Inmigración:no tan rápido

En los días transcurridos desde la reelección del presidente Barack Obama, es hasta divertido ver que los republicanos, desesperados por detener su caída libre con los votantes latinos, quieren llegar a un acuerdo sobre una reforma migratoria integral. Pero sin importar este cambio de actutud política, componer el desbaratado sistema de inmigración, lo que resultó ser demasiado difícil para el Congreso en la última década, sigue siendo un tema difícil de negociación. Y la parte más difícil de resolver, será la situación de los inmigrantes indocumentados.

Mitt Romney tuvo que aprender que 11 millones de residentes indocumentados no se “auto-deportarían”, ni deberían hacerlo. Dos tercios de ellos están en la fuerza laboral, y muchos de ellos han estado en este país durante una década o más, y algunos tienen hijos, nacidos aquí que son ciudadanos estadounidenses. Ellos son un pilar de la economía estadounidense. La solución justa y razonable es que se abra un camino a su legalización.

Sin embargo, habrá que sortear conceptos para llegar a un acuerdo, sobre todo dada la gran hostilidad republicana hacia una “amnistía”. Un compromiso podría tomar muchas formas, tal como conferir estatus legal a los inmigrantes indocumentados y alejar la amenaza de deportación para aquellos que no tienen antecedentes penales, y aplazando la cuestión de la ciudadanía por un número finito de años. Eso no sería ideal, porque podría ser interpretado como creando una ciudadanía de segunda clase, pero pondría un alto a leyes estatales que hostigan a los residentes indocumentados y les permitiría llevar una vida abierta y segura.

Otros componentes de un acuerdo migratorio serán sólo marginalmente más fáciles, pero sin una reforma total que incluya las “partes pequeñas”, los dos partidos no podrán resolver la cuestión central de los 11 millones de indocumentados. Los demócratas deben estar preparados para aceptar medidas de seguridad, especialmente de un sistema en que los empleadores verifiquen que los solicitantes de empleo están en el país legalmente.

La inmigración legal también tendrá que ser cambiada. Entre las prioridades urgentes es atraer trabajadores cualificados y especialmente a estudiantes con títulos avanzados en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas de universidades estadounidenses.

Al mismo tiempo, las empresas deben tener acceso apropiado a suficientes trabajadores temporales y agrícolas, y los familiares de los ciudadanos estadounidenses que deseen inmigrar no deben desalentarse esperando durante años. Ambos partidos tendrán que ceder en los mecanismos por los que se establecen cupos anuales de visas. Actualmente la migración legal de hijos mayores de edad de ciudadanos estadounidenses, puede demorar hasta 19 años.

En el pasado, gran parte de las discusiones en torno a la solución del problema de la inmigración, ha sido sobre quien se quedaría con la culpa o el crédito de la reforma.

Incluso ahora, algunos republicanos temen que un acuerdo migratorio simplemente consolidaría la ventaja demócrata entre los latinos y, posiblemente crearía millones de nuevos votantes latinos.

Algunos demócratas preferirían no hacer nada (lo que les ha ayudado hasta ahora), que hacer concesiones difíciles.

Tanto el líder de la mayoría demócrata del Senado, Harry Reid, como el presidente de la Cámara de Representantes, el republicano John Boehner, aludieron en días pasados a la importancia de aprobar una reforma migratoria, aunque no entraron en detalles.

Ambos partidos harían bien en darse cuenta de que no hacer nada conlleva sus propios riesgos. Todas las encuestas indican que la gran mayoría de los estadounidenses quieren que se arregle el sistema de inmigración.

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