¿Un sólo partido en el futuro de los EEUU?
Por Michel Leidermann

Si las cosas no cambian y los republicanos no desentierran la cabeza de su conservadurismo extremista, tendremos un solo partido plausible en las futuras elecciones presidenciales.

Mientras sigan las posturas republicanas anti-gay, anti-inmigrante, anti-aborto y anti-marihuana, ningún republicano llegará a la Casa Blanca.

Esto es un problema, porque necesitamos un partido Republicano fuerte, que retorne al conservadurismo clásico de un gobierno frugal con el dinero, no involucrado en la vida personal, y razonable sobre inmigración y que trabaje para mantener bajo control lo peor del liberalismo demócrata (el estado “niñera” y los programas fiscales sociales excedidos).

Un gran partido político con una larga historia, puede sobrevivir a la derrota, incluso aprender de ella y crecer más fuerte. Pero un partido que no aprende de sus errores, que parece incapaz de adaptarse y progresar, no puede seguir siendo grande.

El tema principal de la fórmula republicana, la responsabilidad fiscal y el crecimiento económico, no ofreció ninguna alternativa a los millones de inmigrantes indocumentados y sus familias, que están viviendo y trabajando en los EEUU, pero que tienen que seguir en las sombras.

Durante años, el país ha estado hablando sobre el problema de la inmigración en lugar de hacer un intento honesto para resolverlo reformando el descalabrado sistema de una manera legal y justa.

Los notables esfuerzos realizados en ese sentido por los senadores John McCain y Ted Kennedy con la bendición de George W. Bush, ??fracasaron por la oposición partidista.

Las propuestas de buena fe sucumben a prejuicios estrechos y a pasiones nacionalistas que ignoran completamente una cuestión urgente nacional, con el resultado de que el Partido Republicano es identificado ahora como el partido anti-inmigrante.

Eso es raro, porque la comunidad latina debiera ser territorio republicano, teniendo en cuenta sus valores que son sinónimo de los de cualquier grupo de esforzados inmigrantes y sus descendientes, incluyendo una fuerte ética de trabajo y un profundo apego a su fe. En el caso de los inmigrantes latinos legales o no, significa una fidelidad a su iglesia y sus enseñanzas pro-vida y la confianza en una vida mejor. No tienen miedo de trabajar duro ni renunciar al Sueño Americano.

Sólo se tiene que pasar por cualquier construcción, donde están colocando ladrillos, levantando paredes, despejando escombros, reparando techos, cortando pasto o plantando, y se escuchará hablar en español y música norteña por la radio.

Sólo hace falta echar un vistazo a la demografía de las elecciones presidenciales de este año para darse cuenta de la miope política del Partido Republicano en lo que respecta a la inmigración.

¡Y lo costoso que les resultó!

No hace mucho tiempo, Karl Rove, el arquitecto de las dos presidencias de George W. Bush, vino a Arkansas para hablar sobre el futuro de su partido. Al hablar en la Universidad de Harding, advirtió que “si vamos a hacer con los latinos lo que hicimos con los afroamericanos, los republicanos y los conservadores estarán condenados”. No podía haberlo dicho más claro.

Las olas de cambio en la inmigración estadounidense continúan. Y los hijos y nietos de estos últimos recién llegados, no son propensos a olvidar cómo fueron tratados sus mamás y papás, si fueron bienvenidos o rechazados. Si el Grand Old Party (Republicano) no puede aprender esa sencilla lección de la política y la historia estadounidenses, no les quedará vida por mucho tiempo.

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