Puerto Rico quiere ser el Estado número 51 al aprobar su anexión a los Estados Unidos
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Puerto Rico votó por primera vez en su historia, a favor de la anexión a Estados Unidos y contra la actual relación colonial, según la Comisión Estatal de Elecciones (CEE) de la isla.

Un 53.9% de los electores puertorriqueños dijeron “NO” estar de acuerdo con la “condición política territorial actual” de la isla como Estado Libre Asociado (ELA) a Estados Unidos, frente a un 46% que dijo que “SÍ”.

En las tres consultas anteriores sobre su estatus de relación con los EEUU, realizadas en 1967, 1993 y 1998, los puertorriqueños habían rechazado incorporarse como estado número 51 de Estados Unidos, prefiriendo mantener el Estado Libre Asociado, establecido en 1952.

Los líderes anexionistas puertorriqueños consideran que es una obligación del Congreso de EEUU y del presidente Barack Obama tomar en cuenta los resultados del plebiscito, pero de acuerdo con el Artículo IV de la Constitución de Estados Unidos, es el Congreso en Washington el que decide qué territorios se incorporan a la Unión Americana.

Los puertorriqueños, pese a ser ciudadanos estadounidenses desde 1917, bajo el actual estatus de ELA, no tienen derecho a votar en las elecciones presidenciales de Estados Unidos mientras residan en la isla, ni tienen derecho a representación en el Congreso, el que sin embrago aprueba leyes que los afectan.

Por su parte el gobernador Luis Fortuño, del Partido Nuevo Progresista (pro estadidad) y miembro del Partido Republicano en EEUU, perdió el puesto frente al líder de la oposición y presidente del Partido Popular Democrático (PPD), Alejandro García Padilla, partidario de mantener el estatus actual.

El presidente Obama no se ha pronunciado sobre el tema pero ha dicho anteriormente que respetará la voluntad del pueblo puertorriqueño, sin dar más detalles.

El nuevo gobierno boricua asumirá sus funciones el próximo 2 de enero y hasta entonces no se prevé que se den grandes pasos en Washington.

 

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Por Michel Leidermann
Al encontrarnos en tierra desconocida, cierto sentimiento de orfandad se profundiza haciéndonos tal vez más irascibles y rebeldes ante el nuevo país que escogimos como destino. De ahí que, con relativa frecuencia, establezcamos interminables comparaciones en las que, por supuesto, nuestro propio país tiene todas las de ganar… Nuestros modos entonces, de pronto, se convierten en los mejores, apareciendo con ello las ganas de imponerlos, de, por ejemplo, acostumbrar a nuestros vecinos a nuestras costumbres, olvidando que al cambiar de territorio o de continente dos verbos debemos conjugar, aun en la aparente contradicción que ambos términos –puestos uno al lado del otro-  pueden prefigurar: aprender y desaprender.   / ver más /
Michel Leidermann
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par Michel Leidermann
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