sumo Pontífice cerró el miércoles 28 su visita a Cuba con una multitudinaria misa en la mítica Plaza de la Revolución de La Habana y una reunión con Fidel Castro, quien anunció que saludaría “gustosamente” al enviado de Roma como hizo hace 14 años con su predecesor, el fallecido Juan Pablo II, en un encuentro que supuso el fin a las hostilidades entre la Iglesia Católica y las autoridades comunistas.

Las transformaciones han permitido a los cubanos por primera vez desde el triunfo de la revolución en 1959 comprar y vender libremente casas y autos, adquirir tierras para el cultivo y ampliar el emprendimiento privado en áreas antes reservadas al Estado, como el turismo y la hostelería.

El Papa suavizó su discurso a su llegada a Cuba el lunes, con referencias más o menos veladas a los presos políticos, la necesidad de profundizar cambios políticos y renovar la sociedad, pero lejos de sus frontales comentarios sobre el fracaso del comunismo antes de su llegada.

Sin embargo, el Santo Padre mantuvo su visión de que el país necesita nuevos modelos para avanzar y que la Iglesia tendrá un papel “imprescindible” en el futuro de la isla

Al destacar en su discurso de despedida en el aeropuerto de La Habana la necesidad de “cimentar una sociedad de amplios horizontes, renovada y reconciliada”, el papa declaró: “Que nadie se vea impedido de sumarse a esta apasionante tarea por la limitación de sus libertades fundamentales”.

A su llamado a respetar las libertades siguió una condena al embargo impuesto por Estados Unidos a Cuba hace medio siglo.

La situación en Cuba “se ve agravada cuando medidas económicas restrictivas impuestas desde fuera del país pesan negativamente sobre la población”, dijo el Papa en presencia del presidente cubano Raúl Castro antes de abordar el avión para regresar a Roma.

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Michel Leidermann
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par Michel Leidermann
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