SANTO CLOS Y SU ESPOSA ESTUVIERON EN LITTLE ROCK
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Por Rafael Núñez

El mundialmente queridísimo San Nicolás, Santo Clos ídolo de todos los niños, que esperan con ansias su arribo cada año para así poder recibir sus regalos de Navidad (sólo si es que se han portado bien, por supuesto), estuvo, junto con su esposa, la señora de Clos, en la Terminal de los Tranvías de North Little Rock, ubicada sobre la calle Main de dicha ciudad, el pasado sábado 8 de diciembre.

Santo Clos y su esposa comenzaron el día sábado por la mañana saludando a la gente en la Pista de Patinaje sobre Hielo del River Market. Luego abordaron un tranvía para desplazarse hasta la Terminal de Tranvías de North Little Rock, donde raudos y veloces Santo Clos y la señora de Clos estuvieron a la orden para cualquier familia que deseara una foto con ellos hasta las 3 p.m. Fueron muchísimas las familias, tanto de Little Rock como de North Little Rock y puntos circunvecinos, que trajeron a sus pequeños para tomarse una foto con los Clos, y para que los propios niños hicieran sus peticiones a Santo Clos sobre los juguetes que quieren que Clos les obsequie esta próxima Navidad.

Y el siguiente mensaje va para todos aquellos niños que no alcanzaron a ir a la ya mencionada terminal de tranvías a pedirle sus juguetes a Santo Clos: ¡No se preocupen ni se amilanen! ­–o sea, no se agüiten, pues– puesto que Santo Clos estará durante las próximas dos semanas, hasta el día 24 de diciembre, apostado en distintos centros comerciales (malls) de la región para que ustedes puedan pedirle en persona que les traiga todos y cada uno de los juguetes que más desean para esta Navidad.

Así que,… ¡échenle ganas y pórtense bien, escuincles! Porque si no, ¡entonces Santo Clos no va a traerles nada ¿eh?! … ¡Y he dicho!

 

Edición de esta semana
JOVEN CHIHUAHUENSE LUCHA CONTRA SU CANCER EN LITTLE ROCK
Por Michel Leidermann
Al encontrarnos en tierra desconocida, cierto sentimiento de orfandad se profundiza haciéndonos tal vez más irascibles y rebeldes ante el nuevo país que escogimos como destino. De ahí que, con relativa frecuencia, establezcamos interminables comparaciones en las que, por supuesto, nuestro propio país tiene todas las de ganar… Nuestros modos entonces, de pronto, se convierten en los mejores, apareciendo con ello las ganas de imponerlos, de, por ejemplo, acostumbrar a nuestros vecinos a nuestras costumbres, olvidando que al cambiar de territorio o de continente dos verbos debemos conjugar, aun en la aparente contradicción que ambos términos –puestos uno al lado del otro-  pueden prefigurar: aprender y desaprender.   / ver más /
Michel Leidermann
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par Michel Leidermann
Al encontrarnos en tierra desconocida, cierto sentimiento de orfandad se profundiza haciéndonos tal vez más irascibles y rebeldes ante el nuevo país que escogimos como destino. De ahí que, con relativa frecuencia, establezcamos interminables comparaciones en las que, por supuesto, nuestro propio país tiene todas las de ganar… Nuestros modos entonces, de pronto, se convierten en los mejores, apareciendo con ello las ganas de imponerlos, de, por ejemplo, acostumbrar a nuestros vecinos a nuestras costumbres, olvidando que al cambiar de territorio o de continente dos verbos debemos conjugar, aun en la aparente contradicción que ambos términos –puestos uno al lado del otro-  pueden prefigurar: aprender y desaprender.   / ver más /